Publicado: 1ero de juniode 2009
Air & Space Power Journal - Español  Segundo  Trimestre 2009


Hacer las Preguntas Correctas

Capitán (USAF) David Blair*

REFLEXIONANDO SOBRE EL excelente artículo del señor Rémy Mauduit, "Effects-Based Information Battle in the Muslim World (La Batalla de la Información Basada en Efectos en el Mundo Musulmán)" (Air and Space Power Journal, Cuarto Trimestre 2008), me di cuenta de que tenía más preguntas que respuestas. Pensando un poco más, llegué a la conclusión de que esto era probablemente algo bueno. Disponemos de un exceso de respuestas, pero quizás no tenemos suficientes preguntas correctas. Después de todo, una respuesta es útil sólo cuando se empareja con una pregunta correcta; una buena respuesta a una mala pregunta es aún una respuesta equivocada. Por lo tanto, más que agregar a nuestro arsenal de respuestas, busquemos más bien preguntas.

Primero, formulemos la pregunta. Una de las perogrulladas poco intuitivas de la contrainsurgencia afirma que lo que parece ofensivo puede, en efecto, ser defensivo, mientras que lo que parece defensivo, en realidad, es el mejor ataque.1 Esto puede ser cierto por igual para una insurgencia global como para una local. Un grupo terrorista utiliza la violencia para reemplazar "el estado actual de las cosas" con "el estado que debería existir". Una insurgencia agrega a lo anterior el apoyo de otras facciones amplias que también están descontentas con el estado actual de las cosas. La gente puede a veces ser más que eso; los insurgentes se convierten en el pararrayos de las quejas de la gente. ¿Se han convertido nuestros enemigos en ese pararrayos? Al-Qaeda sigue trazando una distinción no delimitada entre el estado actual de las cosas y el estado que debería existir. Ha demostrado disposición para usar la violencia espontánea para mover el mundo de una categoría a la otra. Por último, el apoyo amplio de otras facciones descontentas, es el cambiador del juego. ¿Qué tan efectivamente ha alineado Al-Qaeda el descontento global con su narrativa? ¿Es nuestra guerra global contra el terrorismo una clase de forma exagerada de contrainsurgencia? Grupos recién formados con vínculos muy tenues a la forma de pensar de Ibn Wahhab han tomado el nombre de Al-Qaeda. Los pronunciamientos de Osama bin Laden con certeza aparecen en los medios noticiosos como cualquier comunicado de prensa presidencial. ¿Se puede concebir que un hijo distante (repudiado por su familia desde hace una década) de la décima esposa divorciada del magnate de la construcción yemenita Muhammad bin Ladin pueda ser el contrapunto a la cacareada obra "Fin de la Historia" de Francis Fukuyama?2 Entonces, nuestra primera pregunta pasa a ser, "¿Es Al-Qaeda una red de terror o una insurgencia global?"

La segunda pregunta es, "¿Fue el 11 de septiembre de 2001 una operación militar o fue propaganda?" Las omnipresentes torres gemelas del Centro de Comercio Mundial han sido el telón de fondo de esta guerra desde el principio. ¿Entendimos alguna vez por qué? Inmediatamente después del ataque, explicaciones tales como "los terroristas atacaron porque podían" parecían nihilistas. De forma alterna, algunos propusieron la teoría del tigre de papel, es decir, que si nos afectara un gran ataque esconderíamos la cola y volveríamos a casa. Y ciertamente nuestros adversarios recibieron más de lo que esperaban, para bien o para mal. Recibieron un fuerte golpe, pero el valor de nuestra aceptación y la fortaleza de nuestras alianzas parecieron quedar atrapados en el patrón explosivo de nuestra respuesta militar. Quizás los terroristas se adaptaron. O quizás, incluso desde el comienzo, el suceso fue más sobre el mensaje que sobre el mensajero. A pesar de que su guerrilla alcanza su mayoría de edad en Afganistán, bin Laden proviene de una familia profundamente inmersa en el comercio internacional, de modo que sin duda él entendía la importancia del Centro de Comercio Mundial. En los días que siguieron a la destrucción de las torres, todos los buenos elementos del mundo (y la mayoría de los que quedaban en el medio) declararon su apoyo a los Estados Unidos, lo que significa, implícitamente, que los malvados del mundo fueron empujados hacia al-Qaeda. Así, a pesar de haber transcurrido una década, el reconocimiento de la marca Al-Qaeda rivaliza con el de Coca-Cola; se ha convertido en el estándar por el que se juzga el terrorismo mundial. Lo que provoca una pregunta: ¿ayudamos accidentalmente a Al-Qaeda en esto? El bandido mejicano Pancho Villa parece mucho más excitante en un afiche policial; tomamos a bin Laden, superpusimos su foto sobre la fea cicatriz de su mayor logro, y propagamos su imagen por todo el mundo. De donde se deriva otra pregunta: ¿cómo se derrota a un nombre de marca? No lo sé, pero estoy seguro que no es de la misma forma que derrotar a un militar.

Si nos trasladamos del ataque a los atacantes, nuestra siguiente pregunta es, "¿Es un suicida que coloca bombas un combatiente o una munición?" Una guerra se gana eliminando a los combatientes enemigos, con un poco de suerte antes de que tengan la oportunidad de usar sus municiones. El viejo refrán "mata al arquero, no a la flecha" con toda probabilidad no se escribió pensando en el avión kamikaze. Esto complica más la pregunta, pero aún hay una verdad subyacente que sostiene que se debe destruir lo que el enemigo no puede reemplazar, en lugar de lo que puede reemplazar. Por lo que debemos preguntar, ¿qué es lo que nuestros enemigos no pueden reemplazar? ¿Qué es esencial para ellos; qué es lo que no pueden dejar de tener? Retrocedamos un paso y hagamos un examen de nosotros mismos. Consideremos un F-16 que despega con Bombas de Ataque Directo (JDAM) en un ataque convencional de guerra de inhabilitación. Los JDAM son prescindibles; se consideran usados tan pronto como el F-16 despega. Pero en el sentido más inmediato, el avión no se puede reemplazar porque sin él, los JDAM nunca llegarán a su objetivo. De igual manera, ¿los suicidas que ponen bombas no están llegando a la fase final de su vida cuando graban sus videos obituarios? Sería demasiado estúpido poner las esperanzas en la supervivencia de una persona que ha decidido que su único propósito remanente es no sobrevivir en la forma más violenta posible. Como lo que es esencial debe sobrevivir, el suicida que pone bombas no puede ser esencial. Volviendo a nuestro ejemplo JDAM, incluso el F-16 es reemplazable en el sentido más amplio, ya que otros aviones pueden arrojar JDAM. Entonces, ¿qué es estratégicamente insustituible? Una respuesta viable, como mínimo, es la planta que fabrica los JDAM. Sin ella, no hay JDAM; sin JDAM, no hace falta el F-16. ¿Qué pasa si el suicida que pone bombas es un JDAM, un paquete de explosivos dirigidos hacia su objetivo mediante un sistema de guía? Entonces tendría sentido atacar la fábrica que prepara esos sistemas de guía. Esto no es Schweinfurt; dudo mucho que encontremos tal fábrica en una pantalla de mapas de FalconView. Pero si es una idea que dirige los explosivos hacia sus objetivos, entonces quizás la encontraremos en algún lugar en idea-espacio. ¿Qué son insustituibles: los terroristas o los mensajes de terror? Si respondemos a esta pregunta, quizás nuestras órdenes de ataque aéreo comiencen a impactar mucho más cerca del corazón del enemigo.

A continuación, consideremos el terreno: "¿Dónde termina nuestro mundo y comienza el de ellos? En la Guerra Fría, esa pregunta era muy directa. Por consiguiente, había un grupo de reglas para las operaciones de idea-espacio en casa y un conjunto bastante diferente de reglas para operaciones de idea-espacio en el territorio enemigo. Después de todo, Reuters no estaba exactamente esperando sin respirar por la última cinta de video de Pravda y TASS. No se puede decir lo mismo de Associated Press y Al Jazeera. Irónicamente, por más que hablemos de guerra centrada en redes, nuestros adversarios quizás nos hayan superado en ciertos aspectos de la estrategia. La Internet y la economía integrada global les proporcionan un cuerpo de señales y un arsenal. Los medios noticiosos internacionales no están menos interconectados. De modo que, ¿dónde está el límite entre asuntos públicos y operaciones sicológicas cuando se puede leer el periódico de Maxwell AFB en Riyadh, Arabia Saudita, y los sitios web yihadistas en Montgomery, Alabama? Una respuesta está limitada por definiciones; algunas veces tenemos que cambiar esas definiciones para obtener la respuesta correcta.

Habiendo considerado el espacio de batalla, analizamos preguntas de estrategia. Comencemos con el tema que domina nuestros titulares: "¿Es el conflicto en Irak una guerra o una batalla?" Hablar de la guerra de Normandía no tiene sentido, pero la batalla de Normandía en el contexto de la Segunda Guerra Mundial tiene perfecto sentido. Es necesario invadir tierra para entrar en el territorio del enemigo, ¿pero cómo se invade tierra en una guerra de ideas? ¿Qué fue más importante, el fin de Saddam Hussein o el comienzo de un Irak libre? ¿Dedicamos nuestra atención de forma acorde? Afortunadamente, el aumento de tropas en Irak nos ha dado una oportunidad para volver y revisar nuestras respuestas a estas preguntas. Al inscribir el General David Petraeus su tesis doctoral sobre las arenas de Mesopotamia, espero, con bastante interés personal, que en su segunda defensa de tesis le vaya bien como en su primera.

Volviendo al eje del conflicto, debemos preguntar, "¿La guerra de Al-Qaeda es contra Estados Unidos o contra los musulmanes?" Parece casi intuitivo que la guerra es contra nosotros, sin embargo, miren a quién mata la organización terrorista. Takfiri, o los musulmanes apóstatas (por la definición sumamente sesgada de Al-Qaeda), parecen terminar constantemente en la cima de sus listas de objetivos. Al-Qaeda ha asesinado muchísimos más musulmanes que estadounidenses. Si su guerra es contra nosotros, esas pérdidas no son más que daños colaterales. Por otro lado, si su guerra es contra los musulmanes, entonces aquellos muertos eran los objetivos primarios y nuestros muertos eran sólo teatro para nuestros enemigos. Si la guerra de Al-Qaeda es contra nosotros, entonces el mundo árabe pasa a ser una parte desinteresada en un conflicto entre dos facciones que se odian. Pero si su guerra es contra los musulmanes, entonces no tiene ningún sentido la estrategia de "no ver al malvado". Por cierto, aunque la gente tiene que encontrar respuestas por su cuenta, aún podemos ayudarles.

Otra de esas respuestas "mejor facilitadas que dichas" completa nuestra serie de preguntas: "¿Qué parece el califato ahora?" ¿Es un Disneyland de Wahhabi o una Meca académica y de comercio? Nuestros enemigos parecen haber acaparado el mercado de respuestas a esta pregunta. Quizás se pueda quebrar ese monopolio. Difícilmente soy un erudito en historia islámica, pero creo recordar que el califato era conocido por sus eruditos y mercaderes. Según los estándares del tiempo, el impuesto sobre los no musulmanes era un ejemplo de libertad religiosa. No puedo ver eruditos y filósofos musulmanes famosos como Averroes o Avicenna que se acoplen bien en una madrasa Wahhabi (escuela religiosa musulmán), y bin Laden está muy lejos de parecerse al héroe musulmán Saladín. No podemos cortar y pegar parte de la historia en un mundo donde ya no pertenece y esperar que retenga su significado. Y si pudiéramos hacerlo, Ibn Wahhab no estaría cerca para saber lo que parecía el califato en cualquier evento. Más de ocho siglos lo separan de los califas guiados por la razón. ¿Qué pasa si la visión de Al-Qaeda del califato es un pasado que nunca ocurrió—fundamentalmente incompatible con el califato histórico o cualquier equivalente moderno? Ante los ojos de Wahhabi, Dubai es un símbolo del Oeste. Sin embargo, los hoteles siete estrellas de Dubai se acercan más al esplendor del califato actual que cualquier cosa hallada en las montañas de Waziristán. Después de todo, el califato fue conocido por su grandeza, y el emir de Dubai puede comprar tierra europea. Al-Qaeda puede hacer explotar clubes nocturnos. ¿Qué es una narrativa más coherente de grandeza árabe? ¿Qué sucedería si pudiéramos robar el argumento de nuestros enemigos? ¿Con qué se quedarían si arrancáramos el corazón de sus sueños? Ésa es una respuesta que me gustaría escuchar.

Como el siempre citado Sun Tzu nos dice, conoce a tu enemigo, conócete a tí mismo, y la victoria en 1.000 batallas será tuya. Con el fin de llegar a cualquiera de ellos, debemos comenzar con las preguntas correctas. Si pudiera aventurar una conjetura a unas cuantas de estas preguntas, primero preguntaría quiénes somos. Después preguntaría a dónde queremos ir. Finalmente, preguntaría cómo podemos llegar allí. No trataré de contestar estas preguntas en este espacio limitado con mi mentalidad limitada, pero no dudo que estas respuestas ya estén presentes en las mentes fértiles de nuestro sistema de política exterior diversa (y dispar). Quizás necesitemos una "teoría de campo unificada" de política exterior, una narrativa superior que comience con las preguntas más importantes de interés e influencia, y que trabaje de allí hacia abajo.3 Entre nuestros teóricos militares, expertos académicos y especialistas técnicos, disponemos de cantidades de respuestas auténticas. El desafío parece estar en hacer las preguntas correctas en el orden correcto.

Hurlburt Field, Florida

Notas

1. Parafraseado de "Paradoxes of Counterinsurgency Operations (Paradojas de Operaciones de Contrainsurgencia)", Field Manual 3-24 / Marine Corps Warfighting Publication 3-33.5, Counterinsurgency, Diciembre de 2006, 1-26, http://www
.usgcoin.org/library/doctrine/COIN-FM3-24.pdf.

2. Francis Fukuyama, The End of History and the Last Man (El Fin de la Historia y el Último Hombre) (New York: Free Press, 1992).

3. Una "teoría de todas las cosas" basada en influencias podría reconciliar algunas de las aparentes paradojas que encontramos en este conflicto, y podrían conciliar los instrumentos de poderío nacional a lo largo de las líneas de la fuerza de tareas interagencia conjunta, tal como imaginó el General Peter Pace, ex presidente del Comando Conjunto.


 Colaborador

*El Capitán Blair es un piloto artillero de AC-130U "Spooky" con el Cuarto Escuadrón de Operaciones Especiales. El Capitán Blair es egresado de la Academia de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y de la Harvard Kennedy School


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