Publicado: 1ero de abril de 2009
Air & Space Power Journal - Español  Primer  Trimestre 2009


La Mujer Militar*

General de Brigada D.E.M. Adelfo Castillo López, Ejército Mexicano

*Fuente: Revista Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, marzo de 2008

La Mujer MilitarHUBIERA RESULTADO un trabajo incompleto, si no se incluye este espacio, para describir, aunque sea a modo de semblanza, el rol de la mujer soldado, la mujer profesionista, la mujer militar líder y comandante, la mujer madre de familia y esposa, que se divide, sin pensarlo, en tantos gajos como se lo exija su condición castrense.

Encaja a la perfección, insertar un pensamiento de Shuré, para mostrar de entrada, cual es el espíritu que puede guiar al hombre soldado, comandante y líder, para respetar, mandar y obedecer a la mujer militar: "Honor, pues, a la mujer, en la tierra y en el cielo" (Shuré, 1986. p. 164). Porqué no tomar esa expresión, para desterrar cualquier viso de misoginismo, y reconocer el rol de la mujer militar, dentro y fuera de los actos del servicio. Honrarla, lleva implícito aceptarla como igual, tener en cuenta, que ocupa un lugar en la estructura militar; si ostenta una jerarquía y desempeña algún cargo, es menester darle la legitimidad y la validez que requiere. Otra forma de honrarla, es valorando su inteligencia, e integrar ésta, como parte importante de las demás inteligencias; por cierto, una mujer militar, comandante y líder, son seres con criterio, que no se desprenden de su singularidad, con sólo portar el uniforme. Esto y más, es lo que por ella puede hacerse en la tierra.

La honra del cielo, viene dictada ya. Aún estando en la tierra, la mujer militar lleva consigo, las potencialidades de dadora de vida, pues ya como madre, debe multiplicarse para bregar con tan complicada combinación; su función natural y su deber con la milicia. Habría que pensar, en las maravillas que encierra, el convivir con un ser, agraciado con la bendición de concebir y alimentar, y que cumple como el mejor de los soldados. Ser esposa, madre y soldado, es una triada con conexiones complejas, que debiera incitar elevados pensamientos, a quienes mandan u obedecen a mujeres militares. Todo hombre, tiene una madre, hermanas y esposa. Es innegable: son mujeres, tan dignas y respetables, como las que sirven en el Ejército y Fuerza Aérea.

Parafraseando a Lawrence, algunas mujeres tienen espíritu de soldado, y se hacen militares, porque llevan con ellas esa inquietud y ese olfato, que las guía sin estaciones intermedias, hasta su destino, en una fuerza armada. Ese impulso vocacional, puede hacerles abrigar la necesidad de tener un marido, soldado también.

Por favor, algo muy deseable para proscribir, es un prejuicio y hasta trauma, de que una mujer, adscrita en cualquier organismo, representa problemas para los que mandan y lideran. Siendo honestos, tiene mucha influencia el trato que se le prodigue. Algunas veces, no es estimado del todo, ese sentido crítico puntilloso que la distingue, porque expresa lo que otros callan, y no pocas veces, en silencio asimila y se guarda decisiones ilógicas, aunque le afecten. Ejemplo: una Doctora de servicio, en un pelotón de sanidad de una corporación, habiendo médicos en el hospital de la misma ciudad o una Cirujano Dentista desplegada con su unidad en operaciones, cuando sus pacientes tienen que esperar en la matriz de la unidad.

Los celos profesionales, llegan a cegar tanta el criterio de algunos varones, que hacen a un lado a la mujer militar, aduciendo su fragilidad, sin pensar que puede resultar más resistente que muchos hombres. Es cumplida y estoica, callada y fría por momentos, pero, indudablemente, que su agudeza explosiva, para construir o destruir, debe ser valorada. Tiene la capacidad para ser buena y mala, en un santiamén. Por otro lado, la milicia no es un terreno muy oscuro para la inteligencia femenina.

Será inteligente no subestimar las potencialidades de las mujeres militares, en cualquier área que sirvan, y desterrar, de plano, aquellos pensamientos, egoístas y plagados de complejos e insanas irreflexiones. Citaré un fragmento de Berta de Suttner, que de este modo, censuraba y ridiculizaba las reivindicaciones femeninas, al escuchar las proezas de los hombres, en la guerra: "¡Inferioridad irritante de la mujer, excluida de toda clase de participación, en cualesquiera de las acciones nobles, realizadas por los hombres, a quienes arrastra el sentimiento del deber y del honor!". En los tiempos actuales, están proscritos estos criterios; sin embargo, será sabio aceptar, que la mujer soldado, cumple su deber con orgullo, y créanme, tiene muy claro el concepto del honor. No ridiculizar su función, ni su condición de militar, es esencial para su autoestima y su identidad. El soldado debe respetar a sus clases, oficiales, jefes y generales del sexo femenino, y éstas exigirlo; los oficiales tienen obligación de respetar a sus jefes y generales del sexo femenino, y ellas hacerse obedecer, y así; las jerarquías de la mujer militar no tienen distinción de género; son un grado tan válido, como el del personal masculino. El macho se ofende que una mujer, superior en jerarquía, le ordene; el macho ignorante, se flagela calladamente, porque se siente pisoteado.

A la mujer militar, se le reconocen todos los atributos que la hacen buen soldado, y muchas de ellas se desempeñan con tino, en funciones de mando y liderazgo. No obstante que su campo de acción es reducido, su participación en el Ejército y Fuerza Aérea, es notable. Su condición como militar, en nada incide en su sensibilidad y su delicadeza, pues mantiene inalteradas, todas las percepciones reconocidas a su género. El misógino debe contener sus traumas, y abstenerse de pretender tratar a la militar, como un soldado común, y someterla a las mismas presiones. Hasta para dirigirse a una mujer, los términos y las formas, difieren de los utilizados para los hombres.

Conviene además, tener presente, que en ese ser, en apariencia débil, frágil y en exceso sensible, se encierra una fuerza de carácter y abnegación, valentía y tesón, que le permiten sobreponerse a las adversidades más complicadas, que la carrera tiene. En los pelotones de sanidad, en las enfermerías, en los hospitales, en los juzgados, en las oficinas y en cualquier instalación del servicio de transmisiones, la mujer militar ha demostrado su eficacia, para asumir, sin inhibiciones, el rol de comandante y líder, que le corresponde.

Ese liderazgo, lo manifiestan al mando de un pelotón de sanidad, empleando sus conocimientos, y accionando a los subordinados, aun en las situaciones de urgencia, para salvar vidas y preservar la salud de los militares y derechohabientes; dirigiendo al asistente, para aliviar los males bucales, sin distinción; caminando presurosa y coordinando esfuerzos de otros, para atender integralmente a los encamados de una sala, sin perder la calidez con un gesto o palabra de aliento, hasta para los impertinentes y gruñones; aportando su intelecto y su experiencia, para mejorar programas de estudio, y todo aquello relacionado con la docencia, en algún plantel militar; aportando ideas en una oficina y revisando trabajos, de quienes están a sus órdenes, para asegurar la eficiencia administrativa; animando con su ejemplo, a los que manda y lidera, para garantizar el buen funcionamiento de las transmisiones y seguir siendo el arma del mando; acopiando evidencias para lanzar acusaciones contundentes, contra los militares infractores de la ley o parapetándose como un guerrero, en la argumentación legal, para defenderlos, agotando todos los medios, hasta el último aliento, sin traicionar la ética de su profesión. En el quirófano, en los hospitales, en los consejos de guerra, en cualquier oficina, en los planteles, en los cuarteles y en el terreno, la mujer tiene su espacio, actuando a través del mando y del liderazgo, y sirviendo como el más aguerrido de los soldados. Todo esto, en nada le atenúa, que tenga que desdoblarse, en su papel de madre y de esposa. Sus dolores, ella sola los mitiga; sus alegrías, son producto de su versatilidad, para jalar parejo, los hilos de vida.

Ante la evolución del mundo, las Fuerzas Armadas, también se mueven, y en la dirección correcta. Ahora, la mujer mexicana dispone de un campo de opciones más amplio, para desarrollarse profesionalmente en el Ejército y Fuerza Aérea. Además de los planteles, bajo la influencia del servicio de sanidad militar, la ciudadana puede intentar su ingreso en otras escuelas de formación; para las mujeres militares, la Escuela Superior de Guerra y la Escuela Militar de Aplicación de las Armas y los Servicios, son un atractivo adicional en la carrera. En corto plazo, veremos resultados motivadores y satisfactorios. Enhorabuena por la apertura de oportunidades, que merecidamente tienen las mujeres mexicanas, con vocación militar.

Presente la mujer aquí en la tierra, como parte de una institución sólida. Mujeres con uniforme, henchidas de honor, orgullosas de servir y contribuir, con su calidad profesional y humana, al engrandecimiento de la milicia. Que el cielo las premie, en su momento, con todos los honores.

Bibliografía:

Shurê, Edouard. Los Grandes Iniciados. Argentina: Ediciones Lidiun, 1986.

Mujer Piloto Militar


Declaración de responsabilidad: Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este artículo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.


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