Publicado: 1ero de juniode 2009
Air & Space Power Journal - Español  Segundo  Trimestre 2009


¿El Poder Aéreo Hacia Un Ocaso?

Comodoro (FAA-R) José C. D´Odorico

Introito Laico

Del bombardero furtivo B-2 Spirit, que lleva el escudo de Northrop Grumman, se construyeron apenas veintiún ejemplares venciendo la resistencia de no pocos legisladores americanos que se negaban a avalar el precio de US$ 2.200 Millones por cada pieza. Inicialmente la USAF había solicitado nada menos que 120 ejemplares, pero tuvo que conformarse con la cantidad mínima de aviones que le permitiría organizar un único escuadrón.1

A pesar de los diálogos intercambiados entre el Pentágono, la USAF y el Congreso, las vacilaciones y los atrasos, hoy están volando y demuestran que pueden ejecutar fatigantes cruces intercontinentales para descargar bombas convencionales y eventualmente nucleares en cualquier parte del mundo sin aterrizajes previos. Esos bombarderos fueron pergeñados para llegar al corazón de territorios industrializados y ubicar sus bombas sobre grandes blancos preseleccionados, pero también los hemos visto cumpliendo tareas que no estaban a la altura de su alcurnia.

Informalmente se ha calculado el costo de abatir a cada partidario de Al Qaeda con las bombas de precisión que esas plataformas lanzaron sobre villas y refugios montañosos en Afganistán. En esa planilla se incluyeron, entre otros datos, el combustible consumido, los reabastecimientos aéreos, el valor del mantenimiento, la amortización de la aeronave y los resultados logrados en cada salida. Supongo que la relación costo-efecto obtenida habrá dejado rostros ceñudos entre los miembros del GAO (US General Accounting Office). No sé porque pero este hecho me refresca la memoria del mini bombardeo de los montes tucumanos ejecutado por la Fuerza Aérea Argentina en los años 70s, atacando a las guerrillas que por allí merodeaban.

Del F-22 Raptor, la USAF deseaba obtener en principio más de 700 ejemplares para dedicarlos a la conquista de la supremacía aérea en un escenario bélico que en lo esencial reproducía el modelo 1939-45, incluyendo el riesgo nuclear. Hoy, cuando la cantidad definitiva aún no ha sido totalmente determinada, el Department of Defense está cerrando trato con Lockheed por no más de 183 ejemplares, es decir, un enjuto 25% de la cantidad inicialmente solicitada.2 Al mismo tiempo, algunos se preguntan por lo bajo si alguna vez esa maravilla volante será empleada exactamente en tareas para las cuales fue concebida. Por el momento, tanto el Spirit como el Raptor no son exportables para preservar los secretos tecnológicos y eso obliga a la administración americana a soportar por sí sola costos escalofriantes.

Queriendo ampliar la utilización del Raptor en eventos bélicos convencionales, ha comenzado a estudiarse una versión de ataque a objetivos materiales (OMs) de superficie. Esta idea no significa que haya un expreso pedido de adquisición de semejante tesoro tecnológico con ese fin. Será muy osado quien se atreva a arriesgar esa plataforma, que cuesta unos US$ 180 Millones por ejemplar básico3 y es de problemática reposición, en un ambiente donde un afortunado tirador con un MANPADS (Man Portable Air Defense System) podría convertirlo en chatarra.

Hasta el programa multinacional JSF (Joint Strike Fighter)4 con las tres variantes del F-35 Lightning II, está bajo el fuego de la crítica de políticos y economistas de los estados asociados que lo fabricarán. Hoy la defensa muestra una curva de costo en empinado ascenso, lo cual hace que civiles y militares agucen su imaginación para impedir un atolladero en el corto plazo. Esta realidad hace prohibitiva la adquisición de sistemas de armas avanzados a los estados de economía en desarrollo, a pesar de las recomendaciones de los Estados Mayores (EMs) nacionales.

No en vano el material excedente o en desuso de las fuerzas armadas (FF.AA.) de los estados poderosos se ha convertido en una feria de oportunidades. Los expertos que están a la pesca de buenas ofertas, pueden encontrar interesantes sistemas para cubrir necesidades nacionales durante lapsos de 15 a 20 años a precios aceptables. En esos países, la relación costo-efecto suele alcanzar un encomiable equilibrio.

Las agencias de Inteligencia, siempre vigilantes, alertan a los gobiernos sobre cualquier síntoma de una guerra clásica. Es el escenario donde las fuerzas en oposición suelen mostrar una cierta simetría en virtud de capacidades relativamente balanceadas. Actualmente, nadie puede garantizar con certeza que una nación no volverá a presenciar o intervenir en reyertas de esa naturaleza, donde los estados que poseen sistemas de armas eficaces tienen chances más favorables.

Sin embargo, cuando se cierne el peligro de un conflicto de esta índole, los organismos multinacionales se apresuran a mediar para evitar la colisión. Corporaciones como el Consejo de Seguridad de la O.N.U., ejercen presiones muy fuertes sobre los países de segunda y tercera línea, congelando la amenaza de la contienda, o sea, antes que el hecho bélico frustre la negociación. En esos casos, las Fuerzas Aéreas (FAs) poderosas disuaden, pero ese efecto moderador depende de las mutuas capacidades acumuladas por los protagonistas. Cuando la disuasión fracasa, las FAs intervienen sin demora y con máxima contundencia.

En materia de defensa, la búsqueda de un equilibrio prudente entre el reclamo del sector y lo que puede invertir un gobierno sin detener otros planes nacionales, es un arte donde los estadistas ponen a prueba su pericia. El error, el apuro o el exceso de pesimismo dan lugar a conclusiones imperfectas, por ejemplo suponer de antemano que habría que renunciar a los sistemas de armas evolucionados o que esas decisiones conducen a la progresiva degradación de las FAs. La solución ideal no consiste en la simple elección de blanco o negro. Es el fruto de un consenso elaborado en el que intervienen políticos, economistas, estrategas y naturalmente militares.

Personalmente no creo que las FAs que no cuentan con sistemas de armas de última generación tengan reservado un futuro sombrío. Menos aún que la rectificación de las misiones las condenen a un ocaso irremediable. Esto no quiere decir que no sea saludable promover un debate para analizar nuevas situaciones. La brecha entre una floreciente aptitud institucional y el hipotético decrecimiento de la participación, es suficientemente ancha para que se pueda intercalar una gran variedad de opciones intermedias. En ese ambiente, el planificador atento y flexible puede componer propuestas que respondan a los desafíos de la época.

El problema básico a resolver es interpretar oportunamente la urdimbre de factores que intervienen en cada momento histórico e integrar el instrumento aéreo que ofrezca una réplica ajustada a las solicitudes de la defensa nacional. Las determinaciones que se adopten no deben perder de vista la salvaguarda de los intereses del país en el aeroespacio. Respetando ese postulado, es deseable la organización de una FA equipada con sistemas que le permitan cumplir acabadamente todas las funciones asignadas en el marco de una defensa conjunta con las otras FF.AA. Esta declaración que pareciera ser perogrullesca, no siempre es rescatada en todos los estados, ya que algunas veces choca con intereses políticos, industriales y profesionales, doctrinas desconectadas de la realidad y hasta una percepción naïve de los hechos.

El Escenario

El estudio político-estratégico de la región brinda a un Estado la visión global de los tipos de riesgo y los grados de peligrosidad, datos primarios que sopesa una defensa nacional inteligente. Los planificadores obtendrán así los argumentos que usarán para sostener las hipótesis de conflicto que someterán a la consideración del gobierno. El ordenamiento de las probabilidades dependerá de la naturaleza de las amenazas, la credibilidad de la ocurrencia y el efecto sobre la seguridad nacional. La retención de una o más hipótesis proporcionará al Estado la argumentación que requiere el diseño de una FA apta para dar buenas contestaciones a los planteos del escenario.

Antes de avanzar, recuerdo que los conflictos se clasifican en convencional, o sea el que protagonizan dos o más estados, y el no convencional, que disputa un Estado y una facción belicosa que pretende imponer por la fuerza un régimen, una doctrina, una creencia o un modelo de vida no deseado por los habitantes del país, actuando abierta o sigilosamente desde el exterior o desde el interior de la nación-objetivo. Algunos funcionarios entienden que si un país está preparado para luchar en una contienda del primer tipo, también está en condiciones de actuar con éxito en la de otra clase. Eso los lleva a opinar que las actualizaciones doctrinarias, orgánicas, tácticas, de equipos y el entrenamiento específico no son imprescindibles.

Ejemplos extraídos de la historia militar reciente, nos informan que ese modo de pensar es temerario. El análisis desprejuiciado de ambos modelos de contienda confirma esta aseveración, justificando la revisión de la doctrina en vigencia, los procedimientos tácticos y los sistemas de armas en servicio. La mayoría de las fuerzas de defensa han advertido esas discrepancias y reconocen que la modernización de sus componentes estaba demorada, por lo cual estamos asistiendo a un acelerado y generalizado proceso de reconversión.

Suponer que el alistamiento para una confrontación clásica es prometedor y suficiente para actuar exitosamente en una refriega heterogénea, ha tenido sistemáticas y costosas desmentidas a través de las pruebas ofrecidas. No en vano muchos países, observando los acontecimientos en teatros no convencionales, están emitiendo nuevas doctrinas que se adaptan con mayor precisión a las tácticas practicadas por los ingeniosos y desinhibidos activistas de los grupos rebeldes.

En el campo aeronáutico, muchos años después de retirarse de Viet Nam y con el duro aprendizaje de Iraq-Afganistán a cuestas, la USAF está próxima a poner en marcha nuevos criterios operativos5 dirigidos a regular su intervención en las guerras no convencionales. Naturalmente, esas normas no garantizan que todos los problemas planteados por los enemigos de esas categorías sean solucionados. La calidad de las teorías debe ser verificada con sucesivas pruebas empíricas.

En los escenarios irregulares, la lucha se desarrolla totalmente en la superficie como en tiempos lejanos. Hay que aceptar humildemente que las FAs, indiscutidas reinas de la tercera dimensión, no han retenido un papel relevante al producirse el aplanamiento de las vectores en la zona de operaciones y esta es la razón que me lleva proponer una opción recuperadora y superadora. Los pesimistas, ante la inexistencia de un enemigo aéreo en estas extrañas guerras que los hombres de Estado se resisten a catalogar como tales, presienten que están presenciando el ocaso de la aviación épica que despertaba la admiración del gran público.

En estos conflictos tan amorfos, no hay superioridad aérea que disputar, no hay sistemas de OMs que destruir, no hay formaciones masivas de blindados a las que atacar y los centros de gravedad que eran el objetivo preferencial de la aviación de bombardeo aparecen como iconos históricos. Hasta diría que los aguerridos fighters que se trenzaban en reñidos combates, han quedado sin empleo de tiempo completo. Ya no volverán los carismáticos pilotos de la primera época, aquellos que se saludaban desde sus respectivas cabinas abiertas después de agotar sus municiones sin infligirse daños irreparables. Con la llegada de los UCAVs, hasta están en duda los que hoy ven a sus adversarios como ecos en las pantallas planas. ¿Está desapareciendo la razón de ser de las FAs, por lo menos en la forma como pronosticaran los profetas del poder aéreo?

Los Actores

Los actores del drama bélico se interrelacionan con los sistemas de armas que utilizan en las misiones planeadas. Desde la Primera Guerra Mundial (1914-18), el contacto de usuarios e industriales aeronáuticos se ha consustanciado en los equipos utilizados por las FAs. Las coincidencias facilitaron el avance de una tecnología asombrosa en un escaso lapso, aunque también hubo momentos de incertidumbre que dieron lugar a numerosas correcciones. Fueron tiempos muy activos para unos y otros. En este comentario, sólo me referiré a la pieza material básica del poder aéreo o sea el avión.

Desde los años inaugurales se buscó que las soluciones tecnológicas aliviaran los problemas militares que se planteaban en los conflictos convencionales. Cuando la bomba nuclear hizo su aparición en la Segunda Guerra Mundial, fue categorizada como un arma original que multiplicaba exponencialmente el poder de fuego. Todavía no estaba clasificada como un arma de destrucción masiva. Durante la Primera Guerra Mundial, ya se le había dado un enfoque parecido al uso esporádico de los agresivos químicos y biológicos. Sin embargo, es más coherente agrupar a esta tenebrosa trilogía (QBN) en la categoría de armas no convencionales por cuanto su eventual uso en una guerra causaría cambios fenomenales en las formas de ataque y defensa.

Desde comienzos del siglo XX hasta mediados del mismo, el mundo estuvo sacudido por una variedad de guerras rutinarias, donde los desastres humanitarios se fueron atenuando paulatinamente mediante convenios (Ginebra) que procuraban la comprensión de las partes, especialmente en el tratamiento de prisioneros y civiles inocentes. Pero hay instancias exclusivas que denominamos bisagras de la historia, por cuanto interconectan dos realidades claramente diferenciadas.

Ese fenómeno tiene lugar cuando las pautas y criterios vigentes en una sociedad sufren cambios profundos que van a alterar inevitablemente la proyección del futuro. El nuevo escenario posee su propia energía que induce a reacomodar las conductas y las reglas. Lo anterior y lo posterior pueden convivir sin chocar, o puede haber sustituciones traumáticas. A mi juicio, un episodio que cumplió ese papel en el ámbito de la defensa fue la guerra en Viet Nam (1955-75)6. Los interlocutores durante ese período de violencia fueron U.S.A., acompañado por algunos aliados, y Viet Nam del Norte, pupilo privilegiado de la U.R.S.S. y China Popular.

En la misma época hubo otros eventos bélicos de menor cuantía que han sido prácticamente olvidados pero merecen nuestra atención. De haber existido entonces el concepto, probablemente se los hubiera identificado como conflictos de baja intensidad. Fueron la guerra en Indochina (1946-54) entre una Francia en decadencia colonial contra un emergente Viet Minh que patrocinaba la idea de un nacionalismo comunista, y en Argelia (1954-62), aún colonia francesa, donde disputaron la metrópoli y fuerzas independentistas del FLN (Front National de Liberation). ¿Por qué las operaciones aéreas de U.S.A. y Francia no despertaron mayor interés en los observadores? Porque sus FAs contaban con aviones anticuados7 que principalmente prestaban elogiosos servicios CAS (Close Air Support) y algunos otros ocasionales, como reconocimiento y trasporte, controlados desde los centros de operaciones conjuntas (COC).

Tanto en U.S.A. como en Francia no se notó un interés particular en ponderar las enseñanzas que dejaron las FAs durante esa actuación de baja prioridad. Hoy el CAS es una de las actividades tácticas que más tiempo demanda a los planificadores de las operaciones aéreas contra fuerzas irregulares. Conocida desde los primeros días de la aviación militar, esta tarea presuntamente no tendría porque beneficiarse con una atención desmedida. Sin embargo, los buenos resultados de los viejos aviones en aquellos años debieran haber interesado a los EMs y los estudiosos. Generalmente los éxitos despiertan menos curiosidad en los analistas que los fracasos.

En esos tiempos la USAF contaba con unidades aéreas de ataque y de bombardeo que eran la última palabra en materia de capacidad clásica y nuclear. Los F-100, -104 y -105, F-4 y B-52 fueron usados profusamente sobre el norte de Viet Nam, pero las operaciones obtuvieron magros efectos estratégicos militares. Si bien causaron graves dificultades logísticas a las unidades Viet Minh que combatían en el sur, no consiguieron detener o modificar su embate ofensivo. Los políticos y militares occidentales no captaron que el General Giap estaba combatiendo una guerra diferente a la que ellos desarrollaban8.

Si bien la doctrina de entonces no congeniaba con las guerras que incendiaban Indochina y el norte de Africa, las tareas exigidas a las FAs no desentonaban totalmente con el estilo operativo en boga y el material aéreo no concitaba la protesta de los comandantes. En Argelia no había oposición aérea y la ofrecida por Viet Nam del Norte no dio lugar a la necesidad de apresurar el cambio de la doctrina. No obstante, esa estabilidad fue parcialmente responsable de demorar una réplica más efectiva a las reglas de empeñamiento que aplicaba el vietminh en el combate terrestre al sur del paralelo Nº17. Allí había una guerra contra guerrillas rurales en campo abierto, cuyas tácticas no correspondían a la ortodoxia militar.

La década de los 60s es recordada por diversas causas. La que más sensibilizó a los centros políticos de poder es que la mayoría de las contiendas estaba contaminada con un fuerte ingrediente ideológico que repercutía en la estrategia. En China, devenida república popular, el ascendente Mao Zedong había ensayado con éxito la estrategia sin tiempo en la guerra prolongada, iniciada en 1924 hasta el total dominio de ese país en 1949. Esa probada teoría no ha caducado y sigue entusiasmando a quienes revistan en el otro extremo de la asimetría. Sus discípulos creen que toda guerra puede ser ganada, no importa cuanto tiempo demande ese resultado, puesto que la derrota es considerada un hecho transitorio enmendable9.

Esa convicción llevó a Mao desde las regiones rurales de su país a la plaza de Tien An Men (Beijing), después de derrotar a su crónico rival el generalísimo Jiang Jieshi (Chiang Kai-shek), controlante del ejército regular chino y de una primitiva aviación de combate. Mao no se preocupó por desarrollar el arma aérea y su doctrina militar sobre la guerra revolucionaria no le prestó atención. Inicialmente, su modelo de guerra prolongada y estrategia sin tiempo no llegó a atraer el interés de los analistas occidentales hasta que, años después y demasiado tarde por cierto, los escritos maoístas fueron traducidos10.

Mientras predominaba ese clima político, la gente del aire se mantenía fiel a la esencia de la visión histórica e incluso se preocupaba más por lo que podría suceder en el espacio exterior antes de lo que ya acontecía en la superficie del planeta. La idea de la SDI (Strategic Defense Inciative) del presidente Ronald Reagan (23 Mar.83)11 fue un símbolo paradigmático de esos días. Sus abogados más osados pronosticaban fulminantes lidias en el teatro espacial y no vacilaban en aprobar sumas fabulosas para asegurar la defensa interior de US contra los misiles cargados de ojivas nucleares. Al mismo tiempo, los fabricantes anticipaban con optimismo que pronto se prescindiría de las tripulaciones, fogoneando la ilusión de la guerra sin derramamiento de sangre. Los acontecimientos se encargaron de destrozar ese sueño.

Sin embargo, el cielo comenzó a ser transitado por los UAVs (Unmanned Aerial Vehicle) y UCAVs (Unmanned Combat Aerial Vehicle) mientras que un marketing imaginativo los bautizó desprejuiciadamente la FA del futuro. La irrupción de esos sistemas nos sumerge en la flagrante violación de la lista lógica que encabeza la misión y continúa la doctrina, la organización, los equipos y el entrenamiento. La doctrina involucra la elección de la estrategia que servirá de marco al planeamiento y las operaciones. Una vez más se anticipa la definición de nuevos sistemas sin dar a conocer antes con precisión cuál sería su misión y su doctrina de empleo. Pero la tecnología tiene una cierta contención en el valor de los ítems que frena su compra y mantenimiento, aún en los países ricos. La mención del Spirit y el Raptor no fue casual, sino una advertencia para los que reflexionan después de los acontecimientos.

Los estados de segunda línea, queriendo imitar a los grandes y tratando de no quedar muy rezagados, se abastecen en un floreciente Marché de Puces (Mercado de las Pulgas) aeronáutico internacional, donde se puede encontrar a precios accesibles toda clase de excedentes con un buen margen de vida útil. De esa manera, las FAs avanzadas consiguen recuperar una cierta cantidad de dinero cuando se desprenden de sus sistemas desprogramados. Los nuevos dueños que pueden, aprovechan el MLU (Mid-Life Update) para revisar, cambiar e incorporar equipos. Las pomposas designaciones de esos trabajos contribuyen a encarecer el producto final.

En esta historia, la FA estándar se conserva apegada a la doctrina y estilo operativo tradicional. Por lo general, su hábito profesional no llega a ser alterado por la realidad que hoy se vive, a pesar que introducen significativas variantes en los escenarios operacionales. Aunque los conflictos que demandan la intervención de medios aéreos y tácticas históricas son cada vez menos frecuentes, nunca llegarán a desaparecer por completo. Me refiero a las guerras clásicas que disputan dos o más estados cuyas fuerzas militares tienden a una relativa simetría.

No interesa si el menor número de estas crisis se debe a un diálogo internacional más fecundo, la actuación de la O.N.U., las presiones ejercidas por las grandes potencias o a otra razón. Sí debemos tener presente que los episodios de alta tensión son más espaciados y los riesgos de confrontación abierta disminuyen. En cambio, hay que observar con mayor insistencia otros focos de conflicto que no causan el mismo impacto a la defensa nacional, pero son fuente de problemas tan engorrosos como durables. Por eso recomendaría no olvidar lo que viene sucediendo desde la década de los 60s.

Desde esa década, las facciones de cualquier bandería que se atreven a desafiar a uno o varios estados para imponer autoritariamente sus objetivos, decididamente se inclinan por el desarrollo de confrontaciones asimétricas. Tal actitud es forzada por las pronunciadas diferencias de las capacidades. La aplicación de la estrategia maoísta allana la campaña. Esa teoría es independiente del pensamiento político del ofensor, por lo cual no tiene que ser necesariamente acompañada por la misma ideología que sostuviera el líder chino. La doctrina maoísta engendra un modelo de contienda que permite a grupos numéricamente inferiores o más débiles disputar la supremacía a un Estado nacional consolidado12.

Los conflictos no convencionales se suceden de manera errática y se expresan con refriegas de clasificación confusa. El ejemplo habitual se plantea cuando un Estado política, geográfica y defensivamente constituido es agredido por un grupo marginal que se escuda detrás de una fachada mimetizada, carece de dominio territorial legal y hasta puede desplegarse en varios países. La facción no tiene infraestructura visible y habitualmente posee un brazo armado organizado en forma de guerrillas o bandas con independencia operativa que recurren a prácticas trasgresoras.

Uno de los procedimientos corrientes entre esos activistas es el uso inhumano y perverso del terror, por lo cual sus componentes son perseguidos legalmente. El uso del terror no tiene fronteras ni dueño y ha motivado la drástica reacción de la sociedad mundial que lo considera un delito imprescriptible de lesa humanidad. Del Tribunal de Nüremberg (1945-46) emergieron los antecedentes conocidos como Principios13. La O.N.U. los rescató en la Resolución 51/210 (16 Ene.96) y luego el precepto tuvo cabida en el Estatuto de Roma (1998), sustento de la Corte Penal Internacional de La Haya, habilitada por los estados contratantes para juzgar delitos de lesa humanidad14.

Una característica inamovible de los conflictos de esta naturaleza es que se dirimen en la superficie terrestre. Algunas veces los agresores utilizan ilícitamente aeronaves con fines efímeros, pero sin aspirar a usarlas de manera estable. Lo común es que no recurran a esos medios porque no los pueden operar con libertad. Los grupos ilegales no tienen servicios ni bases seguras que les permitan alojar y utilizar con regularidad aeronaves de combate o de otro tipo. Tal capacidad en manos rebeldes es inimaginable y si éstos dejan de ser un riesgo aéreo para la defensa, es el momento apropiado para reconsiderar las misiones y composición de las FAs con vista a su actuación en contiendas no clásicas.

¿Entonces Vamos Hacia el Ocaso?

No, no es el destino que aguarda a las FAs perceptivas, organizadas y alertas. Sin embargo tienen que ser precavidas y no dejarse anestesiar por los laureles ganados o vivir del recuerdo de las glorias pasadas. Es una actitud profesional negativa que opone indiferencia a las adaptaciones que exige el futuro. Cuando las FAs se muestran satisfechas con esta actitud y se conforman reiterando el ciclo que comprende el uso de los sistemas y su renovación tolerando el desgaste de la doctrina, van en busca de su auto inmolación. Hay instituciones que se complacen con esa conducta y se disculpan a sí mismas mirando a otro lado cuando aparecen riesgos que les resultan extraños.

Resumiendo, hay instituciones aéreas reluctantes a adoptar las modificaciones aconsejadas por la evolución de la estrategia y las variaciones tácticas derivadas. Se trata por lo general de las FAs que continúan hipnotizadas por las guerras pasadas y quedaron atrapadas por una doctrina anticuada. Esa fidelidad las lleva a aferrarse a patrones de instrucción que han sido sobrepasados.

Tales comportamientos no me sorprenden puesto que en los seres humanos hay una subyacente resistencia a trastrocar los hábitos adquiridos con el aprendizaje y el entrenamiento. Es hasta enojoso tener que abandonar las pericias adquiridas con mucho empeño. La decisión demanda la instrumentación de nuevos ciclos de enseñanza y contribución personal. Para excusar la postura de los remisos, se dice que lo que sucede a alguien, no necesariamente le tiene que pasar a otros, pero esa exculpación siempre engendra un costo que habrá que saldar más adelante.

Supongamos que un Estado cuenta con una FA configurada en función de hipótesis convencionales. Sin pasar por una etapa de movilización previa, ese país se ve envuelto en un conflicto heterogéneo y asimétrico promovido por elementos irregulares. Si el gobierno se ve obligado, utilizará en la defensa los medios aéreos a disposición, conducidos por algún comando conjunto cuyo problema operacional se explicitará en un plano horizontal bidimensional.

En esa situación, la FA aportará a las unidades terrestres apoyo de fuego aéreo cercano (CAS), trasporte táctico, servicios logísticos y especiales, salvamento (CSAR, Combat Search & Rescue) y eventualmente reconocimiento. Cabe esperar que la mayor cantidad de pedidos de cooperación sea dirigida a las unidades de ataque, seguidas por las de trasporte y CSAR en menor escala. Si el país posee UAVs y UCAVs, también tendrán una participación integrada. También es probable que esa FA haya sido entrenada únicamente para contender con un adversario convencional. De ser ese el caso, estará más acostumbrada a emplear reactores de alto poder de fuego, gran velocidad, elevada carga portante y aptitud para sobrevolar territorios hostiles.

Sin embargo, esta suposición tiene una probabilidad de ocurrencia menor que en épocas lejanas. Actualmente, las operaciones tienden a durar solamente unos pocos meses porque son contenidas por las principales potencias y las gestiones del cuerpo diplomático. Por otra parte, únicamente los grandes estados industriales pueden sostener guerras clásicas de larga duración debido al enorme desgaste que implican. A pesar de ello, una FA necesita estar lista para hacer frente a una conflagración convencional y su nivel de preparación dependerá de la capacidad económico-financiera del país. Este criterio es universal.

En lo que va del corriente siglo, por cada conflicto ortodoxo que se desencadena, estallan varios híbridos que tienen por actores a un Estado y un oponente exótico, la más de las veces inesperado. En tales lances, encontramos por lo menos cuatro rasgos que se repiten en todos: asimetría, prolongación, choques armados exclusivamente en la superficie y reglas de empeñamiento distanciadas de las convencionales. Ante ese tipo de exigencia operacional, es legítimo dudar que una FA común esté a priori en condiciones de afrontar en tiempo, espacio y con eficacia las tareas que se le soliciten.

Sin abocarme al alistamiento de una FA para un conflicto no convencional, haré referencia a ciertos ítems que conviene tener en cuenta para encarar el apresto. Con ese fin podemos hacer uso de las experiencias de quienes sufren o han sufrido semejantes ataques en carne propia. Realizando una ligera revisión de esas crisis, en estado activo o no, verificamos que todas están teñidas con características de los conflictos no convencionales. Las diferencias radican en las fuentes, los matices políticos, las capacidades mutuas, la forma de emplear las fuerzas de defensa y el grado de acierto-error que tiene cada actor. Estos factores no alteran los cuatro caracteres que constituyen un sello permanente.

Toda institución militar y una FA lo es, recibe una o más misiones que incentivan la redacción de una doctrina acomodada a un concepto estratégico y esos preliminares habilitan la base para establecer el organigrama que acogerá el material a proveer. La calidad del entrenamiento programado, en concordancia con la naturaleza e imposición de las misiones, se revelará en la aptitud de las unidades. Esta secuencia transita un camino lógico y se desequilibra cuando hay una desubicación de esas etapas. Las modificaciones en el orden prestablecido repercuten negativamente en el conjunto.

La participación de una FA en un conflicto no convencional plantea interrogantes que reclaman prolijas elucubraciones. ¿Cómo identificar en oportunidad y con seguridad una confrontación confusa? ¿Habrá que rever el orden de las etapas citadas debido a la singularidad de los sucesos? ¿Se pueden resolver los problemas operativos no convencionales aplicando cualquier tipo de doctrina, equipos y tácticas? ¿Qué sistemas de armas y procedimientos son aconsejables para combatir en las contiendas que revisten una duración indefinida y donde las normas de empeñamiento cortejan el uso del terror? En un ámbito revuelto y fóbico a la ortodoxia, ¿será viable el empleo de unidades aéreas instruidas tradicionalmente?

La Plataforma Aérea Ideal

Antes de ir al asunto central de este trabajo, revivamos algunos ejemplos históricos de conflictos no ortodoxos. En Malasia, aún colonia británica, guerrillas del Malayan Races Liberation Army (MRLA) se retiraron al interior de la selva en junio 1948 para sostener una guerra asimétrica de larga duración contra las fuerzas coloniales. El UK Royal Army recibió la misión de eliminar ese peligro e intentó cumplirla, pero hacia 1950 admitió que el MRLA no le permitía poner en práctica sus tácticas y no podía hacer valer su superioridad.

Entonces el Special Air Service (SAS) recibió la tarea y lanzó una ofensiva operando con pequeñas patrullas que penetraron en la selva para combatir al enemigo con procedimientos semejantes a los guerrilleros. Debido a la geografía local, la aviación tuvo una modesta participación complementaria, satisfaciendo solicitudes logísticas y de trasporte táctico. La nueva táctica terrestre tuvo éxitos innegables que permitieron cancelar el estado de emergencia en 1960.15

En Viet Nam, los Green Berets, Rangers, el USMC y el VNMC (Infantes de Marina, Viet Nam), actuando como fuerzas especiales, tuvieron una intervención consagratoria que los distinguió de las fuerzas comunes. A pesar del antecedente exitoso de la operación británica en Malasia, pocas fuerzas contrainsurgentes (COIN, Counter-Insurgency) recurrieron a tácticas parecidas. Tal vez el USMACV (US Military Assistance Command, Viet Nam) no advirtió a tiempo que esa guerra distaba largamente de ser un modelo tradicional16.

En Viet Nam del Norte, la aviación americana puso en acción lo más granado de su parque ofensivo, funcionalmente preparado para una guerra convencional y nuclear. A pesar de registrar algunas pérdidas, U.S.A. produjo una gran destrucción material en aquella región. Sin embargo, el resultado estratégico de las campañas aéreas fue visiblemente mezquino, por cuanto Viet Nam del Norte no era un estado industrializado.

En el sur, aviones recuperados de los depósitos de excedentes como el A-1, el B-26 y el T-28B, todos con motores alternativos, brindaron un valioso auxilio a las tropas aisladas que carecían de apoyo artillero. Los reactores eran convocados en pocas oportunidades para atender esos requerimientos porque, a pesar de su velocidad, solían tener tiempos de reacción superiores17.

En Iraq como en Afganistán, las coaliciones que hoy luchan para imponer la paz están entendiendo finalmente que necesitan fuerzas equipadas y entrenadas para desarrollar tácticas similares a las de sus oponentes, al mismo tiempo que por separado se están completando doctrinas afines a las contiendas heterogéneas. En el aire, americanos y europeos siguen empleando un material que no está preparado para esa clase de guerras. Se usan los recursos disponibles, pero ya es tiempo de preguntar por qué no se le ha ocurrido a los comandos superiores solicitar un sistema de armas aéreo específico que se ajuste a las características de las operaciones no convencionales.

En este sentido, me asombra que la evolución doctrinaria no haya sido acompañada con la demanda de sistemas de armas compatibles con la índole de esos planteos bélicos. Los conflictos impulsados por bandas revoltosas están reclamando innovaciones en el parque aéreo. A falta de programas integrales, se introducen correcciones cosméticas sobre versiones en servicio y en producción. Tal es el caso de los A-10C Thurderbolt II y de los monomotores turbohélice de entrenamiento T-6B Texan y EMB-314 Super Tucano, que ahora son ofrecidos con armas como si fueran un diseño COIN original. No es la manera más airosa de salir del paso, pero es un tácito reconocimiento sobre la urgencia de buscar otras soluciones técnicas18.

Hay suficientes motivos para que una FA no sea organizada únicamente para desalentar o responder a amenazas clásicas, o sea las menos frecuentes. No se puede descartar la presencia y actividad de revolucionarios y profesionales del crimen difíciles de perseguir y reducir que, recurriendo a procedimientos que no figuran en los manuales, engendran situaciones violentas y caóticas realmente alarmantes para cualquier sociedad. Al tener que comprometer el sistema defensivo, un país de economía mediana corre el riesgo de sufrir un fuerte impacto por los gastos en los que debe incurrir. Por eso estas crisis son tan preocupantes como las tradicionales.

En base a estos supuestos, las FAs necesitan hacer una meticulosa revisión de su eventual participación en acciones no usuales. Hay países que todavía siguen creyendo que pueden resolver esas emergencias aplicando sus capacidades normales de defensa. Esa conclusión generalizada también prevalece en las instituciones aéreas que no se ocupan de analizar la actuación que pudiera caberles en los conflictos heterogéneos. Cuando esos estudios no se hacen en tiempo debido, las consecuencias se agravan.

Una vez que la USAF concluya la regularización de su doctrina para resolver esa clase de problemas, que algunos estados optimistas consideran que son de baja intensidad, no es improbable que revea la necesidad de solicitar un sistema de armas ajustado a las condiciones particulares de esos teatros. Cuando en 1968 se incorporó el OV-10A Bronco al arma aérea del USMC19, las fuerzas de superficie interpretaron que se había dado un paso en la dirección correcta para combatir el enemigo en el sur de Viet Nam. Ese avión cumplió valiosas tareas CAS y luego se mantuvo en servicio hasta 1994, cuando fue desprogramado. Causa extrañeza que nunca fuera sustituido por otro modelo COIN, más moderno, para cubrir las demandas en un campo operacional amorfo.

En ese ambiente tan mudable y móvil, el principal requerimiento de ayuda aérea es para sustituir o sumarse al fuego de la artillería y proviene de las formaciones terrestres que son sorpresivamente atacadas o que necesitan ser acompañadas durante las operaciones ofensivas. El procedimiento aéreo más demandado es el CAS y esta tarea adelanta cuál sería el centro de gravedad de un próximo debate con personal idóneo en táctica aeroterrestre. Yendo al meollo de la cuestión, ¿qué clase de aeronave tripulada tendría más ventajas en esas circunstancias?

Seguramente se elaborarán sesudos argumentos aconsejando sistemas de armas disponibles, reconfigurados y otros totalmente nuevos. En todo el mundo hay reactores de ataque al suelo y también turbohélices biplazas de entrenamiento que han sido armados y ostentosamente se auto califican COIN. Aquellos que siguen ilusionándose con la guerra sin derramamiento de sangre agregarán los UCAVs, pero los no tripulados merecen una discusión independiente en otro momento.

En estos últimos sistemas, en pleno proceso de evaluación, hay depositadas fundadas esperanzas que cuentan con el aval de fabricantes y EMs progresistas. Personalmente no los excluyo en una FA equilibrada, pero las originalidades procesales de los activistas obligan a acentuar el examen y uso de estos novedosos artefactos volantes. Por consiguiente, sugeriría estudiar en detalle todos los aspectos de la posible participación de las instituciones aéreas en los conflictos informales. Ya hay suficiente experiencia mundial y elementos de juicio para adentrarnos en los oscuros laberintos de estas confrontaciones no del todo conocidas.

A modo de conclusión y sin pretender considerarlas únicas, enunciaré algunas recomendaciones que a mi juicio debieran ser tomadas en cuenta para configurar una plataforma aérea destinada a mejorar el involucramiento de una FA en una insurgencia de larga duración20, donde aparecen grupos armados, guerrilleros y se usan estilos operativos fuera de lo común. Esta lista servirá para espolear la curiosidad de quienes hurgan seriamente en los conflictos no convencionales.

La aeronave ideal debe estar al alcance de países de economía media, para que su eventual adquisición no implique un esfuerzo financiero imposible de sobrellevar. La reposición de los aviones inutilizados, tampoco debe ser trabada con obstáculos políticos. Por eso sugiero un diseño sencillo, sin tecnologías de exportación prohibida. El supuesto avión, monoplaza por cierto para economizar tripulantes, convendría que tuviera ala alta para facilitar la visión del piloto hacia el suelo y especialmente la operación en pistas rústicas. La complejidad mecánica del aparato debe estar al alcance de los usuarios y el personal de mantenimiento. Los equipos deben ser modulares para cambiarlos en el campo.

Para que ese aparato COIN pueda acompañar a las tropas operando desde pistas sin preparación previa y de corta longitud, tiene que ser STOL (Short Take-Off, Landing) de velocidades bajas y medias. El piloto que no pierde de vista los blancos de superficie durante el ataque, tiene indiscutibles ventajas y por eso conviene que la aeronave tolere un número G elevado. Maniobrabilidad y cualidades aerodinámicas extremas, son dos virtudes innegociables en este proyecto. ¿Por qué es preferible un biturbohélice a un reactor de alta velocidad? Simple. Por el costo y la oferta de un alto coeficiente de supervivencia. Esos aviones vuelan aún con daños menores e inclusive con un solo motor en funcionamiento, contando que poseerán sistemas son redundantes. Cuando los monomotores a hélice tienen que penetrar a baja altura en una zona muy defendida por fuego antiaéreo, corren serio peligro de ser derribados.

Es deseable que los tanques de combustible del avión COIN sean auto obturables. Además necesitará un buen sistema contra incendios y protección contra misiles. La autonomía es un factor prioritario por cuanto se le demandará que sobrevuele un largo tiempo la zona del objetivo, sobre todo a alturas muy bajas donde los reactores registran un consumo extremo. Como este proyecto deberá actuar con precisión en razón de la índole de los OMs y el entorno, el GPS (Global Positioning System) es imprescindible. Estos ítems contribuyen a mejorar el cumplimiento de las tareas aeroterrestres.

El CAS requiere armamento antipersonal fijo y lanzable, ya que los habituales OMs en tales escenarios son de ese tipo. Por esta razón la aeronave debe contar con un mínimo de seis puntos de enganche en el intradós. El armamento fijo se basará en ametralladoras y cañones de bajo calibre, alta velocidad de fuego y un abastecimiento de municiones superior al normal. Para batir esos blancos, se emplearán bombas livianas HE (high explosive) de diámetro reducido para trasportar una mayor cantidad. Los motores deben entregar una potencia que permita una carga externa próxima a 2,5/3 ton., sin degradar sustancialmente el perfil de vuelo.

La arquitectura de la cabina debe aliviar la carga de trabajo del piloto sin exhibir una sofisticación injustificada que encarezca el costo de adquisición y el posterior mantenimiento. El rápido recambio de los accesorios extenderá el tiempo de la aeronave en servicio y consecuentemente aumentará sus salidas. Las comunicaciones aire-tierra deben ser seguras y confiables en condiciones límites y un radar multimodo sería un suplemento de lujo que daría más tranquilidad al piloto con meteorología dudosa, aunque no es imprescindible. Sí debe captar la especial preocupación de los proyectistas el blindaje de la cabina de pilotaje y otras partes sensibles del avión.

Si una FA cuenta con una aeronave COIN como la propuesta, el riesgo de que se reduzca su protagonismo en una contienda heterogénea será menor y ganará en eficacia. El empleo previsible no demandará planeamientos complejos, sin embargo, cada ataque deberá ejecutarse con una estricta disciplina para obtener una precisión quirúrgica que cuide los delicados detalles colaterales de estas confrontaciones. La FA debe adaptarse a escenarios, OMs y restricciones que tal vez nunca consideró. Esa realidad reclama revisiones doctrinarias, tácticas y culturales que luego deberían ser sometidas a experimentación intensiva.

Diría que los tiempos galantes de la aviación de combate han pasado a la historia y en su remplazo aparecen pedidos de cooperación concretos y simples en lo formal, pero que deben ser cumplidos por experimentados pilotos. Ya no se convocan las enormes formaciones de bombarderos que reducían a polvo ciudades enteras. Es poco probable que los fighters (cazadores) puedan mostrar su audacia en los combates personales y si tienen que intervenir, lo harán observando sus pantallas para lanzar los AMRAAM (Advanced Medium Range Air-to-Air Missile) "tire y olvídese".

Pero los teatros no convencionales pueden originar en los pilotos un generoso flujo de adrenalina aún cuando ataquen OMs menos espectaculares pero peligrosos. Esas acciones generosas son agradecidas por las tropas auxiliadas. Con ágiles biturbohélices, también podrán mantener alejados a los insurrectos que intenten capturar algún camarada derribado, dándole chance de esperar el salvamento a cargo del CSAR. En estas humildes tareas, las aeronaves con hélices han demostrado ser más amigables que los imponentes y portentosos reactores. Creo que ha llegado el momento de remodelar la composición del poder aéreo militar, incorporando una plataforma que brinde una respuesta más acorde con los nuevos desafíos.

Notas

1. Sitio de Google.com.

2. Idem anterior y Jane´s Defence Weekly, 2007.

3. Idem 2.

4. Idem 2.

5. Jane´s Defence Weekly, 2007.

6. Dr. Earl H. Tilford, Set Up, What the Air Force Did in Vietnam and Why, Air University Press, 1991.

7. Idem 6.

8. Idem 6.

9. Mao Zedong, Obras Escogidas, 1938.

10. Idem 9.

11. Google.com.

12. Com.(R) J.C.D´Odorico, La Guerra No Convencional, apuntes, 2006.

13. Google.com, Tribunal Militar de Nuremberg.

14. Google.com.

15. Col. (Ret) Charles Beckwith, Delta Force, Harper Collins Publishers, 1983.

16. Idem 15 y Dr. Earl H. Tilford, Set Up.

17. Tilford, Set Up.

18. Jane´s Defence Weekly, 2007.

19. Google.com.

20. Idem 12.


 Colaborador

El Comodoro (R) José C. D’Odorico

El Comodoro (R) José C. D’Odorico, Fuerza Aérea Argentina, fue piloto de transporte aéreo con más de 5.000 horas de vuelo habiéndose retirado del servicio activo en 1975. Se especializó en el estudio de la guerra revolucionaria marxista-leninista y la guerra subversiva. Es autor de varios libros sobre el Marxismo-Leninismo y muchos artículos algunos publicados por la Air University Review, y el Air & Space Power Journal. Actualmente se desempeña como Asesor Honorario, Revista Escuela Superior de Guerra Aérea, FAA y corresponsal del Armed Forces Journal International, Washington, D.C. y la Revista Aérea, New York, en Argentina.


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