Publicado: 1ero de abril de 2009
Air & Space Power Journal - Español  Primer  Trimestre 2009


Defensa Planetaria: Posibles Misiones de Mitigación del
Departamento de Defensa

Teniente Coronel (USAF) Peter Garretson*
Mayor (USAF) Douglas Kaupa

LA ÓRBITA DE LA Tierra en torno al Sol es un lugar peligroso y, hasta el momento, nuestra seguridad colectiva ha sido únicamente cuestión de suerte. A pesar de la imagen de una "armonía de esferas" prístina que heredamos de nuestros antepasados, el sistema solar es una galería de tiro cósmica repleta de escombros sobrantes de la formación planetaria. Estos escombros, inclusive asteroides y cometas, giran en torno al Sol a velocidades relativas de 11-25 kilómetros (Km.) por segundo o diez veces más rápido que una bala con gran velocidad.1 A medida que nuestro planeta transita este océano peligroso, no hemos establecido ninguna red mundial de seguridad para avisar o mitigar choques con escombros espaciales.

En un informe de posición por el Instituto Americano de Aeronáutica y Astronáutica titulado "Protecting Earth from Asteroids and Comets" (Protegiendo la Tierra de asteroides y cometas) (2004) y una conferencia de defensa planetaria celebrada en Washington, DC, en el 2007, se analizó el tema de encontrar un lugar dentro del gobierno para la defensa contra asteroides, designándolo como una prioridad máxima.2 En este artículo se recomienda establecer una agencia principal, tal como el Comando Estratégico de Estados Unidos (STRATCOM, por sus siglas en inglés), para los procedimientos de mitigación, la creación de líneas de comunicación y la definición de una política de defensa planetaria para Estados Unidos y, quizás, para las Naciones Unidas.

Antecedentes de los Datos

Según la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), "Todos los días la Tierra es bombardeada con alrededor de 25 toneladas de polvo y partículas del tamaño de un grano de arena. Alrededor de una vez al año, un asteroide del tamaño de un automóvil golpea la atmósfera de la Tierra creando una impresionante bola de fuego".3 Anualmente, satélites de aviso contra misiles en Estados Unidos registran tanto como 30 bólidos (meteoritos que detonan en la atmósfera, de lo contrario conocidos como bolas de fuego), a menudo descargando tanta energía como una explosión nuclear (ver Fig. 1 que incluye tres años de datos superpuestos sobre la superficie de la Tierra).4 Compuestos de mezclas de rocas de hielo, esos bólidos oscilan en tamaño desde unos pocos metros en diámetro hasta 50-60 metros. Resulta importante recalcar que los objetos menores de 50-60 metros pocas veces penetran la profundidad completa de la atmósfera para crear desastres de impacto.5 Sin embargo, objetos más masivos ocasionalmente sí los causan, provocando mayor preocupación.

No nos debemos confiar porque objetos inclusive más grandes cruzan la órbita de la Tierra. Las superficies de la Luna, Mercurio y Marte muestran que escombros los han golpeado con bastante frecuencia. A diferencia de estos cuerpos celestiales, la Tierra es un planeta activo con fuerzas tectónicas y de erosión que obscurecen en gran medida los cráteres ocasionados por impactos. No obstante, los geólogos ahora han confirmado que asteroides o cometas han cicatrizado la Tierra con 160 cráteres (Fig. 2) y cada año descubren más. Aunque hemos encontrado la mayoría de esos cráteres de impacto en tierra (Fig. 2), los bólidos pueden ocurrir en cualquier parte en nuestro planeta (Fig. 1).

Figura 1. Entradas atmosféricas de bólidos observados desde un satélite. Imagen cortesía de Air Force Future Concepts

Figura 1. Entradas atmosféricas de
bólidos observados desde un satélite.
Imagen cortesía de Air Force Future Concepts

En este artículo se dividen en cuatro categorías los posibles impactos de un asteroide con la Tierra. Por lo general, los asteroides con una densidad menos que o igual al de una roca y menos de ,5 Km. a lo largo pueden ocasionar "daños locales", definido como la destrucción de una zona equivalente a una ciudad de tamaño moderado, como por ejemplo Kansas City, Missouri. Estos "demoledores de ciudades" reducirían a escombros la mayoría de las casas y los edificios, y cualquier material combustible de 8 a 16 Km. del impacto se incendiaría. Los escombros se esparcirían por decenas de kilómetros, posiblemente ocasionando la propagación de incendios forestales. Si el asteroide cayese en el océano, podría provocar tsunamis más poderosos que el maremoto del Océano Índico del 2004, dejando miles de muertos. Con base en los estudios de los cráteres de la Luna, los asteroides que ocasionan daños locales chocan con la Tierra, como promedio, cada 200 a 300 años.6 (Otros estudios indican cada unos cuantos miles de años. Una defensa planetaria definida perfeccionaría esos cálculos sobre el peligro de los impactos).7 Un asteroide capaz de destruir una ciudad cayó en Tunguska, Siberia, en 1908, y faltó tan sólo tres horas para que cayera en Moscú, Rusia.8 Esta explosión atmosférica aplastó una zona de bosques tres veces el tamaño del Distrito de Columbia.9 Investigaciones concluyentes publicadas en la revista Nature revelan que el bólido en Tunguska tuvo orígenes de asteroide y detonó aproximadamente a 10 Km. por encima de la superficie del suelo con una fuerza de 10 a 20 megatones de TNT, convirtiéndolo 1.000 veces más poderoso que las primeras bombas atómicas.10

Los asteroides con diámetros entre ,5 y 2 Km., conocidos como "demoledores de naciones", pueden crear una "destrucción regional", destruyendo países como el Reino Unido o India. Contando con el potencial de matar y ocasionar daños a una porción substancial (hasta un 25 por ciento) de la población, estos asteroides podrían trastornar significativamente nuestro modo de vida moderno.

Los asteroides entre 2 y 10 Km. en diámetro pueden ocasionar "efectos globales" a causa de las bajas ocasionadas por el impacto y los escombros lanzados hacia la atmósfera. Nubes de ceniza y polvo podrían rodear la Tierra, devastando la producción de cosechas por meses o inclusive años. También podrían provocar lluvia ácida, que contaminaría la industria pesquera y la agricultura. La eliminación resultante de más del 25 por ciento de la población afectaría en gran medida la civilización, atrasándola varias décadas.

Figura 2. Ubicación de 160 cráteres de impacto en la Tierra (Del Lunar and Planetary Institute.

Figura 2. Ubicación de 160 cráteres de impacto en la Tierra (Del Lunar and Planetary Institute, http://www.lpi.usra.edu/publications/slidesets/craters/slide_2.html [consultado el 10 de enero de 2007].) Imagen creada como ilustración para el conjunto de diapositivas tituladas Terrestrial Impact Crater (Cráteres de impacto terrestre). Reimpreso con permiso del Lunar and Planetary Institute.

Por último, los asteroides más masivos que 10 Km. podrían convertirse en "destructores del planeta", difundiendo energía cinética equivalente a 100 millones de megatoneladas de TNT—cientos de veces mayor que todas las armas nucleares en el mundo (Figura 3).11 Impactos de esta tamaño destruirían todo el ecosistema y ocasionarían extinciones en masa. Puede que la Tierra haya sufrido unas cuantas de estas desde que comenzó el planeta. Un impacto que ocurrió prácticamente hace 65 millones de años creó el cráter Chicxulub en las afueras de la península de Yucatán, pudo haber eliminado los dinosaurios.12

Zumbando cerca de la órbita de la Tierra, la mayoría de estos objetos potencialmente peligrosos viajan en órbitas predecibles, permitiéndonos detectarlos décadas antes. No obstante, apenas hemos comenzado a comprender la amenaza. Cometas tales como Shoemaker-Levy 9 giran en órbita alrededor de la Tierra muy pocas veces para que podamos caracterizarlos y llegan con muy poco aviso. Este cometa en particular golpeó a Júpiter en 1994, haciendo que llovieran aproximadamente 20 fragmentos de varios cientos de metros en tamaño y lanzando varios cientos de megatoneladas de energía explosiva por fragmento.13 Además, los devastadores de ciudades pueden llegar sin avisar a causa de la naturaleza irregular de nuestra vigilancia actual. Un pequeño aviso de esa índole ocurrió el 18 de marzo de 2004, cuando un asteroide se aproximó a 3,4 diámetros terrestres ó 43.000 Km. de la Tierra, habiéndose identificado tan sólo 48 horas antes.14 Esta distancia se encuentra prácticamente afuera de las órbitas geoestacionarias de los satélites que rodean nuestro planeta.

Figura 3. Megatoneladas de TNT comparadas con la frecuencia del impacto (De la NASA and National Resources of Canada, "Impact Hazard," 10 February 1999, http://liftoff.msfc.nasa.gov/Academy/SPACE/SolarSystem/Meteors/ImpactHazard.html [consultada el 17 de enero de 2007].)

Figura 3. Megatoneladas de TNT comparadas con la frecuencia del impacto (De la NASA and National Resources of Canada, "Impact Hazard," 10 February 1999, http://liftoff.msfc.nasa.gov/Academy/SPACE/SolarSystem/Meteors/ImpactHazard.html [consultada el 17 de enero de 2007].) Cortesía de la NASA y de National Resources of Canada. El cráter Zhamanshin se formó hace casi un millón de años de un asteroide, dejando una cuenca de 14 Km. en diámetro cerca de Zhamanshin, Kazaquistán. El Barringer o "Cráter Meteoro" se formo de un asteroide pequeño y rocoso hace casi 50.000 años en Arizona, dejando una depresión de 1,5 Km. en diámetro. Después de analizar lo que anteriormente se pensaba era un volcán, el reconocido geólogo, Eugene Shoemaker, comprobó que de hecho había sido un cráter ocasionado por un impacto, basándose en la presencia de coesita y estishovita. Estos minerales son formas raras y densas de silica, que solamente se encuentran en lugares donde rocas que producen cuarzo han sido severamente comprimidas. No son creadas por acciones volcánicas, sino que un evento de impacto es el único mecanismo que se conoce para crear estos minerales. La bola de fuego Revelstoke destelló por el cielo colombo británico en 1965. No ocurrió ningún impacto pero varias personas sintieron la explosión atmosférica.

Desde que intentos de detección comenzaron a mediados de la década de los años noventa, la NASA y equipos de apoyo (utilizando solamente telescopios basados en tierra y un presupuesto ínfimo de $5 millones de dólares por año) han catalogado más de 4.000 asteroides próximos a la tierra (NEA, por sus siglas en inglés).15 Durante la última década, el índice de descubrimiento ha aumentado cada año (Fig. 4). Predecimos que un subconjunto del total de NEAs que aparecen en la Figura 4—asteroides potencialmente peligrosos (PHA, por sus siglas en inglés)—llegarán a 750.000 Km. de nuestro planeta, menos de dos veces la distancia entre la Tierra y la Luna. Los PHAs son demasiado masivos para incendiar la atmósfera de la Tierra. Desde noviembre de 2006, hemos detectado 843 de ellos, 700 más grandes que 1 Km. y capaces de ocasionar destrucción regional.16

En la actualidad no se conoce de asteroides que amenacen a la Tierra ni ahora ni por los próximos años. No obstante, esta información puede cambiar rápidamente. Nadie sabe por cuánto tiempo estará librada la Tierra. En el pasado, nuestro planeta no ha sido tan afortunado. Con 843 PHAs, y seguimos contando, tenemos que considerar seriamente opciones para la mitigación. En lugar de discutir si necesitamos defensa planetaria, tenemos que definir cuándo la necesitaremos. Desde una perspectiva política, sabemos que los 843 asteroides que como mínimo merodean nuestro planeta podrían ocasionar destrucción local, regional o global, de manera que tan sólo hemos comenzado a comprender la amenaza total. No comprenderemos su extensión a cabalidad hasta que no superemos el "factor de la duda" y dejemos de atribuirle erróneamente ese modo de pensar a la ciencia ficción. Necesitamos crear planes de contingencia y establecer pautas como una póliza de seguros—una propuesta mucho menos costosa que las consecuencias de sufrir un golpe directo.

Perspectivas de la Política

La buena noticia es que, a diferencia de predecir terremotos y huracanes, en efecto podemos ver la mayoría de los asteroides y cometas años y décadas por adelantado y hacer algo sobre ello. La tecnología requerida para prevenir una catástrofe está a nuestro alcance, a un costo comparativamente modesto. Sin embargo, no hay nadie a cargo, nadie es dueño del problema y a nadie se le ha encomendado la misión—ni a NASA, ni al Comando Espacial de la Fuerza Aérea (AFSPC), ni al Departamento de Seguridad Interna (DHS). No disponemos de planes de contingencia existentes, ni escenarios prácticos entre las agencias, ni memorandos de acuerdo entre las agencias, ni procedimientos reglamentarios estándares ni hardware disponible para una misión de mitigación.

Contar con una década de advertencia previa parecería suficiente tiempo para crear estas políticas y una operación de mitigación, pero no lo es. Necesitaríamos la mayoría de este tiempo para afectar lentamente la velocidad de un asteroide con un pequeño empuje, y gran eficacia. Además, alcanzar un asteroide que constituya una amenaza tomaría varios años de tiempo de vuelo. Claramente, necesitamos planificar la misión, diseñar la nave especial y probarla. El sistema actual de diseño y compra del Departamento de Defensa, fácilmente puede durar más de una década. Solamente al avión caza F-22 por sí solo le ha tomado casi 25 años para evolucionar de una lista de requisitos a una capacidad operacional inicial.17

Los asteroides y los cometas difieren significativamente. No hay dos iguales. Las velocidades de rotación incidirán en las técnicas de atraque, y las diferentes composiciones de las densidades y superficies exigirán diferentes tácticas de desviación. En vista del corto tiempo hasta el impacto, puede que solamente tengamos una opción: Usar explosivos para disminuir en pedazos más pequeños los asteroides que se aproximan. No obstante, la eficacia de este método sigue sujeta a debate técnico y podría resultar en varios impactos más pequeños difundidos a lo largo de la Tierra. Inclusive si cada pedazo de meteoroide es lo suficientemente pequeño como para incendiarse dentro de la atmósfera, ninguna nación desea tener bolas de fuego reencaminadas hacia su territorio. Antes de que necesitemos estos métodos proactivos que anticipan esos problemas, tenemos que investigarlos y documentarlos. En vista de que quizás tengamos una sola oportunidad de evadir un NEA, tenemos que estar preparados.

Figura 4. NEAs Descubiertos. (De Alan Chamberlin, "Near-Earth Asteroid Discovery Statistics," NASA: Near Earth Object Program

Figura 4. NEAs Descubiertos. (De Alan Chamberlin, "Near-Earth Asteroid Discovery Statistics," NASA: Near Earth Object Program, http://neo.jpl.nasa.gov/stats [accessed 4 February 2007].) Cortesía de NASA / Alan Chamberlin. La zona en negro muestra todos los NEAs, y la gris muestra solamente los más grandes (aquellos con diámetros de aproximadamente 1 Km. y más).

La defensa planetaria puede que parezca un riesgo abstracto e irreal a la seguridad nacional. No obstante, resultó ser un problema bastante serio para los dinosaurios, quienes anteriormente habitaban nuestro planeta, y hoy es un problema igual de serio. Indistintamente de cuán remotas las personas piensen que sean las probabilidades de que piedras caigan sobre sus cabezas, por lo menos deben estar preocupadas que ni el gobierno ni el DOD cuenta con planes de contingencia para contrarrestar un impacto o mitigar sus consecuencias.

Recomendaciones para la Política

En vista de que no hay misiones de defensa planetaria asignadas o autorizadas por Estados Unidos, el DOD, en calidad de organización, no tiene ninguna operación de "defensa contra impactos". Pocos individuos en el DOD perciben esta falta de directriz como un problema, y aquellos pocos que sí lo perciben tienen que luchar contra el factor de la duda. Este curso del pensamiento reprime todo reconocimiento o investigación adicional. Asignar responsabilidades rectificaría el problema, pero ¿quién debe asumir la responsabilidad de la misión de defensa planetaria? Los lectores podrían preguntarse por qué los autores han mencionado a STRATCOM como una posibilidad. ¿Por qué no en otra sección del DOD? En todo caso, ¿por qué el DOD? Quizás la NASA podría manejar las misiones de detección, reconocimiento y mitigación a la vez que intenta reemplazar el transbordador espacial y regresar a la Luna. Quizás DJHS o la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) representan una mejor opción ya que los impactos podrían convertirse en desastres nacionales.

Tanto la NASA como el DOD cuentan con la experiencia en cuestiones espaciales y manejan recursos espaciales, pero la misión principal de la NASA es la exploración del espacio. Las misiones principales del DOD son mantener la seguridad de Estados Unidos, proteger la vida de los ciudadanos estadounidenses y garantizar la seguridad de nuestros aliados. Si ponemos a un lado la experiencia, la defensa planetaria es claramente una misión de defensa. Además, en vista de que el DOD mantiene una misión espacial robusta, la misión propuesta parece estar más en línea con los puntos fuertes y el alcance del DOD que con los del DHS.

Dentro del DOD, otras posibles opciones incluirían AFSPC (Comando Espacial de la Fuerza Aérea), la Oficina Nacional de Seguridad Espacial, la Agencia de Defensa Antimisiles y STRATCOM. Varias razones hacen que el STRATCOM sea la mejor opción. En primer lugar, la misión de STRATCOM es "proveer a la nación capacidades de disuasión global y efectos sincronizados del DOD para combatir armas de destrucción en masa del adversario a nivel mundial".18 El comando coordina las capacidades del DOD para obstruir las armas de destrucción en masa. Podemos considerar que una roca en camino a chocar contra la Tierra sea un arma, a pesar de la ausencia de un adversario. STRATCOM, en su calidad de comando combatiente, ha establecido líneas de comunicación y la autoridad para reaccionar a las amenazas a nivel estratégico. Ya mantiene vigilancia global y concienciación de la situación en el espacio. El antiguo Comando Espacial de EE.UU. ha sido disuelto y subsumido por STRATCOM. Mediante el AFSPC, el comando ya mantiene la vigilancia diaria del espacio para detectar lanzamientos de misiles balísticos y rastrear satélites artificiales y escombros en la órbita de la Tierra. Aunque AFSPC mantiene recursos espaciales, el control operacional cae bajo la autoridad del STRATCOM. Además, controla todas las capacidades nucleares militares, quizás la única opción en ciertos escenarios de advertencia mínima. Además, el STRATCOM tiene práctica y es competente en cuanto a diseminar advertencias rápidas a los líderes civiles y a las redes de defensa civil. Por último, el comando cuenta con años de experiencia en negociar y ejecutar acuerdos de seguridad colectiva, tales como el del Comando Norteamericano de Defensa Aeroespacial (NORAD, por sus siglas en inglés) con Canadá y aquellos que tienen que ver con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).19

Algunos que quieren quitarle mérito, han alegado que el programa de defensa planetaria es demasiado costoso para que Estados Unidos lo sufrague por sí solo y que pertenece en el ámbito internacional. Aunque tienen un punto razonable, aún hay varias consideraciones. Primero, para ser un asunto de supervivencia tan crítico, Estados Unidos no debe encontrarse a la merced de un plan demorado por la comunidad internacional, o incompleto. Segundo, la cooperación internacional aún implicaría utilizar recursos de Estados Unidos pero con menos control por parte del mismo. Tercero, hay razones significativas de seguridad nacional para que Estados Unidos persiga esta capacidad para la defensa de otros. Estados Unidos tiene interés en conservar su civilización democrática y mantener la seguridad internacional.

Al proveer seguridad internacional, Estados Unidos cosecha beneficios económicos significativos. Tenemos todas las de ganar si conservamos la seguridad y todas las de perder si fracasamos. Buscando visiblemente la capacidad de defender el planeta, nos tornamos cada vez más esenciales para la seguridad internacional. Además, probablemente tendremos que sufragar los gastos. La crisis humanitaria que podría resultar de un impacto con un asteroide de 300 metros podría fácilmente empequeñecer el tsunami del 2004 en Asia. Los abastos, el transporte aéreo y marítimo y los costes de reconstrucción serían asombrosos. Probablemente ocurrirían pérdidas económicas a inversionistas estadounidenses, enormes gastos para las aseguradoras estadounidenses y posible recesión o depresión como resultado de la pérdida de una ciudad o país.

A pesar de las inquietudes acerca del gasto de crear un sistema de defensa planetaria, esto se transformaría en una ventaja competitiva para Estados Unidos. Resolver problemas difíciles probablemente crearía capital intelectual para Estados Unidos y nuevas áreas técnicas de liderazgo críticas para mantenernos a la vanguardia en el espacio.

Además de un plan de contingencia, la tecnología necesaria para proteger el planeta ofrece otras ventajas. Las tecnologías que parecen prometedoras para la defensa planetaria también son atractivas para aplicaciones civiles y de defensa, que incluyen lanzadores de gran capacidad rápidos y responsivos, cohetes de gran empuje, abastecimiento de potencia de larga duración y el acoplamiento autónomo.

STRATCOM ya mantiene un sistema de vigilancia espacial. Crear un sistema fuerte y automatizado para sondear el cielo continuamente en busca de asteroides o cometas para complementar los programas de descubrimiento actuales probablemente mejoraría la concienciación de la situación en el espacio. Dichos sistemas podrían utilizar sitios militares existentes basados en tierra para que telescopios de vigilancia electroóptica del espacio profundo ofrezcan seguimiento de rastreo de los recién descubiertos NEAs. Al contar con más recursos y personal que analicen la misión de la defensa planetaria, podríamos desarrollar mejores sistemas y soluciones.

Aunque tan solo asignar la misión de defensa planetaria a STRATCOM no constituiría un remedio completo, representa el siguiente paso inmediato para tratar el tema. Después de autorizar y asignar la misión a una agencia específica, podemos comenzar a examinar otros acontecimientos importantes. Una de estos tiene que ver con llevar a cabo un escenario práctico para evaluar nuestra capacidad de reacción y revelar discrepancias significativas en la capacidad para poder definir instrucciones útiles para la exploración y desarrollo de un concepto de operaciones (CONOPS, por sus siglas en inglés). Un ejercicio de esta naturaleza expondría un nivel más amplio de diseñadores a los problemas de la defensa planetaria y posibles opciones. También uniría a las agencias claves para que comiencen a dialogar acerca de cómo seguir la comunicación entre las agencias y las acciones.20

Aunque el participante principal, STRATCOM, nunca sería el único. Desarrollar una coordinación correcta entre las agencias, un habilitador necesario para esta misión, ayudaría a identificar las deficiencias, que podrían incluir procedimientos de notificación en caso de que se aproxime un asteroide, métodos y momentos para informar a los medios de comunicación y misiones de cooperación internacional para alterar la trayectoria de un asteroide rumbo a la Tierra. La coordinación correcta entre las agencias nacionales y externas que apoyan la mitigación (AFSPC, NASA, un programa de búsqueda, etc.) y aquellas agencias a cargo de lidiar con las consecuencias en caso de que la mitigación fracasase (FEMA, DHS, etc.) podrían explorarse eficazmente en el contexto de un escenario práctico. Ese tipo de iniciativa de coordinar las agencias para un evento masivo de esa índole probablemente produciría resultados a lo largo del espectro de las operaciones.

Tenemos que tratar muchos problemas de conveniencia y de presupuesto. Si a STRATCOM se le encomienda la tarea de la misión de defensa planetaria, el comando necesita aumentar significativamente su concienciación de la situación espacial para poder caracterizar la amenaza. No sólo necesitamos evaluar la conveniencia analizando las opciones de mitigación, analizando alternativas y estableciendo un plan de contingencia, sino que también tenemos que crear y ejecutar escenarios entre las agencias de mitigación y respuesta en caso de desastres para comprender las funciones de cada una. El esfuerzo inicial no tiene que ser grande en términos de personal y dólares. Una recomendación requiere que se establezca una oficina para crear planes CONOPS. Otra tiene que ver con contratar estudios, posiblemente de universidades importantes, para analizar arquitecturas alternativas para la detección y mitigación similares a la del Proyecto Ícaro del Instituto de Tecnología de Massachussetts.21 Una tercera iniciaría esfuerzos de la Agencia de la Defensa para Proyectos Avanzados de Investigación y del Laboratorio de Investigaciones de la Fuerza Aérea para ayudar a establecer el mejor curso de acción para desviar un asteroide que se aproxima (Figura 5). Además, un cuadro directivo pequeño de militares asignados a la NASA y FEMA podría ayudar en la integración de la planificación y crear líneas de comunicación. Los problemas de presupuesto son menos limitantes que la falta de autorización y un mandato claro. Mucho se puede lograr con una pequeña inversión, que llegaría a menos de doblar el presupuesto actual de $5 millones de dólares que se usa para buscar PHAs.22

Figura 5. Concepto del pintor de una aeronave espacial de mitigación de defensa planetaria desviando un asteroide con la Tierra y la Luna en la distancia.

Figura 5. Concepto del pintor de una aeronave espacial de mitigación de defensa planetaria desviando un asteroide con la Tierra y la Luna en la distancia. (The Asteroid Tugboat, painting by Dan Durda, in Rusty Schweickart, "Presentation to NASA’s NEO Study Workshop," 26 June 2006, slides 9, 10, 21, http://www.b612foundation.org/papers/AT-GT.pdf.) Courtesy of Dan Durda, FIAAA/B612 Foundation. El B612 consiste en un grupo de científicos y personal técnico preocupados con la falta de acción internacional o gubernamental actual para proteger a la Tierra de un impacto de NEAs. Ellos buscan "alterar significativamente la órbita de un asteroide de una manera controlada para el 2015" y establecer procedimientos y protocolo en caso de que un NEA esté en un rumbo de colisión con la Tierra. "The B612 Foundation," http://www.b612foundation.org/about/welcome.html (accesado 30 de octubre de 2007).

Conclusión

El primer, y el más importante paso en crear un plan de defensa planetaria, es encontrar un lugar dentro del gobierno de Estados Unidos para un programa de ese tipo, preferiblemente USSTRATCOM. Otras organizaciones resultarían disfuncionales o subóptimas para la seguridad de Estados Unidos. Mejoraríamos nuestras capacidades de defensa nacional trabajando bajo los auspicios de STRATCOM para perseguir tecnología que quizás no esté disponible o no progrese fácilmente si otra agencia la desarrollase. Estados Unidos no necesita una nueva agencia dedicada o la duplicación de esfuerzo inevitable que ésta crearía. Una vez que decidamos sobre una agencia principal, entonces nos dedicaríamos a elaborar un CONOPS, inclusive la creación de líneas de comunicación entre las agencias. STRATCOM no sería el único participante porque las políticas de mitigación exigirán capacidades que otras organizaciones poseen. Después de modificar los programas de búsqueda existentes, identificaríamos las opciones de mitigación que tienen que crearse y probarse. En el pasado han ocurrido extinciones en masa que verdaderamente podrían ocurrir nuevamente. La Tierra no está inmune a las colisiones con asteroides y cometas, pero podemos prepararnos para esos eventos estableciendo un plan sólido de defensa planetaria.

Washington, DC
Base Aérea Edwards, California

Notas

1. Michael J. S. Belton et al., eds., Mitigation of Hazardous Comets and Asteroids (Cambridge, UK: Cambridge University Press, 2004), 167; and Maria Pereyra, "Speed of a Bullet," in The Physics Factbook, ed. Glenn Elert, http://hypertextbook.com/facts/1999/MariaPereyra.shtml (consultado el 29 de diciembre de 2006).

2. "Protecting Earth from Asteroids and Comets," AIAA Position Paper (Reston, VA: American Institute of Aeronautics and Astronautics, October 2004), http://pdf .aiaa.org//downloads/publicpolicypositionpapers//Asteroids-Final.pdf (accesado 22 de enero de 2007); y "White Paper: Summary and Recommendations" (2007 Planetary Defense Conference, Washington, DC, 5–8 March 2007), http://www.aero.org/conferences/planetary defense/2007papers/WhitePaperFinal.pdf (consultado el 17 de agosto de 2007).

3. "Keeping an Eye on Space Rocks, Part II: Size Matters," NASA: Jet Propulsion Laboratory, http://www.jpl.nasa .gov/multimedia/neo/neo_flash2.cfm (consultado el 29 de octubre de 2007).

4. Peter Bobrowsky y Hans Rickman, eds., Comet/Asteroid Impacts and Human Society: An Interdisciplinary Approach (New York: Springer, 2007), 150. "Los sensores de los satélites de aviso contra misiles muestran una cifra significativa de impactos de asteroides en la atmósfera superior, más de 30 al año, a menudo lanzando un exceso de 10 kilotoneladas de energía en explosiones en el aire". House, Statement of Brigadier General Simon P. Worden, Deputy Director for Operations, United States Strategic Command, before the House Science Committee Space and Aeronautics Subcommittee on Near-Earth Object Threat, 107th Cong., 2d sess., 3 October 2002.

5. Clark R. Chapman, científico, Southwest Research Institute, Boulder, Colorado, correo electrónico a los autores el 23 de julio de 2007.

6. Bobrowsky y Rickman, Comet/Asteroid Impacts and Human Society, 286.

7. Alan W. Harris, "Evaluation of Present and Future Ground-Based Surveys and Implications of a Large Increase in NEA Discovery Rate" (2007 Planetary Defense Conference, Washington, DC, 5–8 March 2007), http://www.aero.org/conferences/planetarydefense/2007papers/S1-3--Harris-Brief.pdf (consultado el 20 de agosto de 2007).

8. William E. Burrows, The Survival Imperative: Using Space to Protect Earth (New York: Forge Books, 2006), 33.

9. Lt. Col. Rosario Nici y 1st Lt. Douglas Kaupa, "Planetary Defense: Department of Defense Cost for the Detection, Exploration, and Rendezvous Mission of Near-Earth Objects," Airpower Journal 11, no. 2 (Summer 1997): 96, http://www.airpower.maxwell.af.mil/airchronicles/apj/apj97/sum97/nici.html (accesado 15 de enero de 2007).

10. Christopher F. Chyba, Paul J. Thomas, and Kevin J. Zahnle, "The 1908 Tunguska Explosion: Atmospheric Disruption of a Stony Asteroid," Nature 361, no. 6407 (7 January 1993): 40–44, http://www.nature.com/nature/journal/v361/n6407/abs/361040a0.html (consultado el 20 de agosto de 2007).

11. Bobrowsky y Rickman, Comet/Asteroid Impacts and Human Society, 211-13.

12. David E. Fastovsky and David B. Weishampel, The Evolution and Extinction of the Dinosaurs, 2d ed. (Cambridge, UK: Cambridge University Press, 2005), 425–32.

13. Duncan Steel, Target Earth: The Search for Rogue Asteroids and Doomsday Comets That Threaten Our Planet (New York: Reader’s Digest Association, 2000), 40–41, 102–3.

14. Robert Roy Britt, "Earth Safe from Ultra-Close Asteroid Flyby Today," Space.com, 18 March 2004, http://www
.space.com/scienceastronomy/asteroid_flyby_040318
.html (consultado el 19 de enero de 2007).

15. Belton et al., Mitigation of Hazardous Comets and Asteroids, 168; and Alan Chamberlin, "Near-Earth Asteroid Discovery Statistics," NASA: Near Earth Object Program, http://neo.jpl.nasa.gov/stats (consultado el 4 de febrero de 2007).

16. "What Is a PHA?" NASA: Near Earth Object Program, http://neo.jpl.nasa.gov/neo/groups.html (consultado el 4 de febrero de 2007).

17. David C. Aronstein, Michael J. Hirschberg, and Albert C. Piccirillo, Advanced Tactical Fighter to F-22 Raptor: Origins of the 21st Century Air Dominance Fighter (Reston, VA: American Institute of Aeronautics and Astronautics, 1998), 1.

18. United States Strategic Command, http://www.stratcom.mil (consultado el 10 de febrero de 2007).

19. North American Aerospace Defense Command, http://www.norad.mil (accessed 30 October 2007); and "Service Components," United States Strategic Command, http://www.stratcom.mil/organization-svc_comp.html (consultado el 30 de marzo de 2007).

20. La Dirección de Planes Estratégicos de la Fuerza Aérea, que tiene la responsabilidad bajo el Título X de llevar a cabo los Juegos de Guerra Futuros de la Fuerza Aérea, podría fácilmente auspiciar ese tipo de juego de guerra a un nivel lo suficientemente alto.

21. MIT students, Project Icarus, rev. ed. (Cambridge, MA: MIT Press, September 1979).

22. Belton et al., Mitigation of Hazardous Comets and Asteroids, 168.


 Colaborador

*El Tte. Cnel. Garretson es jefe de la Sección de Exploración de Ciencia y Tecnología Futura, Cuartel General de Conceptos Futuros y Transformación de la Fuerza Aérea de EE.UU., Washington, D.C. El Mayor Kaupa, destacado en la Base Aérea Edwards, California, es un piloto de prueba operacional y director de pruebas para el programa más importante de adquisición del Jefe de Estado Mayor de la USAF, el KC-45ª-.


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