Documento creado: 14 agosto del 07
Air & Space Power Journal - Español  Tercer  Trimestre 2007


Perspectivas de la "Guerra Prolongada" de Colombia*

*Fuente: Joint Force Quarterly Journal (JFQ), Número 42, 3er Trimestre de 2006.

General Carlos Alberto Ospina Valle
Jefe de las Fuerzas Armadas Colombianas (2002–2006)

El General Ospina contempla un campamento de la FARC

El General Ospina (segundo de izquierda
 a derecha) contempla un campamento de la
FARC capturado por tropas colombianas.
Foto cortesía Ejército Colombiano

DESPUÉS DE Estados Unidos, Colombia es la segunda democracia más antigua en el Hemisferio Occidental, pero la violencia política ha inundado su historia desde la independencia. Las causas radican en una geografía, demografía e historia singular de la nación.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la violencia colombiana ha sido dominada por insurrecciones. Aunque los insurgentes han utilizado el terror, esa ha sido tan solo una de las tácticas empleadas en su búsqueda de metas mayores.

Desde antes de la década de los años 1980, Colombia ha enfrentado insurrecciones bastante pequeñas. En ese punto, incapaz de movilizar el apoyo del pueblo, los insurgentes comenzaron a financiar sus revoluciones mediante negocios ilegales tales como el tráfico de drogas, la extorsión y los secuestros. Esas actividades comprobaron ser lucrativas más allá de lo que se esperaba. Como consecuencia, los insurgentes comenzaron a pasar por alto completamente la movilización del pueblo, dependiendo cada vez más en el terror para obligar a las personas a que hicieran su voluntad.

La combinación de esos factores llevó a uno de los grupos insurgentes, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a elaborar una estrategia para tomar el poder—con varias fases singulares y un número de tareas de apoyo que debían lograrse dentro de cada fase. Año tras año la guerra empeoró, a pesar del incremento en los gastos para la defensa y el aumento en las fuerzas de seguridad pública. Sólo después que los militares comprendieron la estrategia de los insurgentes y concibieron su propia estrategia para derrotar ese plan, es que la guerra se tornó a favor del gobierno.

En un final, indistintamente de cómo se le llame al enemigo—insurgente, terrorista, narcotraficante o narcoterrorista—la contrainsurgencia exitosa depende de un entendimiento a cabalidad del enemigo y sus verdaderas intenciones. La respuesta de este gobierno tiene que ser moldeada por este entendimiento.

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para contrarrestar insurgentes, uno
tiene que recordar que ellos cuentan
con una doctrina

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Lecciones Aprendidas al Inicio

Para contrarrestar a los insurgentes, uno tiene que recordar que ellos cuentan con una doctrina. Cuando son capturados, a menudo tienen consigo las obras de Mao Tse-Tung y de Truong Chinh (el teórico vietnamita de la guerra popular) traducidas al español. Esos insurgentes eran conciudadanos colombianos, un punto que nunca se debe olvidar en una guerra interna. Después de su captura, se les induce a que hablen sobre el proceso mediante el cual se convirtieron en insurgentes. Varios puntos surgieron:

• Todas las guerras internas tiene sus raíces más profundas en agravios y aspiraciones que crean un fondo común de personas que pueden ser reclutadas, después de lo cual la organización toma medidas extraordinarias para moldear la opinión que tienen del mundo y mantenerlos en la organización.

• Por lo tanto, los líderes de un grupo subversivo son los integrantes más peligrosos. Puede que los seguidores sean tácticamente peligrosos, pero los líderes leen, encuentran la ideología y consiguen soluciones para los males de la sociedad. Entonces cometen cualquier delito tácticamente para lograr su fin estratégico.

• Los insurgentes tienen organización, algo que los ayuda a elaborar planes y métodos, muy parecido a los militares. Ellos cuentan con procedimientos y reglas. Asisten a escuelas y se esfuerzan por aprender. Tienen un conjunto de creencias básicas que se pueden combatir una vez se comprenden.

• Combatir las creencias de los insurgentes no es sencillamente una tarea militar; es una lucha por la legitimidad. Si todos los miembros de una sociedad aceptan que el gobierno es justo, ninguno permitiría que los insurgentes les ganaran. Por lo tanto, todos los elementos del poder nacional tienen que movilizarse, todas las partes tienen que participar en la lucha por la supervivencia y la prosperidad de la sociedad.

La Guerra Interna de Colombia

En la historia reciente, ha habido tres actores armados ilegales en Colombia. La FARC surgió a mediados de la década de los años 1980 como la amenaza principal al Estado. Marxista-Leninista en su ideología, financiada por actividad criminal, cuyo personal son combatientes reclutados de los márgenes de la sociedad, ha seguido la doctrina de guerra popular para librar su lucha. La organización tiene una estrategia precisa, la cual sigue hasta la fecha, para apoderarse del poder nacional.

Planeamiento de operación
El General Ospina durante el
 planeamiento de una operación contraterrorista.
Foto cortesía Ejército Colombiano

El rival de la FARC, el Ejército de Liberación Nacional (e ELN), también ha creado una estrategia y, a fines de la década de los años 1980 e inicios de los años 1990, tomó auge pero nunca pudo lograr la unión, el poder y la fortaleza de la FARC. A causa de pérdidas militares subsiguientes y la disminución del apoyo político, el poder del ELN disminuyó en gran medida.

Por ultimo, extensas áreas de territorio no gobernado en Colombia y los actos de terror de la FARC y del ELN generaron una movilización pública en contra de ellos en autodefensa (a menudo referidos como "paramilitares" por los medios de comunicación, que no es la mejor traducción). Estos grupos han logrado poder a través de una alianza con las organizaciones de traficantes de drogas a quienes no les agradaba la idea de que las guerrillas les estaban imponiendo impuestos. Para 1996, muchas de esas organizaciones se unieron para formar las Autodefensas Unidas de Colombia, o AUC. Esas fuerzas combinadas crecieron rápidamente, se convirtieron tan fuertes como la FARC, y perpetraron una guerra sucia en contra de los insurgentes, combatiendo el terror con terror.

Además de esas tres amenazas principales, había algunos grupos menores y traficantes de drogas. Los recursos y la ambición de los carteles de Medellín y Cali los convirtieron en amenazas nacionales porque ellos organizaban sus propios ejércitos, llevaban a cabo actos de terror y violencia y sostenían diversas relaciones con la FARC, el ELN y la AUC. La amenaza que esos grupos representaban eclipsó la de los tres enemigos mencionados anteriormente durante gran parte de la década de los años 1980 hasta la muerte de Pablo Escobar y el arresto de los líderes del cartel de Cali en 1993.

Mientras, la FARC había estado fortaleciendo constantemente su poder. En 1995, la situación se tornó crítica a medida que hubo una transición en la organización de guerra de guerrillas a guerra móvil—lo que los vietnamitas definieron como guerra de fuerza principal—mientras que el ejército colombiano permaneció en una postura de contraguerrilla. La guerra móvil emplea unidades grandes para luchar contra las fuerzas del gobierno pero, a diferencia de la guerra convencional, no busca defender posiciones.

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el concepto Occidental de una constancia
con la "guerra" por una parte y "una guerra
no declarada" por otra, fue irrelevante

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Mientras que el ejército había esparcido sus fuerzas para llevar a cabo patrullas de saturación para luchar con pequeñas bandas, la FARC ahora operaba en columnas grandes, con artillería y armamento (morteros de tanques de gas improvisados). Como era de esperar, el resultado fue una serie de enfrentamientos en los que la FARC rodeó y aniquiló unidades aisladas del ejército. Solamente cuando los militares reconocieron que la FARC estaba empleando técnicas de guerra móvil al igual que como se emplearon en Vietnam y en El Salvador es que se tomaron medidas para estabilizar la situación. De estas realizaciones surgieron tres lecciones importantes:

• El concepto Occidental de una constancia con la "guerra" por una parte y "la guerra no declarada" por otra era irrelevante. El enemigo no tenía ese concepto de la guerra. Había una sola guerra, con diferentes combinaciones de las formas de lucha dependiendo de las circunstancias.

• Las fuerzas militares se habían enfocado tanto en las contingencias del momento, especialmente la guerra de las drogas y las acciones del Movimiento 19 de Abril (M-19), que no vieron el panorama estratégico más grande. Esto dejó a los militares expuestos a la sorpresa estratégica cuando unidades de la fuerza principal (columnas de guerrilla en formación de batallones o más grandes) aparecieron, operando en combinación con el terror y la guerra de guerrillas, parecido a como los ejércitos occidentales emplean combinaciones de operaciones regulares y operaciones especiales.

• Había un desacople entre los dirigentes políticos y los militares. Los dirigentes políticos consideraban que el problema era solamente uno de violencia: Los insurgentes estaban utilizando la violencia, por lo tanto había que desplegar la violencia de las fuerzas de seguridad en contra de ellos. Además, la guerra era problema de los militares, no de los dirigentes políticos. No había un concepto de una respuesta multifacético e integrado por parte del Estado.

La curva de aprendizaje era empinada y, a medida que los militares recuperaban su equilibrio, sufrieron una serie de reversas, una de las cuales se puede comparar, en cuanto a circunstancias y bajas, con la última batalla de Custer en Little Bighorn. En marzo de 1998, en El Billar, al sur de Caquetá, la FARC aniquiló una unidad selecta del ejército, el 52º Batallón Contraguerrilla del la Tercera Brigada Móvil del Ejército. Para cuando los refuerzos pudieron aterrizar el 4 de marzo, el batallón había sido destruido como una fuerza de combate eficaz, con 107 bajas de sus 154 hombres.

Recuperando la Iniciativa Estratégica

Irónicamente, cuando Andrés Pastrana asumió el poder fue que comenzó la recuperación de la iniciativa estratégica. La ironía radicaba en el hecho de que el Presidente Pastrana fue elegido en una plataforma de paz. Reconociendo que el conflicto era político, inició las negociaciones de paz con la FARC e intentó discusiones similares con el ELN para darle fin a la violencia. Esto incluyó cederle a la FARC una zona desmilitarizada (DMZ, por sus siglas en inglés), el doble del tamaño de El Salvador, donde se podrían llevar a cabo las negociaciones libres de conflicto.

Sin embargo, a insistencia de la FARC, no hubo cese de fuego afuera de la DMZ. Mientras Pastrana asumió la responsabilidad política de negociar con la FARC, le dejó a los militares la conducción de la guerra afuera de la zona. Las negociaciones fueron críticas porque demostraron terminantemente que la FARC en realidad no estaba interesada en ponerle fin a la violencia, sino utilizar el proceso de paz para promover su agenda revolucionaria. Esta mala fe por parte de los rebeldes abrió la puerta a un método más agresivo que, a su vez, ayudó a los miliares a recuperar la iniciativa estratégica.

El éxito de este esfuerzo se debió tanto al nuevo liderazgo como al nuevo método. La cadena de mando que se estableció en diciembre de 1998 permaneció durante la administración de Pastrana: el General Fernando Tapias como el comandante de la fuerza conjunta, y el General Jorge Mora como el Comandante del Ejército. El General Tapias pudo interactuar con los dirigentes políticos y representar los intereses militares a los líderes civiles mientras que el General Mora fue un buen líder militar, movilizando al Ejército a que hiciera las reformas internas necesarias para recuperar la iniciativa.

Al este y al sur de Colombia, la IV División enfrentó la unidad operacional más fuerte de la FARC, conocida como el Bloque Oriental, que había ocasionado las peores derrotas en las fuerzas militares, y confinó la DMZ en dos lados. La FARC estaba utilizando la DMZ para agrupar a sus unidades de fuerza principales para nuevas ofensivas.

En lugar de negociar la paz, la FARC lanzo cinco ofensivas principales desde la DMZ, algunas empleando blindaje casero pero formidable. Al evaluar el éxito de la IV División en contra de esos ataques, los siguientes factores se destacan:

• La division operó como una parte de una milicia revigorizada y reorganizada. Prácticamente no había ningún elemento que no hubiese sido reformado o mejorado, y la división trabajó estrechamente con verdaderos profesionales.

• Los puntos fuertes y las debilidades del enemigo, especialmente su estrategia, operaciones y táctica, fueron evaluadas correctamente. Eso significaba que las operaciones ocurrían dentro de una estrategia correcta. Había mucha presión, especialmente por parte de los aliados norteamericanos, de enfocarse en los narcóticos como el centro de gravedad, pero el verdadero centro de gravedad estratégico era la legalidad.

La FARC contaba con tres centros de gravedad operacionales: sus unidades, el dominio territorial y el financiamiento. La primera se explica por sí misma. La segunda es el resultado del descuido y abandono tradicional del gobierno de sectores rurales grandes. El último fue el resultado de la perversión de la guerra popular por parte de la FARC. La organización contaba con poco apoyo del pueblo, por lo tanto atacar sus bases, corredores de movilidad y unidades tenía el mismo impacto que en un combate principal. Por último, el dominio de la FARC de la industria de narcóticos fue posible a causa de su control de grandes áreas de espacio rural.

El General Ospina en patrulla con soldados colombianos.

El General Ospina en patrulla con
 soldados colombianos.
Foto cortesía del Ejército Colombiano

Por lo tanto, elevar las operaciones antidrogas como la iniciativa estratégica principal hubiera sido en error grave—uno que nunca se cometió. Sin embargo, a pesar de esta experiencia exitosa, ni el personal ni los recursos estaban disponibles para brindarle seguridad a la población. Se emplearon una variedad de técnicas, tales como ofensivas para limpiar las áreas, luego rotar las unidades constantemente hacia y fuera de los lugares reclamados, pero éstas eran sustitutos deficientes a una presencia permanente a largo plazo. Eso tendría que esperar hasta la siguiente administración.

Un Método Nacional Integrado

Cuando el próximo presidente de Colombia Álvaro Uribe asumió el poder, las piezas que faltaban cayeron en su lugar. Estratégicamente, se formuló un plan nacional, "Seguridad Democrática," que convirtió como base la seguridad del individuo. Este plan incluía todos los componentes del Estado y empleó las fuerzas públicas, bajo el Plan Patriota, como el elemento de seguridad para una sociedad democrática. Se otorgó legalidad, pero había que movilizar a la población y ese fue el elemento central de lo que ocurría operacionalmente. Esas personas estaban involucradas en lograr un mejor ejercicio del poder político y en la "vigilancia de vecindarios", y una porción del borrador anual en un final fue dedicado a las fuerzas locales.

Una economía restablecida suministró los fondos para unidades de ataque y especializadas adicionales al igual que un incremento considerable en personal (Plan Choque). El personal voluntario aumentó en gran medida y se convirtió en un tercio del total de la fuerza del Ejército (que ahora sobrepasa los 200.000 efectivos). Los cambios fueron incesantes y extensos.

Durante este periodo, las fuerzas públicas trabajaron estrechamente con las autoridades civiles en un planteamiento nacional para tratar los problemas nacionales. Contrario a las críticas erróneas y vengativas en contra de las fuerzas armadas en algunos sectores, la milicia colombiana no violó su promesa de servir a la democracia durante la era de mandato militar en América Latina.

Cabe destacar que solamente ha habido una encuesta en años recientes que no ha identificado a la milicia como la institución más respetada en el país, y en la sola excepción la colocó en segundo lugar. Eso dice mucho acerca de su relación con el pueblo colombiano. Con todo, la milicia ha trabajado arduamente para mejorar el buen expediente que ya goza en derechos humanos y su respeto para la ley internacional de derechos humanos. A veces las críticas por parte de organizaciones internacionales son verdaderamente sorprendentes. El personal de la milicia colombiana está sujeto a la ley en gran parte de la misma manera que sus contrapartes estadounidenses, y esta es una guerra crítica en contra de bandidos.

Cambio de Postura

La meta militar durante la administración Pastrana (1998-2002) era recuperar la iniciativa estratégica. Lo hizo atacando la estrategia, las operaciones y las tácticas del enemigo. La meta durante la administración Uribe (2002 al presente) fue cambiar la ofensiva estratégica fortaleciendo las actividades normales de pacificación en el país, usando fuerzas locales y unidades especializadas para reincorporar áreas. Además, los militares emplearon fuerzas de tarea conjunta para atacar las bases estratégicas de la FARC, como se hizo en Operaciones Libertad 1 alrededor de Bogotá y Omega en Caquetá. Esta última fue concebida para eliminar la "retaguardia estratégica" que la FARC utilizaba para lanzar sus fuerzas principales.

Hasta ahora los resultados son que la FARC ya no puede funcionar en unidades grandes, por lo tanto tiene que participar en operaciones similares a las que Estados Unidos enfrenta en Irak. Dispositivos de explosivos improvisados son la causa principal de las bajas. Si bien esos dispositivos matan y mutilan, el enfoque de la FARC en ellos es prueba de su deficiencia estratégica y operacional.

Tanto el ELN y la AUC han sido tratadas principalmente a través de negociaciones. La desmovilización tiene sus propias dificultades y críticas, pero se prefiere en lugar de las operaciones de combate. Incluso algunas unidades de la FARC han comenzado a rendirse, aunque la organización ha resistido esta tendencia y está decidida a emplear el terror y la guerra de guerrillas en un intento de repetir el ciclo de años anteriores.

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la FARC ya no puede funcionar en unidades grandes,
 por lo tanto tiene que participar en operaciones
 similares a las que Estados Unidos enfrenta en Irak

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Sin embargo, ha habido un cambio de postura en la FARC. Los campos de minas y los asesinatos pueden interrumpir la vida en las áreas locales, pero la maduración implacable del Estado democrático torna en inevitable la derrota de los rebeldes si las cosas continúan como van. La movilización de los ojos y oídos de la vigilancia de barrios, unida a las fuerzas locales, las fuerzas dominantes en la zona y las fuerzas de ataque, todo dentro de una red de fuerzas especializadas y las acciones de un Estado democrático, garantiza que a la larga se encontrará a la FARC y se le invitará a que regrese a su lugar dentro del Estado.

Los enormes recursos de la FARC del comercio de la droga y la dependencia cada vez mayor en las bases externas demora el progreso de nuestra campaña porque le permite a los insurgentes a participar en conducta antipopular, inclusive el uso del terror, y no sufrir las mismas consecuencias que resultarían si una base de gran tamaño fuese esencial. Por ende, no se debe buscar luz al final del túnel demasiado temprano. En cambio, la métrica colombina será similar a la métrica de EE.UU. en la guerra contra el terrorismo—medidas de percepción que los ciudadanos están seguros, la economía prospera y la sociedad permite el cumplimiento de deseos individuales.

En Colombia, cada indicador que se puede medir está procediendo en dirección positiva, desde la disminución en los porcentajes de asesinatos y secuestros, hasta el crecimiento de la economía y la libertad de movimiento. Esos factores se pueden cuantificar, pero no hay manera de saber cuándo se cruza una línea mágica en la que un asesinato menos hace toda la diferencia en la opinión que los colombianos tienen de su país. Lo que se sabe es que los ciudadanos mostrarán sus sentimientos en las urnas. Es por ello que los militares defienden y sirven a un Estado democrático, y así es como debe ser siempre.


 Colaborador

El General (R) Carlos Aberto Ospina

El General (R) Carlos Aberto Ospina, Ejército Colombiano, fungió en calidad de Comandante de las Fuerzas Militares colombianas desde agosto del 2002 hasta agosto del 2006. Anteriormente completó el Curso Básico de Paracaidismo, y el Curso Avanzado de Oficial de Infantería, Fuerte Benning, Georgia; es egresado de la Universidad de Defensa Nacional (NDU), Fuerte McNair, Washington, D.C. Durante sus años de instructor, sus asignaciones incluyeron profesor de Historia Militar en la Escuela Militar de Cadetes, instructor huésped en la Escuela de Guerra del Ejército Chileno y en la Escuela de las Américas del Ejército de EE.UU. El General Ospina comandó el 33avo Batallón de Infantería, el Duodécimotercer Batallón de Infantería, la Escuela de Lanceros, Segunda Brigada Móvil, Cuarta Brigada del Ejército y la Cuarta División del Ejército. También se desempeñó en calidad de Jefe de Operaciones (E.3) e Inspector General de las Fuerzas Militares. Después de pasar a retiro, el General Ospina pasó a formar parte del Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa, NDU, Washington, D.C.

 Declaración de responsabilidad: Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este artículo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.


De derecha a izquierda: El General Nelson Freddy Padilla, el General (R) Alberto Ospina Ejército de Colombia y el Teniente Coronel (USAF) Luis F. Fuentes

De derecha a izquierda: El General Nelson Freddy Padilla, Jefe de las Fuerzas Armadas colombianas, el General (R) Alberto Ospina Ejército de Colombia y el Teniente Coronel (R) USAF Luis F. Fuentes durante la Conferencia sobre la Seguridad del Hemisferio Occidental llevada a cabo en Miami, Florida, 3 de mayo de 2007.


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