Documento creado: 1 de octubre de 2009
Air & Space Power Journal - Español  Tercer  Trimestre 2009


Editorial


La guerra en Afganistán empezó el 7 de octubre de 2001 cuando los Estados Unidos y el Reino Unido lanzaron la operación Enduring Freedom, en respuesta a los ataques del 11 de septiembre. Inicialmente, los ataques fueron exitosos y lograron remover del poder al Talibán, pero, en marzo del 2002, las fuerzas de Al-Qaeda y Talibán se habían ya reorganizado y agrupado en las montanas de Shahi-Kot, al suroeste de Gardez. Como una contra-respuesta y con el fin de debilitar y destruir esa pequeña fuerza de Al-Qaeda y Talibán posesionada en esa área, se inició otra operación denominada Anaconda por parte de los Estados Unidos, conjuntamente con las fuerzas militares de Afganistán. Lamentablemente, dicha operación no fue totalmente exitosa debido a deficiencias en la planificación de las operaciones por parte del liderazgo de las fuerzas de tarea conjunta combinada (CJTF), al no incluir ni planificadores expertos del componente aéreo, ni ideas apropiadas para el empleo del poderío aéreo. Otra causante de los resultados negativos de esta operación se evidenció en los errores estadísticos respecto al cálculo del número de combatientes enemigos que osciló entre 1000 a 5000 combatientes, en lugar de los 200 a 300 que fueron estimados. Como consecuencia, el final de esta operación arrojó cifras inesperadas: 8 soldados americanos y siete de Afganistán murieron en el ataque y aproximadamente 400 miembros de Al-Qaeda y Talibán lograron escaparse. Los detalles de esta operación y las lecciones aprendidas son aquí detallados en el artículo titulado "Anaconda" escrito por el Sr. Richard B. Andrés y el Teniente Coronel Jeffrey B. Hukill.

Teniendo en cuenta que la guerra irregular y las operaciones de contrainsurgencia ofrecen retos y maneras de operar muy diferentes a las operaciones de combate convencional, se requiere entonces un mayor entendimiento de la guerra irregular, que se ha constituido en el tipo de combate más preferido por nuestros enemigos de ahora y del futuro. Al respecto, el General David Petraeus, USA, en su artículo "Guía de Contrainsurgencia del Comandante de la Fuerza Multinacional-Irak", nos presenta una serie de objetivos y pasos a seguir encaminados a lograr exitosamente operaciones de contrainsurgencia por parte de nuestras tropas americanas.

En el marco de estos alineamientos, el Coronel Jiyul Kim en su artículo "Dimensiones Culturales de Estrategia y Política", también hace referencia al papel que el entendimiento y la apreciación de los factores culturales a niveles tácticos y operacionales, juegan en las operaciones de contrainsurgencia, incidiendo en el éxito o en el fracaso de acciones y campañas tácticas.

Finalmente, dedicamos la mayor parte de esta edición al estudio del violento y alarmante conflicto que afronta el Estado Mexicano frente a los carteles involucrados en el tráfico ilícito de drogas que impiden su capacidad de gobernar a lo largo de su territorio y amenazan en convertir al país en un "estado fallido". La raíz de la violencia en México se basa en el tráfico y lucro de las drogas ilegales que amenazan convertir a México en la Colombia de la década pasada. Diariamente, los noticieros reportan la tortura y muerte de policías, miembros del gobierno, narcotraficantes y muchas víctimas inocentes a manos de los sicarios. Se calcula que en México la violencia generada por el narcotráfico dejó unos 6.200 muertos en el 2008, entre ellos 522 policías y militares, muchos de ellos torturados y decapitados. La situación que vive actualmente México puede identificarse como una violenta guerra de los carteles contra el Estado y entre sí mismos, por el control territorial del tráfico de drogas y de los corredores de tránsito hacia el mercado americano que van desde Nuevo Laredo hasta San Diego.

La violencia y las drogas proporcionadas por los carteles mexicanos afectan a las comunidades en ambos lados de la frontera. El Departamento de Estado de los Estados Unidos estima que más del 90% de la cocaína y de otras drogas ilícitas valoradas anualmente de $13.6 a $48.4 mil millones de dólares, ingresan por México y son destinadas al amplio mercado americano que consume la mercancía producida en su mayor parte en Colombia. Con el fin de contrarrestar la violencia, la corrupción, y el narcotráfico, el Presidente de México Felipe Calderón, ha desplegado, recientemente, a más de 45.000 soldados en los estados más afectados por la "narcoviolencia". Se hace entonces perentorio que en vez de culpar tan solo a México por el problema del tráfico de drogas, se reconozca también que la mayoría del financiamiento de los carteles mexicanos proviene de los millones de consumidores de cocaína, mariguana, metanfetamina y heroína en los Estados Unidos, de donde también provienen la mayoría de las armas que los sicarios usan para aterrorizar a la población mexicana.

Para todos es bien reconocido que México no podrá, por sí solo, resolver el problema del tráfico de drogas, mientras que en los Estados Unidos exista una excesiva demanda de la droga ilícita. La solución del problema implica una responsabilidad de ambas naciones y para ello los Estados Unidos necesita cambiar la forma de combatir la creciente adicción de drogas de sus ciudadanos y revisar las leyes que regulan y facilitan la venta y el tráfico de armas. Por otro lado, los Estados Unidos han implementado recientemente la "Iniciativa Mérida", que consiste en un programa de asistencia al gobierno de México y de otros países centroamericanos por un valor de $1.4 mil millones de dólares, destinados a combatir la violencia creada por los carteles y a asistir a las fuerzas armadas y policiacas mexicanas en su valiente lucha contra los carteles.

Para un mayor conocimiento y comprensión de las dimensiones de este grave problema, los invito a leer los artículos publicados en esta edición con la autoría de los Señores Phil Williams, Hal Brands, John Sullivan, Raúl Benítez y Max Manwaring.

Teniente Coronel Luis F. Fuentes, USAF-Retirado
Editor, Air & Space Power Journal - Español


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Santiago de Chile, del 23 al 28 de marzo del 2010


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