Document created: 5 June 06
Air & Space Power Journal - Español  Segundo  Trimestre 2006


¿Por Qué Debemos Hablar de Valores?

Comandante de Grupo (Tte Cnel) Luis A. Huerta Morales

Servicio Aéreo Nacional–República de Panamá

Valores

EN ESTE MUNDO de hoy, en el que existe un desenfreno inaudito por triunfar y alcanzar logros materiales que posibiliten mayor comodidad en la vida propia y la de nuestros dependientes, frecuentemente se comulga con la idea de que "todo vale", pues de no enfrentar con descaro las exigencias que nos impone la vida moderna, muy posiblemente, pensarán muchos, los avivatos se comerán la parte que nos tocaría del pastel del triunfo. Con este pensamiento, el éxito sólo será de aquellos que de manera eficaz obtienen mayor parte, sobre la base de su desprecio a la medieval idea del Honor y los Valores. Se piensa que éstos son reglas antiguas e ingenuas, que se cumplen siempre que no exista conflicto con nuestros intereses. Parece inverosímil, sin embargo, que por virtud de una hipocresía colectiva, nadie se encuentra a si mismo carente de honorabilidad o que los fuegos del infierno, para la gran mayoría religiosa, acabarán algún día, por consumir sus carnes y osamentas.

Pero, cuando se violan los valores ¿Porqué la percepción individual, parece no aceptar o no vislumbrar lo que para los demás es evidente?

La respuesta a esta pregunta es sencilla: Los valores no son una verdad absoluta para todos los individuos, ya que son enseñanzas no homologadas que dependen de la cultura familiar, étnica, territorial, nacional y religiosa, que popularmente son adoptadas como las aprenden o con adendas o enmiendas que son consideradas apropiadas por los individuos en virtud de sus creencias e intereses.

Luego, entonces no hay valores absolutos en general.

Si sólo existiera un individuo que los aplicara, los valores por sí solos no poseerían significado alguno. La única utilidad de un valor es en la vida colectiva de varios individuos para que éstos les ayuden a cumplir un propósito, ya sea individual o colectivo, en la familia, en el pueblo, en la organización, en la nación o en el país.

Así las cosas, se necesita hablar de los valores; de otra manera éstos nunca se convertirán en una herramienta útil para la colectividad.

El narciso usa sus propios valores como una filosofía individual, que no cumple ningún otro objetivo adicional que el de la propia justificación de sus actos, alabando su ego en irreverencia al interés común.

Los valores: ¿Existen? ¿Qué son?

Los valores son creencias intrínsecas, virtudes, las que así, fundamentan el comportamiento y las actitudes de los individuos.

No toda creencia intrínseca, que fundamenta comportamientos, es necesariamente un valor, pues existen credos que plantean normas de conducta que contradicen la esencia de lo que llamamos valores. Por ejemplo, el dogma nazi en Alemania de los años 30, estipulaba en alguna de sus partes, la superioridad racial aria; y esta creencia, verdad absoluta para los seguidores del nacional socialismo alemán, fue fundamento de conductas y actitudes, que generaron el llamado Holocausto, un genocidio sin precedentes en la historia humana. ¿Es esta creencia, la de la superioridad racial aria, un valor? Hoy, la respuesta, unánime sería que no. Pero estamos seguros que el mein kanf atesoró este credo con la visión de un valor y como una verdad absoluta. Dice el Larousse que un Valor es lo que una determinada moral establece como ideal o norma.

Lo que convierte a un dogma o creencia en un valor ético es la virtud. Si la virtud (lat. virtutem) es la disposición constante a hacer el bien, valor ético será aquel que promueve el bien.

Parece ser, con esta definición, fácil describir una serie de dogmas que promueven el bien como valor, sin embargo, aparentemente la sociedad posee serias dificultades para establecer aquellos y homologarlos para que nos sirvan como preceptos inamovibles que guíen nuestras conductas y actitudes. ¿Por qué? Bueno, simplemente la línea que separa los conceptos abstractos, como el bien y el mal, no es tan clara y evidente para todos los seres de una colectividad.

HONOR n. m. (lat. honorem). Cualidad moral de la persona, que obedece a los estímulos de su propia estimación: un hombre de honor.
2. Recompensa moral que se alcanza con esta cualidad: preferir el honor al dinero.
3. Reputación, consideración: vengar su honor.
4. Virginidad en las mujeres.
5. Demostración de estima, de respeto: celebrar una fiesta en honor a alguien.
6. Acto por el cual alguien se siente halagado.
7. Dignidad, cargo, empleo: aspirar a los honores de la presidencia. (Suele usarse en plural.)
Campo, o terreno, del honor, lugar donde, conforme a ciertas reglas, combaten dos o más personas.
Hacer honor a algo, comportarse conforme a lo que se dice.
Palabra de honor, promesa o afirmación que confirma con fuerza algo.
Tener a honor, considerar que es causa de orgullo.
§ honores n. m. pl.
8. Ceremonial, agasajo: rendir honores.
9. Fórmulas particulares de respeto que deben observarse ante los jefes de estado y altos funcionarios.
10. Ceremonias con que la guardia o tropa formada honra a determinadas personas, a la bandera, etc.
Hacer los honores, atender a los invitados en una fiesta o ceremonia; hacer aprecio de lo que se ofrece en un convite, comiendo y bebiendo en abundancia.
Honores de guerra, los que se conceden a un enemigo que capitula honrosamente.
Honores fúnebres, los que se tributan a los difuntos.
©El Pequeño Larousse Interactivo, 2001

Para establecer y definir los valores éticos de un grupo, organización o nación hace falta aplicar la sapiencia casi aritmética que correlaciona los objetivos y metas del mismo que establecen las aspiraciones de sus miembros en busca de la cooperación y la igualdad de oportunidades.

Para definir valores como base de la ética, es necesario que comprendamos que no todas las creencias constituyen valores de ética. La ética se refiere a lo correcto o incorrecto, por lo que los valores éticos preceden a los demás. La conducta y las actitudes de los individuos éticos se basan en la anteposición de sus valores éticos a otros que aunque convenientes, por sí solos no separan el bien del mal. Por eso la Felicidad, aunque un bien apreciable, dependiendo del individuo y su moral, podrá ser alcanzada por varias vías. No todos los malhechores del mundo son necesariamente infelices, por eso la Felicidad no es un valor de ética.

Los valores de ética lo constituyen entonces aquellas creencias como la integridad, responsabilidad, equidad, lealtad, honestidad, respeto, tenacidad, excelencia, competencia, valentía y patriotismo que diferencian lo correcto de lo incorrecto.

Los valores éticos no son sólo buenas ideas con las que parecemos estar de acuerdo, se trata de los cimientos de la conducta correcta y del honor. Estas cualidades morales son indispensables para el triunfo de los objetivos colectivos, pues posibilitan la armonía, la buena comunicación por vía del respeto y la confianza, resultando en una optimización de los recursos que se utilizarán en la persecución del éxito.

VIRTUD n. f. (lat. virtutem). Disposición constante a hacer el bien.

2. Perfecta adhesión de la voluntad a las leyes de la moral vigente.

3. Disposición particular a observar determinados deberes, a cumplir determinadas acciones; cualidad.

4. Facultad, poder, capacidad de hacer algo.

5. Eficacia para curar alguna enfermedad o desarreglo fisiológico: hierbas con virtudes curativas.

6. TEOL. Cualidad permanente del espíritu que inclina a practicar el bien.

En virtud de o por virtud de, gracias a, por medio de.

©El Pequeño Larousse Interactivo, 2001

Valores: ¿Base del honor?

El honor ha sido visto por el cine, la televisión y la literatura, románticamente. Existe, una percepción general de que el honor es una conducta que en ocasiones ofusca la razón de los héroes de estas epopeyas, obligándolos a cometer actos radicales que frecuentemente cuestan la vida al personaje, brindando una visión intangible e irreal entre los mortales asistentes o lectores, al ver que el galán, ante sus ojos, se inmola por algo que les parece insulso, pues ellos mismos no harían tamaño sacrificio en idénticas condiciones. Esta percepción de un honor intangible crea una devaluación moral del concepto del honor.

El honor es mucho más simple de lo que propone la fantasía. El honor es una cualidad moral de la persona, que cuando hablamos de ética, corresponde a la capacidad para cumplir con los valores éticos, que estima por correctos y válidos. Una persona honorable es aquella cuyas acciones y actitudes se desarrollan en concordancia a los valores éticos. Un individuo ético es un ser honorable. Sin valores éticos, no hay honor.

Los valores éticos

Algunos valores se destacan por incluir otros, de esta manera la correlación de valores hace que algunos no se puedan disociar. Por ejemplo, no se puede ser íntegro sin ser honesto; no se puede ser honesto, sin ser responsable y no se puede ser responsable sin ser sincero. Por ello los valores pueden resumirse en unos cuantos que establecen claramente la base del honor.

Integridad: "Es la firme devoción por la honestidad, la sinceridad, el cumplimiento del deber y hacer lo correcto". "La verdadera integridad debe comprender la voluntad para anteponer nuestro deber ante otros deseos personales". "Ser fiel a sus propias convicciones forma parte de la integridad. El atenerse a los principios, mantener un criterio independiente y desempeñar los deberes con imparcialidad".1

La integridad comprende:2

• Mantenerse fiel a las obligaciones adquiridas

• Ser sincero

• Ser honesto de palabra y de hecho, y esperar lo mismo de los demás

• Aceptar la responsabilidad por nuestros actos

• Ser una persona moralmente correcta.

La integridad es el valor ético fundamental. Los demás valores éticos son expresiones especializadas de la integridad.

Lealtad: Estar comprometidos fielmente con una entidad, ya sea una persona, una organización o una idea. La traición es la negación de la lealtad. Sin embargo, la lealtad es un valor que en ocasiones es mal interpretado, porque se le distorsiona como devoción inconmovible a personas o entes. La lealtad como valor ético implica que el objeto de esa devoción se mantenga virtuoso y no corrupto. Una persona leal no tiene por qué mantener su lealtad al ente que se deprava, pues al pervertirse el objeto de su lealtad, se rescinde el vínculo que hace de esta un valor ético, como consecuencia de la pérdida de su virtud.

Equidad: Es la virtud de ser justos y tratar a todos las personas por igual; sin discriminación, arbitrariedad, perjuicios o parcialidad. Se trata de dar un trato a los demás que incluya la tolerancia y adolezca de caprichos.

Responsabilidad: Como valor ético la responsabilidad implica el hacerse responsable de sus actos, la adquisición de compromisos y honrarlos. Una persona responsable no rehuye sus obligaciones, las cumple y enfrenta las consecuencias de sus actos. Si se disculpa lo hace con equidad, estableciendo de esa manera, las razones que lo llevaron a realizar sus actos.

Respeto: El tratar a los demás con dignidad. El respeto supone entender que todos somos iguales y las personas merecen ser tratadas con equidad. El fundamento de este valor ético es que la armonía de la colectividad radica en la atención que le presten los individuos a los derechos de los demás. ". . . el respeto al derecho ajeno es la paz"3.

Valentía: "Es la disposición para enfrentar las dificultades, el peligro y el dolor a sabiendas de los riesgos, y no obstante poder hacer lo correcto."4 La valentía es uno de los valores que fortalecen el honor. Es imposible el honor sin la valentía para enfrentar dificultades cuando se hace lo correcto. Para ello existen dos tipos de valentías:

• La valentía física: Es la actitud para enfrentar dificultades que pondrían la integridad física en riesgo.

• La valentía moral: la actitud de hacer lo correcto a pesar de que tengamos incesantes presiones para dejar de hacerlo. "Esto exige que estemos dispuestos a defender nuestras convicciones, aunque no cuenten con el apoyo popular o vayan en contra de un buen criterio."4. Es tener el valor de hacer lo correcto aunque no convenga a nuestros intereses personales.

Tenacidad: La actitud que nos hace mantener nuestra voluntad firme con un objetivo. "La tenacidad es ese Valor que nos mantiene aferrados al camino escogido hasta alcanzar la meta, indistintamente de las dificultades y desafíos que debamos enfrentar".5

INTEGRIDAD n. f. Estado de una cosa que tiene todas sus partes o que no ha sufrido alteración: la integridad de una suma, de un conjunto. Cualidad de una persona íntegra, recta, honesta.

RESPONSABILIDAD n. f. Calidad de responsable. Obligación moral que se tiene a consecuencia de haber o haberse cometido una falta. RESPONSABLE adj. Que debe responder, rendir cuentas de sus actos o de los de los otros. Consciente y formal en sus palabras, decisiones o actos: trabajador responsable. Persona que tiene autoridad, capacidad para tomar decisiones, dirigir una actividad, el trabajo de un grupo, etc.

LEALTAD n. f. Calidad de leal. LEAL adj. y n. m. y f. (lat. legalem). Dícese de la persona fiel y noble e incapaz de cometer cualquier traición o engaño.

EQUIDAD n. f. (lat. aequitatem). Igualdad de ánimo. Cualidad que consiste en atribuir a cada uno aquello a lo que tiene derecho.

HONESTO, A adj. (lat. honestum). Conforme a lo que exige el pudor y la decencia o que no se opone a las buenas costumbres. Honrado, incapaz de robar, estafar o defraudar. Razonable, moderado.

© El Pequeño Larousse Interactivo, 2001

Patriotismo: Este valor es el motor de la nacionalidad. Es el amor, fervor y devoción a la patria. Esta devoción es herramienta imprescindible para que los individuos desarrollen sus propósitos en función al interés nacional. "Un verdadero patriota antepone el fiel cumplimiento del deber ante sus propios intereses."6

"El patriotismo es amar a la patria, ser un ciudadano que se preocupa por las leyes y cumple con ellas y ayuda a los demás cuando se presenta la oportunidad. Es dar lo mejor de sí en su trabajo y esmerarse por obtener una educación. Es hacer uso del derecho de sufragio el día de las elecciones y cuidar su familia al máximo. Patriotismo es defender a su país siempre que esté en peligro."7

Excelencia: La actitud de hacer las cosas lo mejor posible es un Valor que se contrapone a la mediocridad. La competencia, un valor primordio de la excelencia, se convierte en la necesidad de prepararnos y contar con las aptitudes, conocimientos y la experiencia para poder realizar nuestro trabajo. Los valores éticos imponen a quien honorable se califique, obtener la competencia que requiere su tarea. La excelencia impone, entonces, ser competentes para poder realizar nuestros quehaceres con el más alto nivel de esmero.

Estos valores éticos, que definimos como primordiales, dan paso a otros que son exponentes específicos de estos. La puntualidad, la bondad y la dedicación son expresiones precisas de la responsabilidad, la equidad y la excelencia, por ello, si tomamos estos valores éticos primordiales y los desarrollamos fundamentamos el honor.

El status quo

El honor es una condición moral de los individuos que se comprometen de acción y palabra con los valores éticos. Sin embargo, el imperio del Honor en la sociedad de hoy se enfrenta a la irreverencia de la sociedad.

Las sociedades están conformadas por personas; y estas obran en función de sus necesidades e intereses. Si las personas, con sus acciones, definen el comportamiento colectivo, ellas en su conducta sumada, son las responsables por la existencia o no del imperio del honor.

Pero, entonces . . . ¿Cuáles son los factores que impiden el imperio del honor?

La cómoda actitud de muchos, es contagiosa. La teoría de las ciencias económicas, define un bien económico en función de su necesidad y escasez; lo cual es cierto: el aire que respiramos (necesario para vivir) será gratis mientras no escasee, es así que cuando nos fuimos a vivir a las ciudades, escaseó el agua y ahora nos la venden. Por añadidura, el sistema occidental de vida, "The American Way", propone la visión capitalista de la oferta y demanda, la que genera el afán de enriquecimiento; vendedor y comprador definen los roles en los que alternamos una vida de consumo, en la que la formación de la riqueza depende de comprar barato y vender caro.

Aunque en efecto, esta parece ser hasta ahora, la mejor manera de manejar la distribución de la riqueza; por definir la calidad de nuestras vidas, el método descarna nuestra humanidad, pues promueve la ejecución de eficacia y eficiencia para hacer dinero.

En la eficacia y eficiencia de hacer dinero, los valores éticos no parecen agregar dinamismo, siendo así, quedan relegados a un segundo, tercer o ningún plano; y como mencionamos, sin valores no hay honor. No obstante, esta aparente disyuntiva capitalismo-honor, existen personas honorables ¡y, afortunadamente no son pocas!

El capitalismo no es una doctrina antivalor, lo que sucede es que, las debilidades humanas hacen que las personas sucumban ante el brillo del oro y dejen a un lado sus valores.

El círculo que no acaba, surge de esta aparente contradicción capitalismo-honor. Las personas que observen que otros no honorables, alcancen el éxito económico y social, tendrán una presión fuerte a abandonar su comportamiento ético y mientras más personas sucumban, más ejemplos corruptos harán que muchos más desatiendan al honor. En las sociedades modernas parece un círculo vicioso sin fin.

Cuando las personas corruptas alcanzan el éxito, obteniendo bienes o condiciones apreciadas por la mayoría; existe indicio de la debilidad y alcance del honor hecho norma: La ley. Las leyes son expresiones políticas de los valores éticos y el honor, cuyo respeto hace a sus súbditos honestos. El status quo se inicia cuando la ley, o quienes son encargados en el Estado de hacerla cumplir, no impiden a los corruptos triunfar. Esta es la impunidad.

El saber que la corrupción es impune, alienta la infamia y ésta contribuye, a todo trance, con la infelicidad de los pueblos y promulga la tribulación. Cada vez se hará más inmunda la sociedad en un círculo sin fin que determinará el fin de la vida civilizada, cuando imperará la anarquía y la barbarie, antítesis del progreso y el desarrollo de la humanidad.

Otro factor común es la distorsión de la bondad, un valor especializado del respeto y la equidad, que en ocasiones se convierte en aliado de la impunidad. La dislocación ocurre cuando por pereza o miedo a las consecuencias o a la complicación, "perdonamos" las acciones corruptas de amigos, familiares, compañeros de trabajo y desconocidos; en alarde a la ausencia de una valentía moral.

¡Cuan difícil es la supremacía del honor!

El valor fundamental, la integridad propone la negación de la corrupción propia o la ajena, por lo que la impunidad es un antivalor. Tan infame es el corrupto como el que se lo permite.

En una ocasión, observé que el Jefe de Recursos Humanos del Servicio Aéreo Nacional, un preciado amigo, había colocado, en la puerta de su oficina, este mensaje en alusión a la disciplina: "Si eres mi amigo, no me pidas que viole la ley para beneficiarte"

Conociendo los valores y el honor

Desde pequeños, nuestros padres, familiares y amistades, plantean ante nuestros ojos, conductas y conceptos de todo tipo. Presenciamos valores y antivalores, siendo nuestro intelecto, acorde a nuestros intereses y necesidades, el que analiza y da valor personal a las conductas apreciadas.

Aunque es criterio aceptado por muchos, que reproducimos las conductas que observamos con frecuencia, es evidente que el hijo de un ladrón no necesariamente se convertirá en ladrón. Estamos de acuerdo en que hay elevadas probabilidades de que un individuo se corrompa en contacto frecuente con la corrupción. Sin embargo, nuestra idea más bien correlaciona los resultados apreciados de las conductas, valorados conforme a los intereses del individuo que las ve.

Si una persona evalúa que cierto tipo de conducta termina en un resultado y consecuencias, de valor para ella, acorde a los objetivos que persigue y su manera personal de ver las cosas, muy probablemente copiará y ejecutará lo que observa. Por el contrario, si estos resultados y consecuencias no son valorados, la gestión será repudiada. Este mecanismo sirve para copiar o desestimar valores y antivalores.

El hijo que observa a su padre golpear a su madre y comprende, al observar que este comportamiento la hace infeliz, desmejorando la calidad de vida familiar y la de él, produciéndole sufrimiento; muy probablemente identificará en esta conducta de su padre, un antivalor que él no copiará, pues si vislumbra la felicidad futura de su familia y da valor a lo que no tuvo (un bien atesorado por otros ejemplos identificados en otro escenario), el ejemplo corrupto que tuvo en su niñez propiciará su repudio cuando adulto.

De igual manera, en el ejemplo anterior, si este niño, debido a que atesora con mayor valor un machismo en el que las mujeres son inferiores a los hombres, verá en su padre, un predicador de este dominio; procurando, en su mente, argumentos que justificaran su conducta; su madre seguramente se lo merecía. La actuación será, posiblemente, ejemplo imitable en el futuro.

Estos ejemplos identifican claramente que las conductas, para ser imitadas, dependen de la evaluación de los resultados y consecuencias. Los individuos como entes sociables, imitarán las conductas que ayuden a su inserción en el rol que aspiran representar en la comunidad.

Conocer y aceptar el honor y los valores éticos, como principios preciados, implica entender que los resultados y consecuencias son valiosos, de otra manera éstos se convierten en fundamentos inertes que motivan el desden; considerándolos ridículos y caducos.

El honor militar

El honor militar es una convención estimada por los profesionales de las armas, que aunque no es un concepto diferente al Honor como conducta civil, posee una estructuración colegiada que propone un comportamiento destacado entre sus miembros, proyectando al honor, como una cualidad intrínseca de todos los militares.

Los valores prohíjan una serie de actitudes que hacen más efectiva la labor de esta profesión, convirtiéndose en instrumentos de faena, herramientas útiles que cohesionan al cuerpo armado, aumentando la efectividad de su misión: proteger la integridad de la Nación y sus ciudadanos.

Cuando era cadete en la Academia da Força Aérea, AFA, en Brasil, me identifiqué con el honor militar. Hasta ese momento, los valores que había aprendido, por cuenta de mis padres, el colegio y la sociedad panameña; estaban informalmente en mi mente. "Lealdade, Honra, Dever e Pátria"8 (Lealtad, Honor, Deber y Patria), fueron palabras que retumbaron en mi mente, creando la primera formalidad perdurable de lo que entiendo por valores éticos. En la AFA pude apreciar, a lo largo de mis estudios allí, ¡como eran válidas estas ideas! a pesar de las presiones de la instrucción militar, siempre se apreciaron, los valores, la ética y el Honor.

La gente de Pirassununga, São Paulo, donde estaba ubicada la AFA, ven a los cadetes como hombres íntegros y de honor. Es reconfortante, el trato que recibí de todos allí. Ellos sabían que proveníamos de una entidad donde la integridad es la norma. La información que distinguimos los cadetes era que, los valores de ética, son conductas que dan buenos resultados y traen excelentes consecuencias, que mejoran las condiciones de cohabitar y ayudan a alcanzar las metas colectivas.

Tener como propósito profesional, la defensa y seguridad de la comunidad, como experto en el uso de las estrategias propias y la fuerza coercitiva del Estado, propone una conducta cónsona que comprometa éticamente a los militares al servicio del poder público, al Estado, sus instituciones y la democracia. Esta conducta es el honor.

Los militares, debemos ser ejemplares en la práctica de los valores de ética y ser reconocidos por ello; aun después de formar parte de las instituciones en que hicimos carrera. Somos una profesión baluarte de esta visión, por comprender bien, el porqué de la necesidad de esta conducta para vencer las dificultades y como condición de vida.

No es militar quien no es un hombre de honor, pues niega la esencia de su profesión con la inmundicia de su corrupción y la de su mediocridad.

El honor y la sociedad

Nosotros, hombres y mujeres de las sociedades libres, para perfeccionar esa libertad debemos revertir el status quo.

Como mencionamos anteriormente, los valores éticos no son sólo, buenas ideas con las que parecemos estar de acuerdo, en verdad son principios que cimientan una sociedad verdaderamente libre, donde los individuos puedan desarrollar vidas felices que propicien el alcance de las metas y objetivos de la sociedad.

La vida es un valor preciado, pero sin calidad se convierte en un infierno, cuna de frustraciones que afectan la paz y la calidad de vida de los demás. El honor propone valores que facilitan el convivir, promete a nuestros descendientes mejores días y le augura a la comunidad mayor alcance en sus metas. Si la comunidad alcanza mayores y mejores metas, sin duda, la Nación estará bien.

Ser honorable, vivir con honor, es un tema de actitud y no de aptitud. Los hombres y mujeres de honor no nacen se hacen. La idea de vivir con honor germina dentro de nuestra clarividencia, en un acto de valorización por la estima de los demás. Un individuo que desarrolle su vida completa en una isla desierta, nunca encontrará sentido en este concepto. Todos los valores éticos están concebidos para ser practicados por un individuo en función a la vida colectiva. Luego entonces, el honor es un principio que se torna indispensable en el hombre como un ser social. Si usted está de acuerdo, ¿Se considera usted una persona de honor? mmm . . .

. . . espero que sí!

Notas:

1. Inter.-American Air Forces Academy, Lecturas Bloque 1 MASL-D171032, "Valores de Ética" Pág. L2-1/4

2. United States Air Force, "Intrinsic Values", Integrity.

3. "Entre los hombres, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz" Benito Juárez (estadista, reformador y ocho veces presidente de México, 1806-1872).

4. United States Air Force, "Intrinsic Values", Bravery.

5. United States Air Force, "Intrinsic Values, Tenacity.

6. United States Air Force, "Intrinsic Values, Patriotism.

7. Jimmy Stewart actor y escritor, General de la reserva de la USAF

8. Código de Honra do Cadete da Aeronáutica, Academia de Força Aérea, Corpo de Cadetes, Campo Fontanelle, Pirassununga, Brasil.


Colaborador

El Comandante de Grupo (Tte Cnel) Luis Antonio Huerta Morales

El Comandante de Grupo (Tte Cnel) Luis Antonio Huerta Morales, Servicio Aéreo Nacional de Panamá, completó su colegiatura obteniendo el título de Bachiller en Ciencias, Letras y Filosofía en 1978, luego en 1986, se graduó de Oficial Aviador en la Academia de la Fuerza Aérea Brasileña ingresando así, a la Fuerza Aérea Panameña como Subteniente Aviador. El Comandante Huerta ha tripulado diversas aeronaves, siendo piloto instructor en T-35 Pillan. Se ha desempeñado en diversos puestos administrativos, entre los que se destacan: Director de RRHH, Director de Logística, Director Financiero y actualmente Inspector General. Durante su carrera como oficial, el Comandante Huerta ha desarrollado conceptos propios para el enriquecimiento de la doctrina de su institución.


Declaración de responsabilidad:

Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este artículo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.


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