Publicado: 1ero de abril de 2009
Air & Space Power Journal - Español  Primer  Trimestre 2009


ASPJ

      Editorial


Conocedores de la realidad latinoamericana respecto a sus fortalezas y debilidades en materia de seguridad nacional y regional, consideramos de gran importancia para nuestros lectores la reflexión objetiva de esta situación en el marco de algunos artículos relacionados en la presente edición. En este sentido, el escrito del doctor Gabriel Marcella titulado "La Guerra sin Fronteras: La Crisis Ecuador-Colombia del año 2008 y la Seguridad Inter-Americana" constituye un excelente análisis sobre la reciente crisis andina que se desencadenó cuando miembros de las Fuerzas Armadas colombianas bombardearon el campamento de uno de los principales cabecillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Raúl Reyes, situado en territorio ecuatoriano. En su artículo, Marcella analiza la esencia de los valores internacionales de un país relacionados con la soberanía de su territorio contrastándolos frente a los derechos de seguridad nacional y autodefensa de un oponente y, concluye afirmando que los países latinoamericanos no sólo necesitan una mayor cooperación para afrontar el crimen internacional, sino que también les urge crear mecanismos regionales que sirvan para resolver problemas fronterizos creados por el tráfico de drogas ilícitas y los movimientos terroristas.

El pasado 2 de julio del 2008, al pronunciar…‘Somos el Ejército Nacional, Ustedes están libres’ culminó la audaz y exitosa "Operación Jaque a las FARC" que permitió la liberación por parte de militares colombianos de 15 secuestrados que estaban en poder de ese grupo terrorista. La memorable operación militar -uno de los más exitosos rescates de rehenes en la historia, fue el producto de una operación de espionaje y engaño perfectamente ejecutada por el ejército y la inteligencia militar colombiana, que constituye el golpe más fuerte que hasta el momento le ha sido dado al grupo narco-terrorista. Pero una evaluación de los hechos nos indica que a pesar de su éxito la Operación Jaque no proporcionó un ¡Jaque Mate! a las FARC sino un paso más en el camino hacia la victoria final. No obstante, las lecciones aprendidas en la operación Jaque han sido de gran valor como lo indican Jean Carlos Mejía y el Capitán Dombret en sus respectivos artículos. Evaluando la operación "Jaque" como estrategia militar podemos contemplar el acertado empleo de muchos factores de estrategia, inteligencia, espionaje, comunicación, infiltración y finalmente de una arriesgada y audaz imaginación. Ello significa, tal como lo advierte Sun Tzu, en su libro "El Arte de la Guerra", la puesta en práctica de uno de los principios estratégicos más importantes de la guerra, según el cual "Toda actividad bélica se haya basada en el engaño. El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar."

Así como las operaciones militares anteriormente descritas por Marcella, Mejía y Dombret nos indican un avance muy notorio y significativo en la preparación y madurez de las fuerzas militares colombianas, también predicen la necesidad de que sus fuerzas armadas empiecen a prepararse para enfrentar los cambios y desafíos de un post conflicto. Según esta teoría, para que cada una de las Instituciones que conforman las FFAA pueda ejercer en forma exclusiva e independiente su misión principal y resumir los roles y responsabilidades específicos de cada servicio no relacionados precisamente con operaciones y misiones tradicionales de la Policía Nacional, es necesario que el Ejército, la Fuerza Aérea, y la Armada se concienticen de la necesidad de iniciar una reforma doctrinal e institucional, que defina su propia misión y estructura en lo relacionado con la defensa de la seguridad externa del país y, que implique y garantice una completa reorganización, reentrenamiento y reducción del personal militar, como lo sostiene el Señor Juan Pablo Caicedo en su artículo "Las Fuerzas Militares del Post-Conflicto: Perspectivas y Desafíos para Colombia".

Frente a otras temáticas analizadas en esta edición, consideramos de singular interés la preocupación reflejada por científicos civiles y militares sobre el efecto que ocasionaría un Objeto Cercano a la Tierra (NEO por sus siglas en inglés), la cual, desde su formación, hace aproximadamente 4.5 billones de años ha sido impactada por muchos asteroides y cometas cuyas órbitas alrededor del Sol provocan que ellos pasen cerca o intercepten la órbita de la Tierra, causando en ocasiones impactos directos de mayores consecuencias. El tamaño de los NEOs es muy variable y puede oscilar desde menos varios metros hasta 50 kilómetros de ancho o más, y es por ello, que el efecto de un impacto por un NEO podría ser catastrófico y capaz de causar completa devastación global, dependiendo de su tamaño. Miles de toneladas de polvo y escombros serían lanzados a la atmósfera bloqueando el Sol y produciendo cambios en el clima, destrucción de la vegetación, hambre, enfermedades y aniquilación de los animales y de la raza humana a medida que se bloqueé la energía del Sol y la temperatura en el planeta baje precipitadamente propiciando un invierno helado, prolongado y mortal. Geólogos han confirmado que hace aproximadamente 65 millones de años un NEO de alrededor de sólo unos 15 kilómetros en diámetro impactó la Tierra causando la extinción de más del 70% de las especies que vivían en ese entonces, incluyendo los dinosaurios.

¿Qué pasaría si un asteroide de gran tamaño fuera detectado en su trayectoria hacia la Tierra, impactándola directamente? ¿Quién o cómo podríamos protegernos? La tecnología requerida para prevenir una catástrofe está a nuestro alcance, pero, uno de los problemas más grandes que enfrentamos es que en la actualidad ninguna agencia en el mundo es responsable de la defensa de la Tierra contra un NEO que se aproxime y, que lamentablemente sólo contaríamos con relativamente muy poco tiempo para montar una defensa eficaz. Afortunadamente las colisiones catastróficas de los NEOs con la Tierra son muy poco frecuentes y ya Estados Unidos y otros países han empezado a formular y ensayar varias estrategias y tecnologías para desviar o destruir NEOs que podrían ocasionarnos graves daños o inclusive extinguirnos, como lo detalla el científico Brent W. Barbee en su artículo "Defensa Planetaria: Estrategia para Desviar Objetos Cercanos a la Tierra".

Sin embargo, ¿Quién debe asumir la responsabilidad de la misión de la defensa planetaria? Tanto el Coronel Garretson y el Mayor Kaupa como el Coronel France en sus respectivos artículos, sostienen que el paso más importante que tenemos que dar es la creación de una organización internacional encargada de divisar una estrategia global y coordinar los esfuerzos y tecnologías necesarias para evitar una colisión fatal. Igualmente, ellos sostienen que el gobierno de los Estados Unidos también debería designar una agencia gubernamental o un servicio en particular que esté encargado de esta misión para la protección de nuestro propio destino y la de nuestras generaciones futuras.

Teniente Coronel Luis F. Fuentes, USAF-Retirado
Editor, Air & Space Power Journal - Español


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