Documento creado: 1ero de febrero de 2009
Air & Space Power Journal - Español  Cuarto  Trimestre 2009


Defensa de los Activos Espaciales Estadounidenses

Una Perspectiva Legal

Capitán (USAF) Adam E. Frey

Activos Espaciales

Estados Unidos depende del espacio más que cualquier otra nación. Sin embargo la amenaza a Estados Unidos o sus aliados en y desde el espacio no recibe la atención que merece.1 Ésta fue la conclusión de una comisión del espacio encabezada por el ex Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, que advertía de un posible incidente “Pearl Harbor espacial” que podría explotar las vulnerabilidades de los activos espaciales estadounidenses. El General Lance Lord, ex comandante del Comando Espacial de la Fuerza Aérea, advirtió de forma similar que una pérdida de activos espaciales “no sólo paralizaría nuestras fuerzas de tierra, mar y aire sino que . . . tendría consecuencias catastróficas para la totalidad de nuestra economía”.2 Por ejemplo, la pérdida accidental de un solo satélite en 1998 interrumpió las emisiones de buscapersonas, radio y televisión a nivel mundial.3 No hace falta mucha imaginación para considerar el caos resultante si se destruyeran simultáneamente varios satélites.

La posibilidad de un Pearl Harbor espacial es muy real. El 11 de enero de 2007, exactamente seis años después del informe Rumsfeld, la República Popular China dirigió un misil contra uno de sus antiguos satélites del tiempo, llevando este peligro hipotético un paso más cerca de la realidad.4

La prueba china reavivó el debate sobre sí y cómo se debería preparar Estados Unidos para la guerra espacial. Debido a su fuerte dependencia comercial y militar en la tecnología satelital, hay buenas razones para que Estados Unidos tome nota de esta prueba. La Fuerza Aérea, uno de los mayores contribuyentes a las operaciones satelitales, tiene especial interés en aprender cómo logró China esta proeza, y, más importante aún, cómo puede defender Estados Unidos sus satélites de ataques similares.

Al desarrollar estrategias de defensa de satélites, se debe considerar un factor especialmente importante: la ley. Este artículo examina el efecto de los tratados y principios legales pertinentes sobre la guerra espacial. Primero, esboza la ley espacial internacional pertinente, centrándose en los tratados y convenciones de las Naciones Unidas (NU) y los principios de la Ley del Conflicto Armado (LDCA), y después analiza la legalidad de la prueba china bajo estas estructuras legales. Finalmente, trata las opciones de que dispone Estados Unidos, explicando por qué la mejor opción práctica y legal es diseñar mejores satélites y restringir la extensión de la guerra al espacio exterior.

Visión general de la ley espacial

Cualquier análisis legal de las actividades espaciales debe comenzar con el Tratado del Espacio Exterior de las Naciones Unidas de 1967, que establece los principios y las prohibiciones legales básicos pertinentes al espacio.5 Sus dos primeros artículos establecen un marco declarando que las naciones tienen “libertad de investigación científica en el espacio exterior”, y que el espacio y los objetos celestiales (como la luna) no se pueden poseer.6 El concepto amplio es que todas las naciones compartirán el espacio.

Los artículos 3 y 4 del tratado restringen significativamente la actividad militar en el espacio. Según el Artículo 3, los estados deben conducir sus actividades espaciales “en el interés de mantener la paz y la seguridad internacional”. El Artículo 4 prohíbe colocar “armas nucleares o cualquier otra clase de armas de destrucción masiva” en órbita o fijarlas permanentemente a un cuerpo celestial. Además, la luna y otros cuerpos celestiales sólo se podrán usar para “fines pacíficos”; no se pueden equipar con bases militares ni utilizarse para pruebas de armas. Sin embargo, los cuerpos celestiales se podrán usar para “investigación científica” o “exploración pacífica”.7

Hay dos puntos importantes aquí. Primero, el tratado impone explícitamente la restricción de “fines pacíficos” sólo en la luna y otros cuerpos. Tal como está redactado, el Artículo 4 sugiere que los estados pueden realizar actividad no pacífica en el espacio exterior siempre y cuando no ocurra en un cuerpo celestial. En efecto, es así como Estados Unidos interpreta oficialmente este artículo.8 Sin embargo, como asunto de política, Estados Unidos conduce sus actividades espaciales con fines pacíficos.9

Segundo, la frase “fines pacíficos” es problemática ya que no está definida. Algunos sostienen que la cláusula de “fines pacíficos” se aplica por extensión al espacio exterior, implicando que cualquier uso militar del espacio viola el tratado.10 Sin embargo, la interpretación general de la cláusula es que los estados no pueden usar el espacio exterior para una guerra declarada, particularmente la guerra nuclear.11 En general se considera pacífico el uso militar del espacio en apoyo de operaciones—tales como comunicaciones, recopilación de inteligencia y blancos de precisión—si no viola otras leyes internacionales.12 En otras palabras, las operaciones espaciales son pacíficas, siempre y cuando no sean “agresivas”.13 Aún así es posible utilizar el espacio como medio de guerra: el tratado no prohíbe armas antisatélite (ASAT) e incluso armas nucleares que simplemente transiten por el espacio.14 Se podrían colocar otras armas en el espacio siempre y cuando no sean nucleares ni armas de destrucción masiva.15 Además, también son permisibles los actos de defensa propia en el espacio, siempre y cuando no violen otras restricciones de tratado.16

El Tratado del Espacio Exterior también ofrece la respuesta apropiada si un estado interfiere con las actividades espaciales de otro. Los artículos 6 y 7 consideran que los estados son responsables del daño causado por sus actividades y lanzamientos espaciales, independientemente de si tal actividad la llevan a cabo “agencias gubernamentales o entidades no gubernamentales” dentro del estado.17 El Artículo 9 exige a los estados evitar la “contaminación dañina” del espacio exterior y los cuerpos celestiales. Si un estado cree que sus actividades pueden causar tal daño, antes de proceder debe realizar las “consultas internacionales apropiadas”. Inversamente, si un estado cree que podría ser dañado por las acciones de otro estado, “puede solicitar consultas concernientes a la actividad o el experimento”.18 El Artículo 10 permite además que los estados soliciten permiso para observar los lanzamientos del otro, y el Artículo 12 exige que toda instalación o equipo espacial sea accesible para observación.19 Sin embargo, el tratado no proporciona derecho de apelación si dos estados no pueden resolver estos problemas entre ellos.

A estas secciones del tratado se les critica de deficiencias tales como términos vagos y falta de mecanismos de aplicación.20 Sin embargo, la Convención de Responsabilidad de las Naciones Unidas aborda algunos de estos problemas ampliando cuándo, cómo y en qué medida se considera responsable a una nación cuando sus actividades espaciales lesionan los intereses de otra.21

El primer artículo de la convención establece que los estados pueden ser considerados responsables por la pérdida de vidas, lesiones personales o daños materiales causados por sus operaciones espaciales. También refuerza la estipulación del Tratado del Espacio Exterior en el sentido de que un estado es responsable del daño causado por entidades no gubernamentales que realizan lanzamientos con licencia del estado. Establece además que un estado es responsable del daño causado no sólo por un objeto sino también por las “piezas componentes” del objeto.22 Sin embargo, el Artículo 3 califica la responsabilidad señalando que el estado que realiza el lanzamiento es responsable sólo si “hay negligencia” de quienes controlan el lanzamiento.23

El resto de la convención presenta procedimientos para que un estado agraviado pueda reclamar por los daños. Los Artículos 9 al 15 establecen que los reclamos se deberán presentar dentro de un año a través de “canales diplomáticos” o, si no están disponibles, a través del secretario general de las NU. Si los estados no pueden resolver los problemas, pueden crear una comisión, a la que cada estado enviará un representante y un presidente designado. Los daños son determinados según la ley internacional, con la meta de restaurar el estado a su condición antes del agravio.24

Aunque aclara algunas de las ambigüedades del Tratado del Espacio Exterior, la convención aún enfrenta críticas. Primero, su definición de un “objeto” que incluye “piezas componentes” no especifica si esto incluye los desechos, por lo que un estado que efectúa un lanzamiento no sería responsable por daños ocasionados por los desechos.25 Segundo, aunque la convención impone un estándar de “culpa” para daños, no define cuánto cuidado se debe tener durante un lanzamiento.26 En otras palabras, si dos objetos espaciales colisionan, un estado puede argumentar que adoptó todas las precauciones razonables mientras que el estado agraviado podría argumentar que no lo hizo. Tercero, puede ser difícil demostrar la culpa ya que es difícil identificar y rastrear piezas específicas de desechos, y demostrar la causa de una colisión puede resultar igualmente difícil.27 Un estudioso anota que el simple hecho de una colisión no asigna automáticamente la culpa al estado que originó los desechos.28 Finalmente, no hay un sistema establecido para procesar reclamos ni para interpretar o poner en vigencia los términos de la convención.29 Nunca se han usado los mecanismos de litigio de la convención, por lo que su efectividad es incierta.30

Un ordenamiento jurídico final para consideración—la Ley del Conflicto Armado o LDCA—gobierna cómo pueden las naciones realizar la guerra. La LDCA establece límites en asuntos relacionados con conflictos, incluyendo cuándo y hasta qué grado se puede usar la fuerza; la selección de blancos, y el tratamiento de los no combatientes, civiles y prisioneros de guerra. Aunque varios principios de la LDCA no son aplicables a los satélites, otros, tales como los principios de selección de objetivos, son muy pertinentes a su aplicación en tiempo de guerra.

El primer principio a considerar, “necesidad militar”, establece que no se debe apuntar a una persona u objeto a menos que el hacerlo otorgue al atacante alguna ventaja real.31 Estados Unidos reconoció formalmente este principio al firmar la Convención de la Haya de 1907, que prohíbe toda acción “para destruir o capturar la propiedad del enemigo, salvo que las necesidades de la guerra demanden imperativamente tal destrucción o captura”.32 Los juicios de Nuremberg explicaron en más detalle que “la destrucción como un fin en sí mismo es una violación de la ley internacional. Debe haber alguna conexión razonable entre la destrucción de la propiedad y la dominación de las fuerzas del enemigo”.33

Un segundo principio relevante de la LDCA, el de proporcionalidad, sostiene que un atacante debe balancear el daño esperado contra la ventaja militar que se espera lograr.34 Este principio se refleja en el Protocolo Adicional 1 a las convenciones de Ginebra, que prohíbe “un ataque que posiblemente cause pérdida imprevista de vidas civiles, lesiones a civiles, daño a objetos civiles, o una combinación de los mismos, que sería excesiva en relación a la ventaja militar anticipada concreta y directa”.35 Por tanto, es ilegal una acción que cause daño excesivo o catastrófico a civiles o la propiedad.

Un principio final, pertinente—el de discriminación—sostiene que los atacantes deben distinguir entre blancos militares y no militares. El Protocolo Adicional 1 limita los blancos “estrictamente . . . a aquellos objetos que por su naturaleza, ubicación, propósito o uso hagan una contribución efectiva a la acción militar y cuya destrucción total o parcial, captura o neutralización, en las circunstancias vigentes en el momento, ofrezca una ventana militar definida”.36 Entre los ejemplos de blancos prohibidos se incluyen civiles, propiedad civil, lugares culturales, suministros de alimentos y agua potable.37

Puede ser difícil aplicar la discriminación a objetos de “doble uso” que tienen funciones civiles y militares, tales como aeropuertos, edificios y sistemas de comunicaciones.38 Aunque atacar tales objetos podría obstaculizar al enemigo, también sufrirían los civiles. Además, como la prueba del Protocolo Adicional 1 es subjetiva, los comandantes podrían discrepar razonablemente sobre si el ataque a tales objetos “ofrece verdaderamente una ventaja militar definida”.39 Aquí, el principio de proporcionalidad ofrece alguna guía: como el daño colateral a los civiles es considerado una consecuencia natural del combate, la prueba de proporcionalidad debería determinar si un ataque sobre un objeto de doble uso justifica las consecuencias sobre el inocente.40

La prueba china y sus ramificaciones legales

Los satélites son vulnerables a posibles ataques desde armas ASAT.41 Una detonación nuclear podría generar un impulso electromagnético, inhabilitando los circuitos sensibles de los satélites sin blindaje en una amplia gama.42 Las minas espaciales u otras “armas de proximidad” podrían explotar dentro del alcance letal de un satélite.43 Un arma láser o basada en energía podría dañar los componentes de un satélite, incluyendo circuitos, óptica o paneles solares.44 O un “ataque de inhabilitación” podría dejar inoperable un satélite, sacándolo de órbita, interrumpiendo sus señales o cegándolo con láser o pintura.45

La reciente prueba ASAT de China ofrece un ejemplo de otro tipo de ataque: el “arma de energía cinética”, que se apoya en la fuerza del impacto más que en una explosión.46 Esta arma tiene la tremenda velocidad necesaria para alcanzar órbita, desplazándose a unos 28.200 kilómetros por hora.47 Incluso los objetos espaciales más pequeños pueden causar daños serios a tan tremendas velocidades.48

La “destrucción” del satélite chino ocurrió en una órbita a más de 800 kilómetros de la superficie de la Tierra, peligrosamente cerca de la órbita de muchos satélites espías y de defensa de misiles de los Estados Unidos, así como de muchos satélites civiles.49 Además de la proximidad de la prueba a los intereses estadounidenses, la mayor preocupación es el peligro que presentan los desechos de la prueba a los satélites u otros objetos espaciales. La explosión creó una “onda de choque hipersónica” que hizo pedazos el misil y el satélite creando una nube de desechos de alta velocidad, compuesta de unos 300.000 fragmentos.50 Los científicos consideran que esta contribución a los desechos espaciales orbitales es la “peor de la historia”, ya que diseminó fragmentos entre órbitas que van desde los 200 kilómetros hasta los 3.800 kilómetros.51 Aunque algunas de las partículas individuales pueden volver a caer a la Tierra, otras permanecerán en órbita “por mucho tiempo”.52 Además, muchas de las partículas son demasiado pequeñas para rastrearlas, convirtiéndolas efectivamente en invisibles a las naves y cargas.53 La mayoría de satélites carecen del blindaje protector necesario que los defienda de tales desechos.54

China sostiene que su prueba no era beligerante y que era completamente legal; en cuanto al último punto, parece que en su mayor parte es correcto.55 Es decir, la prueba no parece haber violado ninguno de los tratados antes mencionados, o los principios de la LDCA. Primero, la prueba ASAT evidentemente no violó el Tratado del Espacio Exterior, que establece que todas las naciones tienen igual derecho de acceso al espacio para fines pacíficos. China podría sostener que realizó la prueba con fines científicos y defensivos, lo que la convertiría en pacífica según las cláusulas del tratado.

La única sección del tratado que China podría haber violado es el Artículo 9, que prohíbe la contaminación dañina del espacio. Sin embargo, el que la prueba represente una contaminación es tema de interpretación. Según el tratado, la “contaminación dañina” del espacio, aunque prohibida, no está definida. China podría señalar que como algunos de los desechos caerían en la atmósfera y se desintegrarían, el incidente no era “dañino” como se prevé en la convención. También podría indicar que los desechos espaciales no son un problema nuevo y que hasta la fecha ninguna otra nación ha sido considerada responsable de contaminar el espacio exterior según la ley internacional.56

La Convención de Responsabilidad podría ser también de poca ayuda. Incluso si los desechos del satélite chino dañaran activos de otro estado en el futuro, China simplemente podría argumentar que no fue “negligente” según la convención, ya que no hubiera podido predecir de forma razonable la cantidad de desechos que crearía la colisión.

Además, la Convención de Responsabilidad esboza las opciones de un estado en el evento de un desastre; es más bien una medida reactiva más que proactiva. Actualmente, Estados Unidos sólo puede observar la nube de desechos y prepararse para el daño a sus activos espaciales. Si esto ocurre, Estados Unidos podría invocar la convención pero aún necesitaría determinar los daños, demostrar que el daño es atribuible a la prueba china, demandar pago y esperar que el proceso de cobranza resulte favorable. Como aún no se han empleado estos mecanismos de litigio, su efectividad es incierta.57

Las reglas de selección de blancos de la LDCA no se aplican directamente a la prueba de China, ya que ese país hizo blanco de su propio satélite. La LDCA sólo podría afectar a cualquier aplicación de guerra futura de la prueba. El principio de necesidad militar podría permitir que China apunte a satélites militares estadounidenses en una guerra entre Estados Unidos y China. Sólo tendría que demostrar un beneficio a su esfuerzo de guerra, tal como perturbación de las comunicaciones estadounidenses, selección de blancos o mejor conciencia del espacio de batalla. Aunque el principio de discriminación prohíbe que China apunte a satélites puramente civiles, los satélites de doble uso, compartidos por los sectores civil y militar, también podrían convertirse en blancos legales según el primer principio.

Sin embargo, el principio de proporcionalidad exigiría más limitaciones de parte de China. Un ataque sobre satélites podría considerarse “catastrófico” por dos razones. Primero, incluso el ataque a un único satélite crea el riesgo de originar más desechos, contaminando más la órbita de la Tierra. Cada ataque sucesivo expondría a los otros satélites y naves espaciales a mayor riesgo, y estas mortales partículas de desechos no distinguirían entre elementos amigos, enemigos o neutros. Incluso las propias operaciones chinas podrían ser perturbadas si el espacio resultara suficientemente contaminado. Por lo tanto, el ataque a cualquier satélite requiere seria consideración de las consecuencias colaterales.58

Segundo, como Estados Unidos depende fuertemente en la tecnología de satélites y como los sectores civil y militar comparten muchos satélites, la destrucción de ciertos satélites podría afectar drásticamente a la población civil. Un ataque a los sistemas de comunicaciones podría afectar las transacciones bancarias y el comercio, interrumpiendo la economía estadounidense. Similarmente, la Administración de Aviación Federal puede modernizar los sistemas de control de tráfico aéreo para el uso exclusivo de satélites de sistema de posicionamiento global.59 La pérdida inesperada de esta red podría dar como resultado la perdida o colisión de numerosos aviones.

Aunque la proporcionalidad debería disuadir a China de atacar satélites estadounidenses bajo estas circunstancias, la LDCA es principalmente autorregulatoria, de manera que los estados deben asegurar su propio cumplimiento de estas reglas. Por lo tanto, China podría interpretar la regla desfavorablemente o ignorarla del todo. Además, el análisis de la LDCA podría llegar demasiado tarde. Es decir, la determinación de que un ataque viola la regla de proporcionalidad podría ocurrir sólo después de que se haya producido una catástrofe.

La respuesta apropiada
de Estados Unidos

Debido a la incertidumbre de la ley del espacio, la única limitación práctica en un ataque contra activos espaciales estadounidenses es el autocontrol de la potencia extranjera. Esto puede existir de dos formas: temor a la represalia estadounidense mediante poderío político y militar, o cumplimiento bajo una obligación moral o legal a la ley de tratados. Sin embargo, a medida que las naciones en desarrollo y los grupos terroristas obtienen acceso al espacio, Estados Unidos ya no puede suponer que estas dos formas de autocontrol protegerán sus activos en órbita. Más bien, debe adoptar medidas defensivas proactivas. Surgen entonces dos preguntas: primero, ¿qué opciones tiene Estados Unidos?; segundo, ¿cómo limita la ley estas opciones?

La ley del espacio ofrece sólo dos opciones diplomáticas que Estados Unidos podría invocar para impedir futuras pruebas de misiles de China u otra nación. La primera es la disposición del Tratado del Espacio Exterior que permite la consulta si uno de los estados cree que las actividades del otro podrían interferir con sus programas espaciales. La segunda es la disposición que permite que un estado vigile e inspeccione los programas y las instalaciones espaciales de otro. Sin embargo, ninguna de estas disposiciones permite que un estado detenga las pruebas futuras de forma efectiva. El tratado permite sólo una solicitud de consulta o inspección, y la otra nación no está obligada a otorgarla.

Por consiguiente, a Estados Unidos le quedan dos opciones militares: “armamentismo” y “cobertura”.60 El armamentismo es el proceso de colocar sistemas de armas permanentes en el espacio en anticipación de un ataque. La cobertura, que se concentra en la reducción de la vulnerabilidad, “minimiza las consecuencias adversas en el evento de iniciativas de guerra espacial por otros estados, y . . . disuade a otros estados de cruzar primero los umbrales críticos de prueba de vuelo y despliegue”.61 La Fuerza Aérea ya está considerando ambas opciones, ponderando si proteger los satélites en forma individual (cobertura) o construir un sistema de misiles balísticos para destruir los misiles antes de que alcancen a los satélites estadounidenses (evidentemente, una forma de armamentismo si se extiende al espacio exterior).62

Aunque pueden existir argumentos para emplear cualquiera de estas opciones, la ley del espacio parece preferir la cobertura sobre el armamentismo. Recordemos que Estados Unidos generalmente se limita a usar el espacio para fines pacíficos. Aunque el Tratado del Espacio Exterior no excluye totalmente el armamentismo, sí lo limita—un hecho ilustrado por sus prohibiciones a colocar en órbita armas nucleares o armas de destrucción masiva. Generalmente no se favorece el uso agresivo del espacio, aunque se considera aceptable su uso defensivo. Por lo tanto, el único armamentismo permisible bajo el tratado o la política estadounidense serían sistemas diseñados exclusivamente para proteger satélites.

El mejor argumento contra el armamentismo reside en la obligación de Estados Unidos de proteger el entorno del espacio, tanto legalmente (requisitos de tratado) como prácticamente (la necesidad de preservar el espacio seguro y utilizable). Las naciones siempre tienen un derecho a la defensa propia (que no se puede ceder, incluso por tratado), pero Estados Unidos aún está limitado por la prohibición del tratado contra la contaminación del espacio. Aunque un acto de defensa propia que contamine el espacio puede ser permisible, la prueba de tecnología en anticipación de defensa propia podría no serlo. Por lo tanto, Estados Unidos debe recordar su obligación de evitar la creación de desechos al desarrollar armas espaciales defensivas.63 Las armas de “ataque de inhabilitación” que inhabilitan un arma de ataque son claramente aceptables. Las armas explosivas, tales como las minas espaciales que rodean los satélites, no lo serían si éstas crean muchos desechos espaciales.

Por lo tanto, es evidente que el armamentismo, en la práctica, podría violar la obligación de contaminación dañina del espacio. La cobertura, es por lo tanto la única alternativa militar que queda. Estados Unidos dispone de múltiples opciones de cobertura con las que podría defender exitosamente sus activos espaciales. Un examen de estas opciones revela que no se arriesga violar ninguna parte de la ley del espacio pertinente.

Primero, Estados Unidos podría apoyarse en tecnología existente para impedir que las armas basadas en el espacio sobrepasen la atmósfera de la Tierra. La meta principal incluiría apuntar a las armas del enemigo antes de su lanzamiento, con una meta secundaria de apuntar a las instalaciones espaciales del enemigo para inhabilitar su capacidad de lanzamiento.64 Se podría usar un sistema de misiles antibalísticos (ABM) contra misiles lanzados con éxito, sea desde instalaciones espaciales o desde plataformas móviles como barcos o aviones. Estados Unidos probó recientemente la efectividad de un sistema ABM cuando un caza F-16 utilizó un misil aire-aire para destruir un cohete en su fase de impulso.65 Como el misil nunca llegó a órbita, no hubieron desechos espaciales.

Segundo, hay varias posibilidades para reducir la vulnerabilidad de los satélites. Entre ellas se incluyen medidas anti-interferencia; reforzamiento de los satélites para protegerlos contra impulsos electromagnéticos, radiación o explosiones; mayor maniobrabilidad para evitar activamente los ataques; o incluir características furtivas.66 Dificultar la ubicación e inhabilitación de los satélites también elimina el problema de los desechos espaciales. Además, como metodología pasiva, la cobertura asegura que Estados Unidos siga usando el espacio para fines pacíficos. Debemos admitir que es problemático implementar mecanismos de cobertura en los satélites que actualmente se encuentran en órbita. Sin embargo, Estados Unidos puede reducir su vulnerabilidad modernizando sus satélites de reemplazo más nuevos. Aunque estas características podrían aumentar el costo de la carga útil, el beneficio para la frágil red de satélites claramente superaría el costo.

Tercero, Estados Unidos debería preparar redundancias o reservas para proteger su red de satélites en caso de un ataque. El resultado de perder un satélite en 1998, mencionado anteriormente, sugiere que un ataque importante contra su sistema espacial, o incluso contra un satélite crítico, podría quebrantar los intereses estadounidenses. Las opciones para compensar las debilidades de la red incluyen satélites redundantes, sustitutos listos para lanzar, o alternativas secundarias para funciones de satélites. Los planificadores estratégicos deberían planear para escenarios de suspensión súbita de la disponibilidad de los beneficios de la tecnología de satélites para los combatientes de guerra.

Finalmente, hay una opción que no incluye armamentismo ni cobertura. Específicamente, Estados Unidos puede influenciar a otras naciones usando otros instrumentos de poderío nacional, incluyendo información, diplomacia y economía. En resumen, estos instrumentos presentan alternativas no militares para convencer a las potencias extranjeras para que usen el espacio pacíficamente. Por ejemplo, Estados Unidos podría usar el poderío diplomático para entrar en discusiones con las naciones en relación a sus programas espaciales. Incluso podría usar la diplomacia para invocar las partes de consulta y observación del Tratado del Espacio Exterior. Aunque la efectividad de esas partes del tratado sigue siendo incierta, aún presentan una alternativa pacífica a la guerra espacial.

Conclusión

La prueba china trae a colación dos puntos importantes. Primero, Estados Unidos no tiene el monopolio de las operaciones espaciales. Otras naciones operan en el espacio por varias décadas, y naciones en desarrollo como China están entrando ahora en este ámbito. Al firmar el Tratado del Espacio Exterior, Estados Unidos reconoció que todas las naciones tienen derecho a explorar el espacio y operar en el mismo. Por lo tanto está obligado a respetar las operaciones espaciales de otras naciones siempre y cuando éstas no amenacen las suyas.

Segundo, la prueba ilustra que la declaración de Thomas Jefferson que “el precio de la libertad es vigilancia eterna” se aplica tanto al espacio como a la Tierra. Los activos espaciales estadounidenses no son inmunes a la guerra simplemente porque se encuentran en órbita. Más bien, Estados Unidos debe asumir que sus sistemas espaciales podrían ser atacados. Aunque muchas naciones han firmado los tratados espaciales pertinentes, Estados Unidos no debe suponer ingenuamente el cumplimiento total. Ni debe esperar que los actores que no son estados, como los terroristas, lo cumplan.

Los tratados internacionales aplicables, las convenciones y los principios de la LDCA no explican específicamente lo que Estados Unidos debe hacer en preparación para un ataque real. Más bien, bosquejan lo que no puede hacer. Estados Unidos debe usar el espacio para fines pacíficos, abstenerse de usarlo agresivamente, cuidar de no contaminar el entorno espacial, y estar preparado para hacer reparaciones si daña los activos de otro estado. En el evento de guerra, los estados podrían tratar los satélites de los demás como blancos legítimos pero sólo después de verificar que la pérdida del satélite no produciría daño excesivo a los civiles.

Aunque armar los cielos podría parecer la respuesta militar más tentadora, la ley favorece claramente el método defensivo de cobertura. Hay que reconocer que el armamentismo podría ser legal en algunas circunstancias limitadas. Sin embargo, la cobertura levanta menos preocupaciones sobre violación de la ley internacional y aún ofrece soluciones para proteger los activos espaciales. Sea que la cobertura ocurra mediante misiles antibalísticos, satélites más seguros, o algún otro método es un asunto que mejor dejamos a los estrategas militares. Ultimadamente, el respeto de la ley es vital para garantizar que el espacio exterior siga siendo el entorno pacífico previsto por los tratados. Al hacerlo, Estados unidos mantendrá no sólo el punto alto estratégico fundamental sino también el moral.

Notas

1. Jean-Michel Stoullig, “Rumsfeld Commission Warns against ‘Space Pearl Harbor’” (La Comisión Rumsfeld Advierte contra el “Peal Harbor Espacial’?”) Space Daily, 11 de enero de 2001, http://www.spacedaily.com/news/bmdo-01b.html.

2. General Lance W. Lord, “Why America Needs Space: The Prerequisites for Success (Por qué Estados Unidos Necesita el Espacio: Los Prerrequisitos para el Éxito)”, High Frontier 2, no. 1 ([Fall 2005]): 2, http://www.afspc.af.mil/shared/media/document/AFD-060524-005.pdf.

3. “Wayward Satellite Wreaks Havoc (Satélite Incontrolable Causa Estragos)”, Reuters, 20 de mayo de 1998, http://www.wired.com/science/discoveries/news/ 1998/05/12414.

4. James Oberg, “Bold Move Escalates Space War Debate (Movimiento Atrevido Intensifica el Debate sobre la Guerra Espacial)”, MSNBC.com, 18 de enero de 2007, http://www. msnbc.msn.com/id/16694039.

5. “Tratados sobre los Principios que Gobiernan las Actividades de los Estados en la Exploración y Uso del Espacio, incluyendo la Luna y otros Cuerpos Celestiales”, en United Nations Treaties and Principles on Outer Space (New York: United Nations, 2002), 3–8, http://www.unoosa
.org/pdf/publications/STSPACE11E.pdf. China se unió al tratado por adherencia en 1983.

6. Ibíd., 4.

7. Ibíd.

8. Mayor Douglas S. Anderson, “A Military Look into Space: The Ultimate High Ground (Una Perspectiva Militar del Espacio: El Punto Elevado Último)”, Army Lawyer, no. 276 (noviembre de 1995): 25.

9. Ley Nacional de Aeronáutica y el Espacio de 1958, US Code, vol. 42, sec. 2451 (2007): “Mediante este documento el Congreso declara que es política de Estados Unidos que las actividades en el espacio deben dedicarse a fines pacíficos para el beneficio de toda la raza humana”.

10. Richard A. Morgan, “Uso Militar de Satélites de Comunicación Comercial: ¿Una Nueva Mirada al Tratado del Espacio Exterior y ‘Fines Pacíficos’?” Journal of Air Law and Commerce 60 (1994): 318–19.

11. Véase Mayor Christopher M. Petras, “Fuerza Espacial Alfa: Uso Militar de la Estación Espacial Internacional y el Concepto de ‘Fines Pacíficos’” Air Force Law Review 53 (2002): 157–61, para una discusión más profunda sobre los límites de “fines pacíficos.”

12. Mayor Robert A. Ramey, “El Conflicto Armado en la Frontera Final: La Ley de la Guerra en el Espacio”, Air Force Law Review 48 (2000): 79–82. La política estadounidense establece que “fines pacíficos” incluye “actividades de defensa y relacionadas con inteligencia”. Política Espacial Nacional de los Estados Unidos, Artículo 2, 6 de octubre de 2006, http://www.fas.org/irp/offdocs/nspd/space.pdf.

13. Ramey, “Conflicto Armado”, 79; Mayor Elizabeth Waldrop, “Integración de Activos Espaciales Militares y Civiles: Consecuencias de Legales y de Seguridad Nacional”, Air Force Law Review 55 (2004): 222–24; y Petras, “Fuerza Espacial Alfa”, 171–72.

14. Ramey, “Conflicto Armado”, 83–84; y Coronel Carol Hattrup y Mayor Elizabeth Waldrop, “Ley Espacial: Pasado, Presente y Futuro”. High Frontier 2, no. 1 (Otoño de 2004): 24.

15. Ramey, “Conflicto Armado”, 83–84.

16. Anderson, “Military Look into Space (Perspectiva Militar del Espacio)”, 26.

17. “Tratado sobre Principios”, 5. Según el Artículo 6, las entidades no gubernamentales realizan actividades espaciales solamente bajo la autorización y supervisión del estado desde donde se realiza la actividad. Ibíd.

18. Ibíd., 6.

19. Ibíd., 6, 7.

20. Robert C. Bird, “Procedural Challenges to Environmental Regulation of Space Debris (Desafíos Procedimentales a las Normas Ambientales de Desechos Espaciales)”, American Business Law Journal 40 (2003): 655–56; y Peter T. Limperis, “Orbital Debris and the Spacefaring Nations: International Law Methods for Prevention and Reduction of Debris, and Liability Regimes for Damage Caused by Debris (Desechos Orbitales y las Naciones que Realizan Operaciones Espaciales: Métodos de la Ley Internacional para la Prevención y Reducción de Desechos, y Regímenes de Responsabilidad para Daños Causados por los Desechos)”, Arizona Journal of International and Contemporary Law 15 (1998): 330.

21. “Convención sobre Responsabilidad Internacional para Daños Causados por Objetos Espaciales”, en United Nations Treaties and Principles on Outer Space, 13–21. China se unió a la convención por adherencia en 1988.

22. Ibíd., 13.

23. Ibíd., 14. Sin embargo, según el Artículo 2, si un objeto causa daños mientras “está en la superficie de la Tierra, o a un avión en vuelo”, la responsabilidad es absoluta, sin tener en cuenta si el estado que realiza el lanzamiento fue negligente. Ibíd., 13.

24. Ibíd., 16-17.

25. Limperis, “Desechos Orbitales”, 330–33; y Christopher D. Williams, “Espacio: La Frontera Atestada”, Journal of Air Law and Commerce 60 (1995): 1147–48.

26. Limperis, “Desechos Orbitales”, 330–31.

27. Jennifer M. Seymour, “Containing the Cosmic Crisis: A Proposal for Curbing the Perils of Space Debris (Contención de la Crisis Cósmica: Una Propuesta para Limitar los Peligros de los Desechos Espaciales)”, Georgetown International Environmental Law Review 10 (1998): 900; y Williams, “Frontera Atestada”, 1158–59.

28. Williams, “Frontera Atestada”, 1159.

29. Marc S. Firestone, “Problems in the Resolution of Disputes Concerning Damage Caused in Outer Space (Problemas en la Resolución de Disputas Relativas a Daños Causados en el Espacio Exterior)”, Tulane Law Review 59 (1985): 763–64.

30. Ramey, “Conflicto Armado”, 91. Canadá invocó la convención en el incidente del “Cosmos 954” en 1978, cuando un satélite soviético averiado cayó en sus Territorios del Noroeste. Sin embargo, el incidente se arregló sin tener que recurrir a litigio. Véase “Accross Canada: Ottawa Signs Cosmos Pact on Crash”, Globe and Mail, 3 de abril de 1981.

31. El principio tiene cuatro elementos auxiliares: el usuario de la fuerza debe ser capaz de regularla; la fuerza debe ser necesaria para lograr, lo más pronto posible, la sumisión parcial o completa del enemigo; no debe ser más grande en efecto sobre el personal o la propiedad del enemigo que lo necesario para lograr la victoria; y no debe ser ilegal. Ensign Florencio J. Yuzon, “Modificación Ambiental Deliberada Mediante el Uso de Armas Químicas y Biológicas: ‘Considerando el Ambiente’ en las Leyes Internacionales del Conflicto Armado para Establecer un Régimen de Protección Ambiental”, American University Journal of International Law and Policy 11 (1996): 812.

32. “Convención (IV) Respeto a las Leyes y Costumbres de la Guerra en Tierra y su Anexo: Normas Concernientes a las Leyes y Costumbres de la Guerra en Tierra, la Haya, 18 de octubre de 1907”, Artículo 23(g), Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC) Base de Datos de Leyes Humanitarias Internacionales, http://www.icrc
.org/ihl.nsf/385ec082b509e76c41256739003e636d/1d1726425f6955aec125641e0038bfd6.

33. Estados Unidos versus Varios, en Juicios de Criminales de Guerra Ante los Tribunales Militares de Nuremberg según la Ley del Consejo de Control No. 10, vol. 11 (Washington, DC: Imprenta del Gobierno, 1950),1253–54, http://www.loc. gov/rr/frd/Military_Law/pdf/NT_war-criminals_Vol-XI.pdf.

34. Ramey, “Conflicto Armado”, 39. La prueba de proporcionalidad es el método preferido de Estados Unidos para determinar si un blanco es permisible o no. Estados Unidos ha declinado firmar ciertos tratados, o partes de los mismos, que prohíben ciertos blancos sin ninguna prueba de equilibrio.

35. “Protocolo Adicional a las Convenciones de Ginebra del 12 de agosto de 1949, y En Relación a la Protección de Víctimas de Conflictos Armados Internacionales (Protocolo I), 8 de junio de 1977,” Artículo 51(5)(b), Base de Datos de Leyes Humanitarias Internacionales del ICRC, http://www.icrc.org/ihl.nsf/FULL/470. Un ejemplo común de este principio es el acto de destruir una represa, que interrumpe el suministro de energía al enemigo y mata simultáneamente un número grande de población civil. Por esta razón, el Artículo 56 del Protocolo Adicional 1 prohíbe específicamente atacar represas y otras instalaciones que contengan “fuerzas peligrosas”. Estados Unidos no ha ratificado el Protocolo Adicional 1 aunque lo interpreta como una reformulación de la ley internacional usual. (Véase Base de Datos de Leyes Humanitarias Internacionales del ICRC, http://www.icrc.org/ihl.nsf/WebSign?ReadForm&id=470&ps=S.) Aquí la trato con propósitos de ilustración.

36. “Protocolo Adicional a las Convenciones de Ginebra”, Artículo 52(2).

37. Ibíd., Artículos 51-54.

38. J. Ricou Heaton, “Civilians at War: Reexamining the Status of Civilians Accompanying the Armed Forces (Civiles en la Guerra: Reexamen del Estado de los Civiles que Acompañan a las Fuerzas Armadas)”, Air Force Law Review 57 (2005): 182.

39. Ibíd.

40. Ibíd., 182-83.

41. Los sistemas de satélites son también vulnerables indirectamente en otros dos aspectos: en sus instalaciones de control basadas en tierra y en sus enlaces de datos mediante interferencias. Michael Krepon y Christopher Clary, Space Assurance or Space Dominance? The Case against Weaponizing Space (¿Seguridad Espacial o Dominio Espacial? El Caso contra el Armamentismo del Espacio) (Washington, DC: Henry L. Stimson Center, 2003), 68, http://www
.stimson.org/space/pdf/spacebook.pdf. La ley del espacio internacional posiblemente no se aplicaría a ataques en estos aspectos, de modo que no los analizaré con más profundidad en términos legales.

42. Mayor Earl D. Matthews, “Sistemas Espaciales Estadounidenses: Una Fortaleza y Vulnerabilidad Crítica”, documento de estudiante (Newport, RI: Naval War College, 1996), 12, http://handle.dtic.mil/100.2/ADA307419; y Ramey, “Conflicto Armado”, 19–21.

43. Ramey, “Conflicto Armado”, 19-21; Krepon y Clary, Seguridad Espacial, 64–65.

44. Krepon y Clary, Seguridad Espacial, 65; y Ramey, “Conflicto Armado”, 23–26.

45. Ramey, “Conflicto Armado”, 27.

46. Daniel Engber, “Cómo Hacer Estallar un Satélite”, Slate, 19 de enero de 2007, http://www.slate.com/id/2157855; y Ramey, “Conflicto Armado”, 22–23.

47. “General Urge Proteger Activos Espaciales Contra ASAT”, Space and Missile Defense Report 8, no. 44 (3 de diciembre de 2007).

48. Ramey, “Conflicto Armado”, 22.

49. “Estados Unidos Condena la Prueba del Destructor de Satélites Realizada por China”, Agence France Presse, 18 de enero de 2007; Marc Kaufman y Dafna Linzer, “China Criticada por Prueba de Misil Antisatélite”, Washington Post, 19 de enero de 2007, http://www.washington post.com/wp-dyn/content/article/2007/01/18/ United Press International, 19 de enero de 2007, http://www.upi.com/Security

50. Oberg, “Bold Move”; y Kaufman y Linzer, “China Criticized.”

51. Frank Morring Jr., “China Asat Test Called Worst Single Debris Event Ever (Prueba China de ASAT Considerada el Peor Evento de Desechos de la Historia)”, Aviation Week, 11 de febrero de 2007, http://www.aviationweek.com/aw/generic/story_generic.jsp?channel =awst&id=news/aw021207p2.xml.

52. Ibíd.

53. Ned Potter, “Prueba China de Arma Espacial Podría Poner en Peligro a Astronautas y Satélites”, ABCNews.com, 1 de febrero de 2007, http://abcnews.go.com/Technology/print?id=2841745.

54. “Prueba Antisatélite China Provoca Condena sobre Basura Espacial”, Breitbart.com, 19 de enero de 2007, http://www.breitbart.com/article.php?id=070119103900.6anervk3&show_article=1.

55. Associated Press, “China Niega Intento de Militarizar el Espacio”, Breitbart.com, 22 de enero de 2007, http://www.breitbart.com/article.php?id=D8MQHI1G0&show_article=1; y “China Pide Tratado Pronto para Prohibir Carrera Armamentista en el Espacio Exterior”, Malaysia General News,16 de marzo de 2007.

56. Estados Unidos es considerado el mayor contribuyente al problema de desechos espaciales. Erin McCarthy, “Reyes de la Basura,” Popular Mechanics 181, no. 7 (de julio de 2007): 81.

57. Ramey, “Conflicto Armado”, 91. Véase también nota 30 anterior. El incidente del “Cosmos 954” fue resuelto sin juicio formal entre los países. Christopher C. Joyner, International Law in the 21st Century: Rules for Global Governance (Ley Internacional en el Siglo 21: Reglas para Forma de Gobierno Global) (Lanham, MD: Rowman & Littlefield, 2005), 244.

58. Mayor David L. Wilson, “An Army View of Neutrality in Space: Legal Options for Space Negation (Una Visión del Ejército sobre Neutralidad en el Espacio: Opciones Legales para la Negación del Espacio)”, Air Force Law Review 50 (2001): 210–11.

59. “ ‘NextGen’ Air-Traffic Control Would Mean Safer Skies (El Control de Tráfico Aéreo de la Próxima Generación Significaría Cielos Más Seguros),” News Tribune [Tacoma, WA], 18 de mayo de 2007.

60. Krepon y Clary, Space Assurance, 58–86.

61. Ibíd., 58-59.

62. “Air Force Mulls How to Defend Space Assets, Wynne Says (La Fuerza Aérea Medita sobre Cómo Defender los Activos Aéreos, dice Wynne)”, Space and Missile Defense Report 8, no. 12 (26 de marzo de 2007).

63. Algunos podrían preguntar si Estados Unidos violó estas normas cuando derribó uno de sus propios satélites espías el 21 de febrero de 2008. El satélite había quedado inservible después del lanzamiento y era posible que se estrellara en un área poblada, exponiendo a la población a su suministro de combustible tóxico. Sin embargo, el ataque estadounidense difiere del chino en que presenta menor riesgo de desechos espaciales. El ataque estadounidense ocurrió a 210 kilómetros por encima de la superficie de la Tierra, mientras que el de la China ocurrió mucho más alto. Aunque los desechos del ataque chino aún permanecen en órbita, se esperaba que gran parte de los desechos del ataque estadounidense cayeran a Tierra dentro de 48 horas, y el resto dentro de 40 días. “La Marina Informa que un Misil Destruyó un Satélite Incontrolable”, MSNBC.com, 21 de febrero de 2008, http://www.msnbc.msn.com/id/23265613.

64. Actualmente China tiene tres instalaciones de lanzamiento en Xichang, Tiayuan, y Jiuquan, y una cuarta está en desarrollo en Wenchang. William Atkins, “China to Add 4th Launch Site: Wenchang Satellite Launch Center (China Agregará Cuarta Base de Lanzamiento: Centro de Lanzamiento de Satélites de Wenchang)”, iTWire.com, 24 de septiembre de 2007, http://www.itwire.com/content/view/14574/1066.

65. Bettina Haymann Chavanne, “Exitosa Primera Prueba de Intercepción de Misil NCADE [Network Centric Airborne Defense Element]”, Aerospace Daily and Defense Report, 6 de diciembre de 2007.

66. Krepon y Clary, Space Assurance, 68–71.


 Colaborador 
El Capitán Adam E. Frey El Capitán Adam E. Frey (BSc, Villanova University; JD, Ave Maria School of Law) es un abogado militar de estado mayor asistente en la Octava Fuerza Aérea, Barksdale AFB, Louisiana. Previamente sirvió en Elmendorf AFB, Alaska, como jefe de derecho laboral, defendiendo a la Fuerza Aérea en juicios laborales civiles y disputas con sindicatos. También sirvió como jefe de reclamos, asistencia legal, y derecho civil en Patrick AFB, Florida. En 2008 fue destacado a apoyar la Oficina de Revisión Administrativa para la Detención de Combatientes Enemigos en Arlington, Virginia, donde evaluó el estado de combatiente de los detenidos en la Base Naval Estadounidense de Guantánamo, Cuba. El Capitán Frey es graduado de la Escuela de Oficiales de Escuadrón.





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