Publicado: 1ero de abril de 2009
Air & Space Power Journal - Español  Primer  Trimestre 2009


Defensa Planetaria

Eliminando el Factor de la Duda

Coronel (USAF) Martin E. B. France

Defensa Planetaria

"Image copyright Dan Durda / B612 Foundation
 and FIAAA".

EL FACTOR DE LA DUDA (FD). Mencionen "defensa planetaria" y dentro de poco entenderán. Inclusive sin invocar la visión siniestra de seres extraterrestres que llegan a esclavizar o a destruir la humanidad, las cejas de los integrantes serios y más antiguos de las comunidades de la defensa nacional y científicas se tuercen cuando se aborda el tema, ya sea durante cócteles o audiencias presupuestarias del Congreso. Inclusive el más ardiente de los partidarios de defender la Tierra de impactos cometarios o asteroidales cataclísmicos comparten risitas ahogadas en público o en privado con colegas o escépticos, un comportamiento que se considera inconcebible cuando se discuten los medios para desviar o mitigar epidemias catastróficas, guerras de agresión y genocidio y desastres naturales que han salpicado la historia del hombre en la Tierra.

Pero el FD no aminora la prueba de que la amenaza existe; mensurable e histórica, pero en gran parte impredecible. Sin embargo, sí continúa nublando un grave problema al generar una olla singular de dependencias gubernamentales, grupos internacionales y organizaciones y corporaciones de investigación públicas y privadas a las cuales les encantaría recibir reconocimiento por el sistema resultante (si alguna vez se empleara exitosamente), con gusto aceptarían un trozo del pastel multibillonario que acompañaría a todo un sistema de defensa planetaria o justificar el financiamiento y desarrollo prolongado de sistemas que podrían estar atados a una misión de defensa planetaria. No obstante, endilgadas a cada uno de estos participantes están las connotaciones negativas de participar en un programa con un alto FD percibido por el público que puede que nunca se emplee durante la vida de un ser humano, suscita las sospechas de posibles adversarios militares, y de todas maneras puede que no funcione.

¿Quién debe encabezarlo? ¿Quién debe participar? ¿Quién debe sufragarlo? Las respuestas aún no están claras, pero ha llegado el momento de dejar las dudas, establecer el problema, ordenar la olla y tomar serias medidas hacia la defensa común del planeta.

La amenaza es real. Ataques del espacio presentados en difusiones y en noticias impresas durante la última década, en revistas y libros de letrados del último siglo, al igual que en los registros geológicos, documentan ataques de asteroides y cometas. Varios libros y artículos publicados recientemente presentan pruebas arrolladoras de ataques de asteroides grandes que se remontan millones de años que han tenido un impacto profundo en la evolución de nuestro planeta. Un objeto que impactó a la Tierra 214 millones de años atrás, causó el Cráter Manicouagan en Quebec el cual tiene 100 kilómetros de ancho, mientras que 65 millones de años atrás un asteroide cuyo diámetro se calcula haya sido de 10 kilómetros, causó un cráter de 180 kilómetros frente a la costa de la Península de Yucatán, y hoy se le reconoce con haber librado al mundo de la amenaza de los dinosaurios.1 Desde el descubrimiento de estos y otros cráteres alrededor del mundo, varios investigadores han definido una frecuencia para los impactos de asteroides en la clase de 10 kilómetros de 26-30 millones de años que se remontan a más de 600 millones de años, con una repetición menos singular de objetos más grandes.2 La frecuencia de los ataques de asteroides con tamaños de 10 kilómetros se correlaciona razonablemente bien (dentro del margen de error de fechas geológicas) con acontecimientos de extinción global (tanto como diez) que se repiten en un ciclo de 26 millones de años que se remontan a 260 millones de años. Afortunadamente, el último de esos acontecimientos (Mioceno Medio) ¡ocurrió hace aproximadamente 16 millones de años!3

A una distancia segura en tiempo del próximo ciclo de extinción importante—teorías para la causa de los cuales están más allá del alcance de este artículo—un análisis de impactos más recientes y que casi suceden producen motivo para preocuparnos. Indudablemente, el acontecimiento de Tunguska es el ejemplo más prominente de la defensa planetaria, nombrado así por la región siberiana escasamente poblada sobre la cual un asteroide de 100,000 toneladas métricas (cálculo) explotó a una altitud de seis kilómetros el 30 de junio de 1908 con la energía de 2,000 bombas nucleares del tamaño de las de Hiroshima. Árboles fueron derrumbados por más de 2,150 kilómetros cuadrados, y los incendios resultantes arrasaron el doble de esa área.4 La onda de choque ocasionada por la explosión circunnavegó el globo, y fue registrada en Potsdam, Alemania, días después.5

Si bien la última pérdida de vidas propagada ocasionada por un impacto cósmico fue confirmada en China en 1490 (alrededor de 10,000 muertos), un "mini Tunguska" sucedió sobre Nueva Guinea en 1994 con energía resultante de la explosión de 11 kilotoneladas.6 Cualquiera de los nueve fragmentos cometarios (designados Shoemaker-Levy 9) de cuyos espectaculares impactos jovianos fuimos testigos en 1994, hubiese ocasionado tremendos daños a la Tierra, mucho más que aquellos vistos en Tunguska. Dos impactos que casi suceden (asteroides 1989FC y Toutatis en 1989 y 1992, respectivamente) también destacaron nuestra vulnerabilidad. Toutatis, con su diámetro de 4 kilómetros, poseía la energía de 9 millones de megatoneladas de TNT mientras pasaba a menos de dos distancias lunares de la Tierra,7 y 1989FC pasó a una distancia similar sin avisar—¡nunca antes se había catalogado!

Como nota final en un intento de destacar la amenaza que constituyen los asteroides de todos los tamaños, uno sólo tiene que remontarse unos meses atrás y un poco hacia el norte al territorio del Yukón de Canadá. El 18 de enero de 2000, un pequeño meteoro (calculado de varios kilogramos) entró en la atmósfera de la Tierra y explotó a una altitud de alrededor de 25 Km. Si bien la explosión (equivalente a entre dos y tres kilotoneladas de TNT) estremeció casas y fue presenciado sobre un área de miles de millas cuadradas en esta región escasamente poblada, el efecto más interesante sorprendió a muchos observadores.8 Parece que la explosión del meteoro produjo un impulso electromagnético similar al de un dispositivo nuclear de rendimiento bajo—un efecto de bombas nucleares que se conoce tiene consecuencias fatales para el equipo electrónico y a menudo previsto como un precursor a un ataque nuclear remediando la Guerra Fría.

En la Figura 1, arriba, se ilustra el impulso parásito de voltaje medido en la rejilla de potencia del Yukón.9 Este impulso parásito, a su vez, ocasionó una interrupción de potencia sobre un tercio de la provincia. Unas horas más tarde la energía fue restaurada. Al imaginar un incidente similar sucediendo sobre un área metropolitana importante, las posibilidades de daños, pánico y mala interpretación parecen significativos. Un meteoro de este tamaño puede que no sea lo suficientemente grande como para poder identificarlo por adelantado para poder desviarlo (y el coste de destruirlo o desviarlo puede que no justifique una operación de esa índole), pero su detección oportuna y el aviso subsiguiente de su ataque anticipado podría salvar muchas vidas y disminuir en gran medida los daños a la propiedad. Además, el acontecimiento sirve como otro recordatorio vivo de la frecuencia con las que ocurren reentradas de meteoros y asteroides con resultados que se pueden medir.

 Voltaje de rejilla de potencia del Yukón

Figura 1. Voltaje de rejilla de potencia del Yukón, 18 de enero de 2000

El cálculo actual de objetos cercanos a la Tierra (NEOs, por sus siglas en inglés) más grandes que un kilómetro en diámetro es de alrededor de 2,000, con base en más de 200 observaciones y la cantidad de espacio que aún queda por investigarse completamente. Con base en esta información y otros datos relacionados con la frecuencia de impactos a gran escala en la Luna y de regiones del globo con expedientes históricos de impactos más completos (por ejemplo, Australia, donde la vegetación dispersa y el clima árido se combinan para limitar el desgaste de cráteres), los científicos calculan que la probabilidad de morir en Estados Unidos a causa de un impacto de asteroide o cometa es 1 en 20,000.10 En comparación, las probabilidades de morir en un accidente de aeronave es también alrededor de 1 en 20,000, morir en un tornado es 1 en 60,000 y la muerte ocasionada por mordidas o picadas venenosas 1 en 100,000. Sin embargo, es más probable que usted muera en un accidente automovilístico (1 en 100), lo asesinen (1 en 300) o se electrocute (1 en 5,000) que morir como resultado de un impacto cósmico.11

Quizás el mayor reto intelectual en lidiar con esta amenaza es la probabilidad anual
extraordinariamente baja de la ocurrencia acompañada de las consecuencias
 incomparablemente extraordinarias.12 La probabilidad más alta de lo esperado de "morir
a causa de un asteroide" se atribuye a la suposición que ningún acontecimiento, a menos que sea una guerra nuclear global, tiene el potencial de matar a miles o cientos de millones de personas—más que explicar la poca probabilidad de que ocurra un impacto a gran escala. Sin embargo, no hay ninguna "historia relevante" de que el ataque de un asteroide haya causado un acontecimiento catastrófico global, entonces aún si fuese inevitable que ese ataque ocurriese algún día, pocos pueden interiorizar el riesgo o considerar una necesidad para tomar medidas. Los cambios políticos necesitan grupos interesados y las "personas que serían lesionadas por un impacto" sencillamente no constituyen un grupo de personas interesadas en la actualidad que se pueda identificar13—a diferencia de millones que luchan por obtener fondos para disminuir aún más esas amenazas que, estadísticamente, son menos probables que los maten (por ejemplo, accidentes de energía nuclear).

Antes de que se emprendan discusiones sobre cómo mitigar la amenaza planteada por asteroides y cometas, esos objetos se tienen que encontrar. Entonces, el primer paso activo en la implementación de cualquier sistema de defensa planetaria tiene que ser la vigilancia eficaz del espacio—no solamente rastrear objetos conocidos cuya trayectoria podría cambiar con el tiempo, sino también identificar y catalogar NEOs amenazadores en trayectorias que cruzan con la Tierra, y asteroides y cometas "únicos" que vienen de mucho más allá en el Sistema Solar.

Antes de 1990, los astrónomos identificaban asteroides al azar buscando la Faja de Asteroides entre Marte y Júpiter, aproximadamente a una distancia de 200,000,000 Km. Relativamente pequeña y apenas visible, la luz reflejada por un objeto de un kilómetro a esa distancia es igual a una magnitud estelar de alrededor de 22*, exigiendo un telescopio de apertura de dos metros basado en tierra para identificarlo y rastrearlo. Sin ningún plan organizado para catalogar los cielos, los expertos calculan que pasarían varios siglos antes que todos los posibles asteroides que cruzan la Tierra (ECAs, por sus siglas en inglés) se identificasen—con base en la cantidad del cielo que ya ha sido estudiado, el ritmo de la búsqueda y el número de objetos detectados y previstos.14

No obstante, en 1990, en medio de preocupaciones sobre el peligro ocasionado por impactos cósmicos por el 1989FC y la inevitable atención que creó en los medios de comunicación, el Congreso le ordenó a la NASA que llevase a cabo dos talleres para discutir los medios para lidiar con la amenaza NEO—uno sobre detección, el otro sobre interceptación—como parte de la ley de Autorización de la NASA que dura varios años. La meta del taller de detección, que se llevó a cabo en enero de 1992, fue acelerar la identificación de ECAs, completando un censo en menos de 25 años. El resultado del taller de detección, un plan denominado Spaceguard Survey, tomó el nombre de un proyecto similar descrito por el autor de ciencia-ficción, Sir Arthur C. Clarke 20 años antes en su novela Cita con Rama.15

El 24 de marzo de 1993, funcionarios de la NASA presentaron el "Spaceguard" al Congreso. Los presidentes de los dos talleres mencionados anteriormente, David Morrison (detección) y John Rather (intercepción), acompañados de Wesley Huntress, Administrador Adjunto para Ciencias Espaciales de la NASA, declararon ante el Subcomité del Espacio del Comité sobre Ciencia, Espacio y Tecnología de la Cámara de Representantes. Las recomendaciones del taller de detección para Spaceguard se concentraron en la identificación de NEOs de un kilómetro en diámetro o más, con base en asteroides de uno a dos kilómetros representando el umbral en el cual se podría causar una catástrofe global. El tamaño relativamente grande de estos objetos también significa que se pueden localizar usando telescopios basados en tierra, en lugar de sistemas más costosos basados en el espacio cuyo diseño y desplazamiento podría tomar muchos años más.16 Para detectar esos objetos, Morrison y los participantes del Taller de Detección, propusieron una red de seis telescopios fabricados especialmente, cada uno con una apertura de dos a tres metros—tamaño intermedio según las normas astronómicas vigentes—equipados con detectores electrónicos modernos de formato grande. El uso de técnicas electrónicas nuevas es especialmente crítico para disminuir el tiempo que se necesita para completar el catálogo, en vista de que esfuerzos anteriores se basaban en un análisis de películas fotográficas que requería mucha mano de obra.17 Ese tipo de sistema también podría identificar cometas anteriormente desconocidos cuando estuvieran cerca de la órbita de Júpiter, proporcionando como mínimo dos años de aviso antes de que pasaran o golpearan la Tierra—esperando que fuese suficiente tiempo para construir y lanzar una misión para desviar o destruir la amenaza.

Para llevar a cabo la tarea de identificación dentro del periodo proyectado, el grupo de Morrison calculó un coste total de alrededor de $300 millones de dólares durante los próximos 23 años (dólares ajustados por la inflación, 1993), con $50 millones de dólares dedicados a inversión de capital (seis telescopios de $6 a $8 millones de dólares cada uno más otra infraestructura) y de $10 a $15 millones de dólares por año en costes operacionales. Ellos recomendaron que este financiamiento se compartiese entre muchos países, especialmente países tales como Australia que sería anfitriona de un telescopio de sondeo—y que el financiamiento adicional de la NASA abarcara el programa comenzando en el año fiscal 1993 con $3 millones de dólares, por un total de $49 millones entre el año fiscal 1993 y el año fiscal 2000.18 Lamentablemente, se hizo muy poco en respuesta al informe Spaceguard. No se compraron telescopios y la NASA solamente aportó una pequeña cantidad de dinero—mucho menos de $1 millón de dólares, lo que apenas alcanzaba para mantener vivo el esfuerzo básico y continuo en Estados Unidos.19

La prensa, y como resultado el Congreso, fueron una vez más vigorizados por la amenaza NEO durante 1994 cuando fragmentos del espectacular cometa Shoemaker-Levy 9 golpearon a Júpiter y fueron mostrados en tiempo real por la Internet y en la televisión. Las audiencias se llevaron a cabo en el Capitolio y congresistas decididos nuevamente tomaron medidas arrojadas nombrando otro comité para recomendar cursos de acción. El Dr. Gene Shoemaker encabezó un Grupo de trabajo encargado de estudiar objetos cercanos a la Tierra, cuyo resultado se conoce propiamente como el "Informe Shoemaker".20

El Informe Shoemaker recomendó una meta más emprendedora de encontrar el 90% del número calculado de asteroides cercanos a la Tierra y cometas de periodos cortos mayores de 1 kilómetro en 15 años, o en 10 años si la Fuerza Aérea de Estados Unidos y las agencias internacionales empleasen sus recursos para aumentar significativamente los esfuerzos de la NASA. El grupo de trabajo calculó que el coste de ese tipo de programa sería de alrededor de $60M durante 15 años (dólares ajustados por la inflación, 1995), inclusive $24M en costes iniciales durante los primeros cinco años para comprar dos telescopios de apertura de dos metros y equipar varios nuevos y existentes telescopios de un metro con detectores electrónicos avanzados y el software descrito anteriormente.22

Choque contra Júpiter

Figura 2. "Fragmento G" del
Shoemaker-Levy choca contra Júpiter,
18 de julio de 1994
21

Un componente clave del Informe Shoemaker, al igual que el Spaceguard Survey, fue su carácter internacional. Sin embargo, parece que la mayoría de las naciones interesadas en la amenaza NEO aún están esperando que Estados Unidos tome la delantera. Por ejemplo, Rusia cuenta con la tecnología y el interés (Tunguska) entre sus comunidades de astronomía y militares para desempeñar un papel significativo en el Spaceguard Survey, pero circunstancias económicas han evitado que ellos tomen la iniciativa. Recientemente, Australia se ha alejado de su novato programa de telescopios, que desempeñó un papel crítico en confirmar los NEOs que otros telescopios vieron primero desde su singular ubicación en el hemisferio sur, e intentos internacionales de exhortar al gobierno australiano para que reanude el programa que han fracasado.23 El Reino Unido, hogar de algunos de los observadores de NEOs más entusiastas, organizaron una "Fuerza de Tarea sobre NEOs" encabezada por el Dr. Harry Atkinson. Este grupo de cuatro científicos cuenta con fondos limitados y solamente tiene la tarea de hacer recomendaciones al Gobierno de Su Majestad a mediados del 2000 sobre cuál sería la mejor manera para el Reino Unido de contribuir a las iniciativas internacionales sobre NEOs.24 Además, Spaceguard es un consorcio indefinido y voluntario de observatorios internacionales y partes interesadas que sirve para diseminar la identificación de NEOs a grupos interesados y colegas participantes.

La última ronda de testimonios ante el Congreso sobre el tema de NEOs se llevó a cabo el 21 de mayo de 1998. Las palabras de apertura por el Honorable Dana Rohrbacher, Presidente del Subcomité sobre el Espacio y Astronáutica, aclaran que su motivo por convocar esta audiencia en el Día del Espacio no era estrictamente bipartidista. Por mucho tiempo partidario de la detección y mitigación de NEOs, al igual que otros programas espaciales civiles y militares, el Representante Rohrbacher se molestó porque la NASA no había comprometido fondos para la detección de NEOs en cumplimiento a las recomendaciones del Informe Shoemaker. Aparentemente, NASA había exacerbado su desagrado al reprogramar $50M dólares para financiar la idea del Vicepresidente Al Gore de fabricar y lanzar un satélite que se "sentaría" en un punto Lagrange entre la Tierra y el Sol** y sencillamente enviar una imagen constante de la Tierra a los usuarios de Internet en todos los lugares. El Representante Rohrbacher sugirió que la "idea descabellada" del vicepresidente podría resultar útil "si quisiéramos observar desde la distancia como los asteroides pulverizan la Tierra".25 La audiencia también fue motivada por el veto del presidente a un renglón de financiamiento en el otoño de 1997 para el interceptor de asteroides, Clementine II***, de la Fuerza Aérea, al igual que el estreno inminente de las películas Impacto Profundo y Armagedón.

Las audiencias del 21 de mayo de 1998 constituyeron una "verificación de la condición" del progreso en identificar NEOs y los métodos para mitigar su amenaza después del antes mencionado Spaceguard Survey y el Informe Shoemaker. Declarando ante el comité hubo representantes de la NASA, el ámbito académico, laboratorios nacionales de investigación y corporaciones de investigación y desarrollo financiadas por el gobierno federal. A pesar del hecho de que gran parte del progreso en la detección de NEOs se puede atribuir directamente a la cooperación del Departamento de Defensa (DoD), ningún panelista militar fue invitado a las audiencias. Miembros del panel reconocieron ampliamente la participación de los militares en la detección de NEOs, y sugerencias para aprovecharse aún más de las capacidades de vigilancia del espacio de los militares desempeñó un papel importante en las audiencias.

En los años desde que se publicó el Informe Shoemaker, varias fuentes han sugerido que el DoD, específicamente la Fuerza Aérea de Estados Unidos, desempeñe un papel de más envergadura en la búsqueda de NEOs. Bell et al y Chapman, entre otros, recomendaron que se usaran los telescopios existentes de la Fuerza Aérea de apertura de 1 m del Sistema electro-óptico de observación del espacio profundo basado en tierra (GEODSS, por sus siglas en inglés).26, 27 El primer uso del telescopio GEODDS bajo el programa de rastreo de asteroides cercanos a la Tierra (NEAT, por sus siglas en inglés) del Laboratorio de Propulsión de la Fuerza Aérea (JPL), comenzó en el borde del cráter Haleakala en Maui en 1996. Sin embargo, la Fuerza Aérea cortó el tiempo concedido a la misión NEAT a seis noches por mes a inicios de 1998, reduciendo drásticamente su posible contribución a la identificación de NEOs.28 Desde ese momento, la Fuerza Aérea quitó la cámara NET en septiembre de 1998 para completar el Programa de modernización de GEODSS de la Fuerza Aérea y desde entonces la volvió a instalar en el telescopio de apertura de 1,2 metros del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea en Maui. Desde entonces se han reanudado las operaciones de rutina de detección de NEOs.29

La Fuerza Aérea también ha financiado el desarrollo del programa Lincoln de investigación de asteroides cercanos a la Tierra (LINEAR, por sus siglas en inglés) como un prototipo de la próxima generación de detectores GEODSS. Un solo sistema LINEAR comenzó las operaciones a inicios de 1998 en Socorro, New Mexico,30 y, según el testimonio del Dr. Carl Pilcher de la NASA, su organización ahora está preparada para el control del financiamiento del programa LINEAR.31 En la actualidad LINEAR es responsable de alrededor de la mitad de la tarea de exploración de NEOs en el mundo—alrededor de 8.000 grados cuadrados de cielo por mes.32 Esto corresponde al 40% de la meta de exploración establecida por el Spaceguard Survey y el Informe Shoemaker y es el motivo principal por lo que el régimen de detección de NEOs de 1 Km. y más se ha elevado recientemente. Antes de la publicación del Informe Shoemaker, se habían localizado 188 NEOs de esta clase. Entre julio de 1995 y abril de 1998, los telescopios para la búsqueda de NEOs solamente identificaron 40 más. Sin embargo, desde entonces más de 110 nuevos NEOs fueron identificados.33 De hecho, el Dr. Pilcher ahora cree que la NASA y sus socios nacionales e internacionales están bien encaminados hacia alcanzar las metas del Informe Shoemaker—identificar el 90% de NEOs mayores de 1 Km. durante los próximos 10 años. Parece que ahora la NASA está lista para financiar los programas de detección al nivel ordenado por el Congreso, aunque aún quedan algunas incertidumbres en cuanto a cuál organización debe, en un final, coordinar el esfuerzo.34

Los candidatos que actuarán como coordinadores de la búsqueda de NEOs y los esfuerzos de catalogarlos van desde organizaciones gubernamentales de Estados Unidos, tales como la NASA y el Comando Espacial de Estados Unidos, hasta entidades internacionales tales como la Unión Geofísica Internacional (IGU, por sus siglas en inglés), la Unión Astronómica Internacional (IAU, por sus siglas en inglés) y el Comité Espacial de las Naciones Unidas. La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) hasta la fecha no ha desempeñado ningún tipo de papel en cuanto al tema de los NEOs.*** La IGU en la actualidad recopila la información sobre NEOs proveniente de alrededor de 30 diferentes países, pero no cuenta con su propio financiamiento. El Dr. Pilcher, durante su testimonio ante el Congreso, recomendó unir a todas las entidades antes mencionadas, junto con otras partes interesadas para que sometieran un plan a la ONU para aprobación y participación.35 Otros dudan que una confederación independiente de esa índole pueda encabezar eficazmente un programa tan emprendedor, particularmente si los cazadores de NEOs identificasen una amenaza real a la Tierra y se necesitasen medidas para desviar o destruir el asteroide.

El defensor principal de la detección y mitigación de NEOs dentro del DoD es el General de Brigada (selecto) Simon P. "Pete" Worden, quien en la actualidad se desempeña como Director Adjunto para el Mando y Control (XOC), reportándose al Subjefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea para Operaciones Aéreas y Espaciales en el Pentágono. Worden, capacitado como un astrónomo investigador con un PhD de la Universidad de Arizona, es quizás mejor conocido en la comunidad espacial y de astronomía como el director de la sonda lunar Clementine de 1994 que orbitó alrededor de la Luna y encontró algunas de las primeras pruebas de agua posiblemente escondida en la tierra de los cráteres polares ahí. Clementine II, mencionada anteriormente, planificaba un encuentro con un asteroide hasta que el veto de partidas específicas del Presidente Clinton eliminó el programa. Durante una serie de asignaciones a la Oficina de la defensa contra misiles balísticos (BMDO, por sus siglas en inglés), el Gabinete de la Casa Blanca, el Comando Espacial de la Fuerza Aérea y el Estado Mayor de la Fuerza Aérea, Worden defendió el uso de GEODSS y el desarrollo de LINEAR para que pudiese catalogar asteroides en la clase de 1 Km., al igual que la explotación de tecnologías de micro satélites para identificar NEOs más pequeños y como un método económico para desviar asteroides que amenacen a la Tierra.

El 7 de febrero de 2000, Worden prendió una tormenta de fuego leve dentro de la comunidad NEO cuando él sometió un ensayo proponiéndole al grupo de discusión electrónica de la Red de Conferencia Cambridge**** que el DoD fuese el líder de las iniciativas internacionales para detectar, estudiar y (de ser necesario) defender en contra de NEOs. Sin la intención de ser una declaración oficial de la política del gobierno de EE.UU. o del Departamento de la Fuerza Aérea, la opinión personal de Worden fue que si bien la identificación de asteroides de 1 Km. parecía progresar a un paso suficientemente rápido (de hecho, acelerado), los gobiernos y los astrónomos estaban pasando por alto los objetos de 100 metros o de la "Categoría Tunguska" que atacan varias veces durante un siglo. Worden expresó el reto en términos de la concienciación de la situación espacial, destacando que la comunidad espacial estadounidense, particularmente el DoD y la NASA, están comenzando a comprender la importancia de identificar y rastrear prácticamente todo en la órbita de la Tierra para proteger las operaciones pacíficas ahí, ahora y en el futuro. Las herramientas basadas en tierra y en el espacio empleadas para lograr esa concienciación a una distancia cercana también servirían en gran medida para mejorar la detección de NEOs mucho más pequeños que los mencionados en Spaceguard o Shoemaker, pero que aún son capaces de ocasionar muertes y destrucciones considerables en la Tierra.36

Worden acepta que la preponderancia de la capacidad de poder detectar NEOs es estadounidense y recomienda que otras naciones no inviertan dinero en duplicar la red de sensores de Estados Unidos. En lugar de gastar cientos de millones de dólares en telescopios y sensores, él alega que la economía sencilla sostiene que esta porción del problema NEO se le ceda a las fuerzas armadas estadounidenses, aunque él acepta que no todos en el DoD están ansiosos por asumir la tarea NEO.

En lugar de ello, países europeos y otros podrían apelar a su resistencia diseñando micro satélites en la categoría de 100 Kg. que cuestan alrededor de $5—10M dólares para construirlos y una cantidad equivalente para lanzarlos. Varios grupos europeos encabezan el mundo en el diseño de estos micro satélites (por ejemplo, la Universidad de Surrey en el Reino Unido), gracias en gran medida, a la aptitud de los lanzadores Ariane IV y V de la Agencia Espacial Europea de transportar hasta ocho micro satélites como cargas útiles auxiliares a un coste de alrededor de $1M dólares por satélite.***** La NASA, instituciones académicas y compañías aeroespaciales estadounidenses han comenzado a diseñar micro satélites para misiones espaciales de exploración científicas y planetarias, mientras que el DoD está comenzado a diseñar micro satélites para darle mantenimiento y reabastecer de combustible a satélites de misiones más grandes. La combinación de estos sistemas nacionales e internacionales debe dar lugar a una amplia gama de misiones de bajo coste a NEOs, inclusive misiones para caracterizar completamente su estructura y, posiblemente, traer muestras de regreso a la Tierra. Los micro satélites más avanzados luego podrían ayudar en la observación y registros de NEOs ya que aún hay la duda de si los sensores basados en tierra existentes en la Tierra puede detectar todos los objetos que posiblemente constituyen una amenaza.37

Worden recomienda que estos estudios in situ de los NEOs empleando micro satélites de bajo coste comiencen inmediatamente y en ellos deben participar NASA, ESA, agencias espaciales de otras naciones, al igual que el DoD, y deben usar la tecnología más moderna para reunirse, inspeccionar, tomar muestras e inclusive impactar NEOs para estudiar su composición y estructura. Un coste calculado de alrededor de $10M-$20M de dólares por misión, inclusive reducción de datos y lanzamientos, convierte a estos estudios en un prospecto más asequible que el costo de $60M-$200M dólares de misiones dedicadas de satélites de tamaño completo. Él continua mencionando la decisión reciente del Reino Unido de organizar una fuerza de tarea NEO oficial, mencionada anteriormente, y las contribuciones significativas por académicos canadienses para apoyar el estudio de las tormentas del meteoro Leonid de 1998 y 1999 como prueba del interés formal en los NEOs y la voluntad de participar en programas más activos.38

Worden continúa sugiriendo que el tiempo y el dinero necesarios para diseñar sistemas de mitigación contra NEOs hoy va en contra de esa iniciativa hasta tanto surja una amenaza auténtica. Esto también evitaría gran parte de la consternación política que surge de algunos expertos en armas nucleares que abogan por la retención de esas armas e inclusive llevar a cabo pruebas en el espacio. Esas pruebas serían de valor dudoso ya que no podemos desviar con confianza un NEO hasta que sepamos mucho más acerca de su estructura. Una década de misiones dedicadas de micro satélites para caracterizar la amenaza y la mejor manera de ingeniar los medios para la mitigación (inclusive impactar algunos NEOs pequeños como un experimento secundario) rendiría la experiencia necesaria en caso de que surja una verdadera amenaza.39

De hecho, la NASA y otras organizaciones ya han enviado naves espaciales para investigar cometas y asteroides, aunque a un coste más considerable y con menos frecuencia de lo que propone Worden con su micro satélite.****** El satélite NEAR (Encuentro con asteroide cercano a la Tierra) pasó por el asteroide Mathilde en 1998 y a inicios de este año se encontró con Eros.40 NEAR está actualmente en órbita alrededor de Eros y aunque no regresará a la Tierra con muestras del asteroide, está llevando a cabo observaciones y estudios a distancia del objeto que es alrededor del doble del tamaño de la isla de Manhattan. De hecho, las características de Mathilde y de Eros ya descubiertas por NEAR, destacan posibles problemas que enfrentaremos en caso de que necesitemos desviar un asteroide en el futuro. La densidad de Mathilde es solamente 30% más grande de la del agua y está marcado por algunos cráteres inesperadamente grandes que sugieren que el asteroide contiene vacíos internos y es capaz de absorber tremendas cantidades de energía sin fragmentarse. Eros es un tanto más pequeño, pero más denso que Mathilde y también cuenta con cráteres considerables (ver Figura 3).

La idea de que la Fuerza Aérea desempeña un papel principal en la detección y mitigación de NEOs es apoyada con poco entusiasmo, si acaso, por la Fuerza Aérea colectiva. Mientras no se pueda encontrar ninguna mención de la defensa planetaria en la Visión a largo plazo del USSPACECOM,41 la aptitud de "detectar objetos que cruzan la Tierra" aparece entre las deficiencias del Comando Espacial de la Fuerza Aérea. Sin embargo, está clasificada en el fondo de las necesidades del control del espacio del Comando Espacial, y en los puestos 62, 54 y 53 en general de las 65 deficiencias generales en orden de prioridad del comando a corto plazo, mediano plazo y largo plazo, respectivamente.42 Un artículo publicado recientemente en el Air and Space Power Journal de la Fuerza Aérea, escrito por la Tte. Cnel. Cynthia McKinley sugiere que la misión para la vigilancia espacial y la mitigación de escombros y asteroides se le entregue a un "Guardián del Espacio", ya que ella nombraría una dependencia aparte organizada para patrullar y proteger los recursos en el espacio de la misma manera que la Guardia Costera de EE.UU. lo hace en el mar.43 No obstante, esta opinión no es una política oficial de la Fuerza Aérea y es poco probable que lo sea en el futuro previsible.

Foto del asteroide Eros

Figura 3. Foto del asteroide Eros tomada desde la nave especial eros en la órbita de 200 Km.

La comunidad científica tampoco está unida detrás de las propuestas de Worden. Aunque muchos ven mérito en sus opiniones, otros (inclusive algunos subscriptores al CCNet) dudan de si definir la detección de NEOs como una misión militar impediría la cooperación científica e internacional o podría nuevamente ser una excusa conveniente para diseñar tecnologías críticas para un sistema nacional de defensa de misiles, nuevamente alzando el espectro de armar el espacio.

Entonces, ¿dónde estamos? El ensayo del General de Brigada (selecto) Worden hace un excelente argumento por la prioridad de detección y caracterización en lugar de los esfuerzos de mitigación. Si no podemos organizar y ejecutar un plan coherente para lograr estas dos primeras tareas, entonces parecería verdaderamente insensato establecer un programa financiado enfocado en la mitigación. Solo el GF defiende la concretización de la amenaza (tanto físicamente y ante el público) antes de dotar de personal las estaciones de batalla. El Congreso y el pueblo norteamericano obviamente consideran a la NASA la agencia principal por el momento basado en testimonios ante el Congreso, financiamiento y programas espaciales en curso y futuros. Con base en los testimonios ante el Congreso, evidentemente la NASA quiere mantener el control de los fondos y la supervisión, a la vez que el Congreso duda
del compromiso de la NASA con esas misiones por motivos políticos partisanos y el
expediente histórico de apoyo indiferente en el pasado.

Sin embargo, la Fuerza Aérea, está al mando de la mejor parte de los recursos necesarios para completar la tarea de identificación, tanto en tierra y actualmente en órbita, y ha encabezado el financiamiento e investigación de sistemas futuros tales como LINEAR. El hecho de que los sistemas operacionales del futuro de la Fuerza Aérea, tales como el Sistema de radar infrarrojo basado en el espacio (SBIRS, por sus siglas en inglés), podría incrementar la búsqueda de NEOs empleando sensores a bordo y el vehículo de lanzamiento más moderno de la Fuerza Aérea, el EELV, que se está adaptando para transportar cargas útiles secundarias de micro satélites estilo Ariane, argumenta enérgicamente por qué la Fuerza Aérea desempeña un papel mayor. Sin embargo, el liderazgo colectivo de la Fuerza Aérea no ha reclamado públicamente la misión y parece titubear en hacerlo por temor a que se le obligue desviar recursos que ya escasean a una tarea que muchos consideran muy distante de la del guerrero tradicional.

Mientras, la naturaleza global de la amenaza y el interés de varias otras naciones, sugieren que una organización internacional tome las riendas. Los funcionarios de la NASA sugirieron que una entidad de la ONU apoye cualquier plan a nivel mundial para la mitigación de NEOs y que ejerza presión para obtener la participación internacional, pero los miembros del Congreso y del DoD puede que titubeen en incluir algunas de la naciones posiblemente interesadas en un programa que contiene ataduras a sistemas de alta tecnología relacionados con la defensa. Además, pocas naciones han expresado poco menos que interés académico en la defensa planetaria—evitando activamente programas de hardware financiados a corto plazo para grupos de estudio, conferencias y fuerzas de tarea para hacer recomendaciones para medidas futuras.

Tomando en cuenta todos estos factores me conduce a sugerir, a corto plazo, que las siguientes medidas se deben adoptar para tratar el problema NEO correctamente:

1. El Presidente debe ordenar, a través del Secretario de Defensa, que la detección y mitigación de amenazas naturales del espacio es una misión militar asignada al Comando Espacial de Estados Unidos. El Congreso entonces debe enmendar el Título 10 del Código de EE.UU. (Fuerzas Armadas) para que refleje la nueva responsabilidad del CINCSPACE y el hecho de que el espacio es ahora una AOR (Área de responsabilidad) en la cual puede que surjan amenazas y operaciones en las cuales el USCINCSPACE será el "CINC que recibe apoyo". El Comando Espacial de la Fuerza Aérea (específicamente, la 14ªvª Fuerza Aérea) debe ser designado como el comando componente a cargo de ejecutar la misión NEO.

2.La NASA debe asignar a un administrador adjunto con el personal apropiado al Comando Espacial de la Fuerza Aérea en calidad de director adjunto para llevar a cabo la misión NEO. En esta función, el designado de la NASA debe actuar como el enlace principal entre los programas de ciencias espaciales de la NASA (e intereses académicos y de investigación afines) y el Comando Espacial de la Fuerza Aérea para garantizar la planificación, financiamiento y dirección técnica apropiadas.

3. El Congreso debe consolidar todo el financiamiento para la misión NEO dentro de la Fuerza Aérea (trasladando el financiamiento actual de la NASA al DoD), con supervisión provista por el Comité sobre el Espacio y Aeronáutica de la Cámara de Representantes. El Administrador de la NASA y USCINCSPACE deben actuar como defensores del programa ante el Comité.

4. Enlaces de naciones extranjeras interesadas se deben invitar para que participen en el programa, y deben estar ubicados en el Cuartel General del Comando del Espacio de la Fuerza Aérea, para garantizar la integración de las contribuciones por parte de sus naciones al esfuerzo en general. Las naciones que provean apoyo deben contar con representantes en las planas mayores de planificación y operacional al igual que oficiales canadienses ahora forman parte de la plana mayor de NORAD.

5. Los intentos de detección deben continuar según lo estipulado en el Informe Shoemaker con financiamiento adicional para apoyar a LINEAR y el mejoramiento de todos los telescopios GEODSS restantes con sistemas NEAT. Los socios internacionales dispuestos a alojar y operar telescopios GEODSS deben ser exhortados a que lo hagan.

6. La planificación para una misión espacial de la coalición usando uno o más micro satélites para reunirse con y analizar un asteroide en la clase de 1 Km. deben comenzar inmediatamente. Los planes para una serie de esas misiones deben tener como objetivo caracterizar una muestra suficiente de asteroides (~10) en un espacio de una década para poder comenzar a trabajar en los sistemas de mitigación.

7. A FEMA se le debe ordenar que incluya en su planificación impactos con asteroides y cometas, al igual que nombre un representante que sea un enlace ante la organización en el Comando Espacial de la Fuerza Aérea, responsable de la detección, rastreo y mitigación de NEOs.

Aunque la implementación de estos pasos puede que provoque dudas dentro de los corredores largos del Pentágono y en otros lugares en Washington D.C., parecen ser los más prudentes en términos de la amenaza que enfrentamos y los participantes más idóneos para tratar el problema. Para cualquiera que ha visto el Cráter Meteor en Arizona o lo ha despertado en la noche la explosión de un meteoro, estas medidas parecen prudentes y bastante económicas. No hay motivo para que ellos cuesten más de $500M dólares durante los próximos diez años—15 misiones espaciales a un coste total de $20M dólares cada una, más los costes operacionales y capitales para los telescopios—según lo estipulado en Spaceguard y el Informe Shoemaker. La detección es la clave al problema hoy, ya que nos da tiempo para actuar. Si nuestros líderes nacionales pueden actuar de una manera responsable para tratar este problema, en lugar de reaccionar a algo por ocurrir, políticas partisanas, publicidad exagerada por parte de los medios de comunicación y estrenos de películas entonces puede que hayamos sentado la base para un medio eficaz de defender nuestro planeta de las amenazas espaciales que en algún momento ocasionaron duda.

El Representante de EE.UU., George E. Brown, Jr., (Demócrata-California) expresó lo siguiente:

Si algún día en el futuro descubrimos con antelación que un asteroide lo suficientemente grande como para causar una extinción en masa va a chocar con la Tierra, y luego alteramos el curso de ese asteroide de manera que no choque con nosotros, será una de los logras más importantes en toda la historia de la humanidad.

Tomar las medidas mencionadas anteriormente podría desempeñar un papel importante si alguna vez enfrentamos este reto, porque verdaderamente dudar no va a resolver el problema.

Notas

1. Rosario Nici y Douglas Kaupa, "Planetary Defense: Department of Defense Cost for the Detection, Exploration, and Rendezvous Mission of Near-Earth Objects," Airpower Journal 11, no. 2 (Summer 1997).

2. Duncan Steel, Rogue Asteroids and Doomsday Comets, John Wiley & Sons, New York, 1995, pág. 95-96.

3. J.J. Stepkoski, "The Taxonomic Structures of Periodic Extinctions," Geologic Society of America, Special Paper 247, 1990, pp. 33-44.

4. Roy A. Gallant, "Journey to Tunguska," Sky and Telescope 87, No. 6 (June 1994), p. 38.

5. Larry D. Bell, William Bender y Michael Carey, "Planetary Asteroid Defense Study: Assessing the Risk and Responding to the Natural Space Debris Threat," research paper ACSC/DR/225/95-04 (Maxwell AFB, AL: Air Command and Staff College, 1995), p. 58.

6. John M. Urias et al., "Planetary Defense: Catastrophic Health Insurance for Planet Earth," documento de investigación sometido a Air Force 2025, octubre de 1996, http://www.au.af.mil/au/2025volume3/chap16/.

7. John C. Kunich, "Planetary Defense: The Legality of Global Survival," The Air Force Law Review 41, 1997, p. 119.

8. Ron Baalke baalke@jpl.nasa.gov, "DoD Fireball Detection Over Yukon Territory, Canada," CCNet 07/2000, 20 de enero de 2000.

9. Correo electrónico personal del Dr. Peter Brown, Meteor Physics Lab, Department of Physics and Astronomy, University of Western Ontario, London, Ontario, N6A 3K7, Canada, 1 de marzo de 2000.

10. Clark R. Chapman y David Morrison, "Impacts on Earth by Asteroids and Comets: Assessing the Hazard," Nature 367, No. 6458, 6 Jan 94, pág. 33-40.

11. Ibid.

12. George J. Friedman, "Risk Management Applied to Planetary Defense," IEEE Transactions on Aerospace and Electronic Systems 33, No. 2 (April 1997), pág. 722-723.

13. NEO News, NASA Ames Research Center, 10 de febrero de 1998, mencionado por James S. Knox, "Planetary Defense: Legacy for a Certain Future," Air War College Research Paper, April 1998.

14. "The Spaceguard Survey: Report of the NASA International Near-Earth-Object Detection Workshop," David Morrison, ed., 25 January 1992, Executive Summary, pp. v-vi.

15. Ibid., Capítulo 9, p. 49.

16. David Morrison, declaración ante el Subcomité del Espacio del Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología, Cámara de Representantes de EE.UU., 24 de marzo de 1993, pág. 13.

17. Ibid.

18. "The Spaceguard Survey: Report of the NASA International Near-Earth-Object Detection Workshop," David Morrison, ed., 25 January 1992, Executive Summary, pp. v-vi.

19. Steel, pág. 220.

20. Clark R. Chapman, "Statement on the Threat of Impact by Near-Earth Asteroids," ante el Subcomité del Espacio y Aeronáutica del Comité de Ciencias de la Cámara de Representantes de EE.UU., 21 de mayo de 1998, pág. 5.

21. http://nssdc.gsfc.nasa.gov/sl9/image/sl9g_hst5.gif

22. Ibid., pág. 11. 5-6.

23. Ibid., pág. 6-7.

24. Comunicación personal por correo electrónico con el Dr. Harry Atkinson, Presidente, United Kingdom NEO Task Force.

25. Declaración de apertura de la Honorable Dana Rohrbacher, "The Threat and the Opportunity of Asteroids and Other Near-Earth Objects". Audiencia antes del Subcomité del Espacio y Aeronáutica del Comité de Ciencias de la Cámara de Representantes de EE.UU., 21 de mayo de 1998, pág. 1-2.

26. Bell et al, pp. 196-215.

27. Chapman, pp. 8-9.

28. Ibid., pág. 7.

29. Lindley Johnson, "Near Earth Objects Team Report" (borrador), componente del brífin de próximo Air Force Space Command/NASA/NRO Partnership Council Meeting, fecha por determinarse.

30. Carl Pilcher, testimonio ante el Subcomité del Espacio y Aeronáutica del Comité de Ciencias de la Cámara de Representantes de EE.UU., 21 de mayo de 1998, pág. 37

31. Ibid., pág. 42.

32. Johnson.

33. Ibid.

34. Pilcher, pág. 44.

35. Carl Pilcher, testimonio ante el Subcomité del Espacio y Aeronáutica del Comité de Ciencias de la Cámara de Representantes de EE.UU., 21 de mayo de 1998, pág. 84-85.

36. Simon P. Worden, "NEOs, Planetary Defense and Government—A View From the Pentagon," CCNet-Essay,
 http://abob.libs.uga.edu/bobk/ccc/ce020700.html.

37. Ibid.

38. Ibid.

39. Ibid.

40. http://near.jhuapl.edu/Near Earth Asteroid Rendezvous Mission.htm.

41. "Long Range Plan: Implementing USSPACECOM Vision for 2020," U.S. Space Command, March 1998.

42. "1998 Strategic Master Plan," Air Force Space Command, 20 March 1999, pp. 33-34.

43. Cynthia J. McKinley, "The Guardians of Space: Organizing America’s Space Assets for the Twenty-First Century," Aerospace Power Journal 14, No. 1, Spring 2000, pp. 37-45.

*El límite de la visión humana sin ayuda es de magnitud 6, mientras que la magnitud 22 es más de un millón de veces menos visible.

**Un punto Lagrange en el espacio es donde la fuerza de gravedad de dos cuerpos grandes (en este caso, la Tierra y el Sol) sobre un objeto "se equilibra" resultando en una posición relativa constante de la nave espacial con relación a los dos cuerpos más grandes.

*** Muchos en la administración consideraron el Clementine II como un prototipo ligeramente disfrazado para un interceptor de misiles basado en el espacio—una opinión que no era completamente errada ya que su misión fue demostrar la tecnología de micro satélites, sensores de "cuerpos fríos", sistemas de propulsión y de guía económicos comunes a posibles sistemas de misiles antibalísticos como el "Brilliant Pebbles".

**** En su plan estratégico de 10 años, titulado "Asociación para un futuro más seguro", FEMA no menciona la amenaza del espacio en su plan estratégico. El plan está disponible en http:// 166.112.200.140/library/spln_1.htm".

*****La Red de la Conferencia Cambridge (CCNet) es una red electrónica académica moderada y editada por el Profesor Benny J. Peiser de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, que se enfoca en el enlace entre los impactos de asteroides y cometas y la evolución geológica.

******La Fuerza Aérea de Estados Unidos está colocando un adaptador similar en el micro satélite auxiliar en nuestros nuevos sistemas de lanzamiento EELV (Vehículos de lanzamiento desechable evolucionado).

*******La atracción de los micro satélites radica en parte en el hecho de que cada vez que se lanza un satélite de comunicaciones a una órbita geosíncrona (que sucede más de una docena de veces por año), hasta ocho micro satélites de 100 kg., pueden colocarse uno encima del otro a bordo y ser lanzados a una órbita de transferencia geosíncrona de gran energía, de la cual es posible el escape de la gravedad de la Tierra con cantidades razonables de combustible.


 Colaborador

El Coronel (USAF) Martin E. B. France

El Coronel (USAF) Martin E. B. France (Licenciatura, Academia de la Fuerza Aérea (USAFA); Maestría en Aeronáutica y Astronáutica, Stanford University; PhD, Virginia Tech) es Profesor Permanente y Decano de la Facultad de Astronáutica de la USAFA. Actualmente se encuentra en un periodo sabático de doce meses desempeñándose en calidad de Jefe Científico y Asesor Técnico al Director de la Organización Conjunta para Frustrar (derrotar) Dispositivos Explosivos Improvisados (JIEDDO, por sus siglas en inglés), Washington, DC. En este puesto, el Coronel France está a cargo de participar activamente, identificar e influenciar proyectos e iniciativas emergentes de ciencia y tecnología que inciden en la misión de JIEDDO. La experiencia profesional del Coronel France incluye asignaciones en investigación y desarrollo con el Laboratorio de Investigaciones de la Fuerza Aérea trabajando en sistemas láser de gran energía; Oficial Ingeniero y Científico de Intercambio en Tolouse, Francia; y administrador de programas en la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada. El Coronel France es egresado de la Escuela para Oficiales de Escuadrón y de la Escuela Superior de Comando y Estado Mayor, Base Aérea Maxwell, Alabama, y es egresado distinguido de la Escuela Superior de Guerra Nacional, Fuerte Lesley J. McNair, Washington, DC.


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