Documento creado: 20 de marzo de 2008
Air & Space Power Journal - Español  Primer  Trimestre 2008


ASPJ

      Reseña de Libros


Children at War, por P. W. Singer. University of California Press (http://www.ucpress.edu), 2120 Berkeley Way, Berkeley, California 94704-1012, 2006, 278 páginas, $16,95 (pasta delgada).

Children at WarEl libro de P. W. Singer: Children at War (Niños en la Guerra) es una perspectiva penosa e inquietante de un problema en aumento en el mundo actual: niños que sirven como soldados. Singer examina el precedente histórico del uso de niños en la guerra, desde el concepto ancestral de ofrecer honor y poder a los guerreros a cambio de garantizar la protección de los que no tienen armas—especialmente "los ancianos, los enfermos, las mujeres y particularmente, los niños" (pág. 3)—hasta el punto de que actualmente en la mayor parte del mundo no existe civilidad ni honor en el conflicto. "A menudo los participantes en la batalla ya no son los guerreros de honra, guiados por un código ético, sino más bien depredadores que apuntan a los más débiles de la sociedad" (pág. 4). A lo largo del libro se encuentran citas conmovedoras de niños soldados que hacen que los lectores deseen abrazar a sus propios hijos y agradecer a Dios por haber nacido en un país libre donde impera la ley.

El número de niños que presta servicios como soldados es alarmante. Singer escudriña el globo con ejemplos tales como la guerra civil en Sierra Leona (1991-2001) en la que hasta el 80 por ciento de los combatientes tenían edades que fluctuaban entre 7 y 14 años, muchos de ellos secuestrados (pág. 15). Señala que en el 68 por ciento de los conflictos actuales o recientes en el mundo, sirvieron o sirven en combate niños menores de 18 años. Especialmente preocupantes son ejemplos de los métodos brutales de reclutar a muchos niños para la guerra: "Estamos en un estado espantoso—mataron a mis padres delante de mi, le cortaron las manos a mi tío y mi hermana fue violada delante de nosotros por su comandante llamado ‘El que no perdona un alma’. Después que sucedió todo esto nos dijeron a los más jóvenes, que nos uniéramos a ellos; en caso contrario, nos matarían" (pág. 61).

El autor comprende bien el problema y discute muchas de las causas subyacentes, como pobreza y falta de oportunidad económica y educativa. Sin embargo, el conjunto de soluciones es una tarea mucho más desalentadora. Algunas de las causas han existido por mucho más tiempo que el problema de los niños soldados. Singer pide mayores cantidades de ayuda, señalando que "Estados Unidos ha quedado muy detrás del resto del mundo desarrollado en su ayuda a los menos favorecidos" (pág. 136). Aunque eso es cierto en cuanto a la ayuda de gobierno, no toma en cuenta las enormes sumas de dinero donadas por los estadounidenses a través de organizaciones de caridad no gubernamentales. Otros pasos más factibles de lograr, que ofrece como parte de la solución, implican un cambio en la política del gobierno de los Estados Unidos para apoyar los esfuerzos de las Naciones Unidas y otros elementos de la comunidad internacional en poner freno al comercio ilegal de armas ligeras y criminalizar la práctica de utilizar niños soldados. Así, al menos los ejércitos de los estados legítimos dejarían de utilizar niños.

El capítulo dedicado a los problemas y el impacto de tener que luchar contra niños es quizás el más importante para los oficiales militares estadounidense de hoy. Aunque es poco probable que jóvenes de 14 años enfrenten cara a cara a pilotos de F-22, es completamente posible que un niño con un AK-47 atraviese la puerta de la "Base X". De hecho, no se excluye a Irak, Afganistán y otros lugares de potencial despliegue estadounidense del mayor uso de niños como soldados. Singer señala correctamente que el adiestramiento y la doctrina militar estadounidense actual no prepara adecuadamente a nuestro personal para reconocer a los niños como amenazas potenciales y a tratar con el impacto sicológico de matar niños, incluso en defensa propia; por ello, se deberían modificar de forma pertinente. Recomiendo leer Niños Soldados a todo líder militar que podría desplegar personal en lugares fuera de Europa Occidental,

Coronel (USAF) Gregory J. Lengyel
Air Force Fellow
Brookings Institution, Washington DC

Killing Pablo: The Hunt for the World’s Greatest Outlaw por Mark Bowden. Atlantic Monthly Press / Grove Atlantic (http://www.groveatlantic.com), 841 Broadway, New York, New York 10003, 2001, 296 páginas, $20.00 (tapa gruesa).

Killing PabloMark Bowden, autor de Black Hawk Down, ha escrito un recuento que atrapa la atención del lector sobre el surgimiento y caída de Pablo Escobar, el famoso capo de la droga colombiano cuya política de "plata o plomo" lo colocó por encima de la ley. Escobar corrompió sistemáticamente a funcionarios del gobierno obligándolos o bien a aceptar su dinero (plata) o sus balas (plomo). Su control de las ganancias de la cocaína financió su corrupción al igual que su estilo de vida extravagante. La construcción de viviendas públicas y campos de fútbol para los pobres en su ciudad natal de Medellín lo convirtieron en un héroe local, pero sus crímenes empañaron progresivamente su imagen pública. En una posible indirecta al libro clásico de Tom Clancy de 1989, Bowden habla de Escobar como "un peligro claro y presente" (pág. 59).

Más que un emocionante cuento de crimen, Killing Pablo investiga el nexo oscuro entre terroristas, criminales organizados y gobiernos democráticos. Los carteles de la droga colombianos inicialmente ayudaron a su gobierno a luchar contra las guerrillas, pero más tarde evolucionó una relación simbiótica entre los carteles y las guerrillas. Para luchar contra los carteles, el gobierno colombiano combinó el cumplimiento de la ley tradicional con una estrategia desesperada de luchar contra el terror con terror. Al inicio, el gobierno intentó el cumplimiento de la ley, pero el "encarcelamiento" de Escobar de 1991 a 1992 resultó ser una farsa humillante porque él controlaba la prisión. Su fuga culminó en una persecución masiva con base en una estrategia del gobierno modificada. Bowden afirma que la nueva estrategia de los gobiernos colombiano y estadounidense fue sencillamente matar a Escobar mientras que oficialmente alegaban que ellos solamente querían capturarlo.

Bowden caracteriza la persecución como un asesinato previsto, una noción inquietante para dos gobiernos democráticos dedicados aparentemente al imperio de la ley. El gobierno colombiano no pudo detener a Escobar a causa de políticos incapaces y funcionarios de la policía y militares incompetentes. El gobierno de Estados Unidos, ansioso por ahogar el flujo de cocaína, estaba atormentado por la intensa competencia entre las agencias de obtener la ventaja burocrática al capturar al proscrito. Puede que los funcionarios estadounidenses también se hayan aprovechado del cambio en las administraciones presidenciales en Estados Unidos para evitar las consecuencias de llevar a cabo operaciones secretas dudosas antes de que funcionarios de la administración Clinton, que estaban por entrar al poder, comprendieran a cabalidad qué estaba sucediendo (pág, 195). Estados Unidos secretamente envió operativos militares y equipo avanzado de vigilancia electrónica mientras que los colombianos organizaron una unidad especial de la policía conocida como el "Bloque de Búsqueda" para rastrear a Escobar. Poco después el Bloque de Búsqueda adquirió la reputación de matar sospechosos en lugar de arrestarlos. Pero aún así, el autor alega que ambos gobiernos toleraron a un grupo vigilante sospechoso conocido como "Los Pepes" (personas perseguidas por Pablo Escobar) que incluía criminales. Supuestamente el Bloque de Búsqueda dirigió información de inteligencia de Estados Unidos a miembros de Los Pepes quienes metódicamente asesinaban a muchas personas que se creía estaban relacionadas con Escobar, destruyendo a sus secuaces. Borden opina que funcionarios estadounidenses sabían lo que Los Pepes estaba haciendo pero concluye que "siempre habría hombres poderosos y de buenas intenciones que creían que proteger a la civilización algunas veces exigía hacer irrupciones ilegales" (pág. 178).

Las operaciones cibernéticas fueron vitales para la búsqueda pero eran difíciles de llevar a cabo. Escobar cambiaba constantemente de escondites, por lo tanto el Bloque de Búsqueda empleaba equipo estadounidense para interceptar su teléfono celular cuando llamaba a su hijo. Escobar sabía que las autoridades estaban escuchando sus conversaciones, pero "el juego no era evitar que lo escucharan--eso era imposible--sino evitar que lo atacaran" (pág, 237). Para cerciorarse de que él continuara haciendo llamadas telefónicas, los gobiernos colombiano y estadounidense utilizaron a la esposa y a los hijos de Escobar como carnada, rehusando dejarlos que escaparan de Colombia por temor a que si la familia de Escobar huía a un lugar seguro, él se rendiría a otro término de prisión ficticio o sencillamente desaparecería. Después de una serie agonizante de redadas fallidas, inclusive un ataque aéreo abortado del lugar determinado electrónicamente en que se encontraba Escobar, el Bloque de Búsqueda finalmente dio en el blanco de su celular y lo mataron.

Los lectores de hoy en día podrían ver paralelos entre este relato y la guerra contra el terrorismo. Colombia no es el único país que enfrenta una alianza impía entre terroristas y criminales organizados. El consorcio en evolución entre las guerrillas colombianas y los traficantes de drogas nos recuerda lo que ahora se ve en Afganistán, donde miembros del Talibán en algún momento lucharon contra los cosechadores de opio pero ahora se unen a ellos para financiar sus insurrecciones. Intentos de luchar contra enemigos de esa índole engendran dilemas para Estados Unidos. Bowden explica que matar a Pablo no le pondría fin a las exportaciones de cocaína a Estados Unidos, ni siquiera las demoraría—todos sabían eso—pero los norteamericanos se comprometieron con hacer esta labor creyendo que se trataba de algo más grande. Se trataba de la democracia, el imperio de la ley, defender la justicia y la civilización (págs. 260-61). De manera similar, matar a un terrorista famoso puede que afecte o no la incidencia de terrorismo, pero los norteamericanos aún luchan por los principios que Bowden menciona. Los métodos dudosos empleados por el gobierno en Colombia pueden ser análogos con nuestras políticas para detener terroristas en la Bahía de Guantánamo y las técnicas de interrogación de la Agencia Central de Inteligencia. Joe Toft, jefe de la DEA (Drug Enforcement Agency) en la estación en Bogotá, según dicen, pensó que había descubierto una ganga faustiana y "opinaba que para atrapar a Pablo habían vendido sus almas" (pág. 268). Esperemos que no pensemos de esa manera después de la guerra contra el terrorismo.

Killing Pablo está basado en investigaciones extensas, inclusive entrevistas y documentos oficiales que se han resumido en una sección de "Fuentes" que le da credibilidad a las afirmaciones provocativas del autor. En general, el libro relata un cuento excelente pero suscita preguntas inquietantes que continuaremos enfrentando durante los próximos años.

Teniente Coronel (USAF) Paul D. Berg
Base Aérea Maxwell, Alabama

Hablan los generales: Las grandes batallas del conflicto colombiano contadas por sus protagonistas editado por Glenda Martínez Osorio. Grupo Editorial Norma (http://www .carvajal.com.co/Carvaja lIng/empresas-eng/grupo-editorial/grupo
-principal.html), Bogotá, Colombia, 2006, 340 páginas, $12.50.

Hablan los generales

A pesar de su título, no todos de los autores de esta antología son Generales, pero todos dan recuentos revelantes y fehacientes de las violentas campañas de Colombia contra las guerrillas, los capos de las drogas y otros proscritos desde los inicios de la década de los años sesenta. El prólogo escrito por el Dr. Alfredo Rangel es un comentario de los 14 capítulos organizados en orden cronológico. Refiriéndose a la insurrección de las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC), Rangel destaca que "Este grupo guerrillero siempre ha demostrado una inmensa capacidad para sobrevivir, resistir y persistir, pero un débil poder para inclinar en forma definitiva la balanza política y militar hacia su lado" (pág. 35), una evaluación que uno haría sobre muchos grupos insurgentes. Sin embargo, su comentario de que "la ciudad es por naturaleza un sitio peligroso para grupos clandestinos e irregulares" (pág. 14) podría divertir a veteranos de la guerra urbana en Bagdad. Los capítulos 2 y 3 relatan las búsquedas de los militares colombianos por encontrar criminales increíblemente violentos. El autor del capítulo 11 es un agente secreto anónimo quien cooperó con funcionarios estadounidenses para interceptar llamadas telefónicas por teléfono celular y utilizó vehículos aéreos no tripulados para rastrear los líderes de los carteles de la droga de Cali. El capítulo 12 es un recuento extraño de un soldado común de cómo las guerrillas de las FARC asesinaron a su unidad y lo mantuvieron prisionero por años, un prueba que prácticamente lo llevó a la locura.

Los lectores encontrarán mucha información compacta que contiene sabiduría de la contrainsurgencia (COIN, por sus siglas en inglés). El General retirado Álvaro Valencia, quien escribió dos capítulos, destaca que "En la Guerra de guerrillas nada puede ser fijo ni estable. La flexibilidad mental, física, metodológica constituye un verdadero principio" (pág. 62). En vista de que los insurgentes colombianos a menudo llenan vacíos de poder en regiones remotas, a menudo desempeñándose como gobiernos de facto locales, los líderes militares colombianos comprenden la necesidad de contar con una estrategia cívico-militar integrada. Con respecto a un operativo, el General Valencia alega que "El acento del plan estaría en la combinación de acciones cívicas y psicológicas, y ellas tendrían prioridad sobre cualquier operación de combate" (pág. 45). Cuando las fuerzas colombianas entraron en zonas controladas por los rebeldes, los residentes locales a menudo titubeaban confiar en ellos hasta que estaban convencidos que el gobierno se quedaría y proporcionaría servicios básicos. El conocimiento de la cultura es tan esencial en Colombia como en cualquier otra parte, pero las fuerzas COIN colombianas tienen la ventaja de operar en su propio país. No obstante, el Ejército Colombiano luchó por muchos años para adaptarse. Reflexionando sobre la fallida Operación Marquetalia contra las FARC en 1964, el General retirado Manuel José Bonnet destaca filosóficamente lo siguiente: "Sin saberlo en ese momento, ahí nació un Nuevo Ejército, un Ejército moderno" (pág. 108).

El poderío aéreo resultó esencial en las campañas COIN colombianas. Durante las operaciones contra las guerrillas comunistas en la década de los años sesenta, aviones de transporte C-47 de la Fuerza Aérea Colombiana aterrizaron tropas en un campo abierto, aviones acuáticos aterrizaron tropas en un río y otros aviones lanzaron panfletos instando a los residentes a que no apoyaran a las guerrillas. En 1990, helicópteros y aviones de combate participaron en un intenso ataque de aire a tierra contra Casa Verde, la fortaleza de las FARC, donde el General retirado Humberto Correa deseó haber contado con más poderío aéreo porque "Nos encontramos cortos de helicópteros, un número considerable había recibido impactos durante los desembarcos" (pág. 214). La cooperación internacional desempeñó un papel importante. Funcionarios estadounidenses proporcionaron información acerca de la inmensa "Tranquilandia", la fábrica de cocaína escondida en la jungla y les proporcionaron a los colombianos los aviones que necesitaban para capturarla. Cuando las FARC atacaron Mitú, un pueblo remoto más allá del alcance de los helicópteros en la base colombiana más cercana, las guerrillas se escondieron en un hospital y en escuelas donde los aviones no podían bombardear fácilmente a causa de preocupaciones sobre los daños colaterales. Los militares colombianos hicieron arreglos para utilizar una base cercana de la Fuerza Aérea Brasileña como una zona de preparación para un ataque con helicópteros. La Operación Vuelo de Ángel resultante marcó un punto crítico para la Fuerza Aérea Colombiana que "la política de mando centralizado y ejecución descentralizada… para hacer mas rápida la reacción" (págs. 290–91). El General Yair Perdomo destaca que "Jamás… hasta ese momento de la historia de Colombia, nos habíamos percatado de la importancia del sistema logístico para las aeronaves en distancias superiores a cien millas" (pág. 302).

Este libro que provoca la reflexión contiene solidez y limitaciones. Los capítulos lucen relativamente cándidos; sin embargo, el General Valencia es evidentemente defensivo acerca del papel que desempeñó su unidad en matar a un sacerdote renegado (y amigo de la familia), Camilo Torres quien se había unido a un grupo rebelde. El General subsiguientemente evadió repetidas investigaciones por parte del gobierno, un contragolpe comunista e inclusive un atentado de asesinato. Esos episodios hacen que los lectores se pregunten cuánto sufrimiento el gobierno colombiano pudo haber evitado si hubiese mantenido suficiente presencia en las zonas remotas para evitar que los grupos hostiles se atrincheraran aún más.

El libro dice muy poco acerca de los grupos paramilitares de la derecha, pero la ausencia de un capítulo acerca de la búsqueda del famoso capo de la droga Pablo Escobar es muy sorprendente. No hay un índice pero los mapas son muy útiles. Un resumen y una breve biografía del autor comienzan cada capítulo, pero contienen errores. El resumen del capítulo 13 menciona que la Operación Vuelo del Ángel de 1998 fue el debut del helicóptero armado AC-47, pero en el capítulo 9 se menciona que esos aviones se usaron ocho años antes. En general, los lectores quedarán impresionados con la perseverancia de los militares colombianos. Todo aquél que esté interesado en el papel que desempeñaron los militares en las operaciones COIN y contra droga encontrará instructivo el libro Hablan los generales.

Teniente Coronel (USAF) Paul D. Berg
Base Aérea Maxwel, Alabama


Declaración de responsabilidad: Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este artículo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.


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