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Air & Space Power Journal - Español Segundo Trimestre 2004

La Insurgencia Global de Al-Qaeda

El Poderío Aéreo en la Batalla por la Legitimidad

Mayor Matthew W. Lacy, USAF
“El objetivo político es la meta, la guerra constituye los medios para lograrlo, y nunca se pueden considerar los medios aislados de su propósito.”

—Clausewitz, On War, 1832

“Están matando a nuestras tropas . . . es hora de que comencemos a patear algunos traseros”.

—Un mayor de la Fuerza Aérea,
23 de marzo, cuarto día de combate en Irak. 

En su mensaje sobre el Estado de la Unión en la noche del 29 de enero del 2003, el presidente Bush revisó algunos de los éxitos logrados en la Guerra contra el Terrorismo. Aprovechó la oportunidad para justificar su firme posición sobre el desarme iraquí, citando el “vínculo entre el terrorismo y las armas de destrucción masiva”. Mientras hablaba, la mayor parte del país y del mundo cambiaba su atención a la lucha inminente con Saddam Hussein.

En la víspera del discurso, se desarrollaba en Afganistán un evento mucho menos publicitado fuera de la atención de los medios de comunicación. De acuerdo con el Servicio de Prensa de las Fuerzas Estadounidenses, “Fuerzas especiales estadounidenses y tropas de milicia afgana se enfrentaban en una lucha intensa contra las guerrillas afganas cerca del pueblo de Spin Boldak”. Un guerrillero capturado estimaba la fuerza guerrillera en más de 80 individuos, y contra ellos se lanzaron helicópteros Apache, bombarderos B-1, y aviones F-16 y AC-130 estadounidenses. Al momento de esta edición, concluía el informe “la lucha continúa”.1

Aunque el éxito de las fuerzas de la coalición en derribar al gobierno Talibán ha sido impresionante, es claro que el enemigo no se ha rendido. Algunos pueden considerar los asaltos actuales contra las fuerzas amigas como simple hostigamiento. No obstante, tales ataques resaltan la dificultad de luchar contra un enemigo entusiasta y resuelto a pesar de la incuestionable superioridad militar estadounidense. Como se demostrará en este artículo, la red terrorista de Al-Qaeda equivale a no menos que una insurgencia mundial. La Guerra contra el Terrorismo—el conflicto general, o principal, de todas las operaciones auxiliares emprendidas para evitar que se repitan los ataques del 11 de septiembre—es una guerra de contrainsurgencia. Los militares estadounidenses poseen la doctrina y la experiencia para enfrentar a la contrainsurgencia, y esas ideas se deben aplicar a todos los aspectos de esta guerra. Tal marco servirá como un lente a través de la cual identificar las estrategias y las dificultades en la Guerra contra el Terrorismo. De manera similar, una revisión de las características de la contrainsurgencia en su relación con el terrorismo aclarará el uso del poderío aéreo en los retos del futuro.

Lo Básico: El Qué, el Cómo
y el Por Qué de la Insurgencia

El qué

En 1990, la Fuerza Aérea y el Ejército colaboraron para redactar una publicación conjunta conocida por la Fuerza Aérea como el Folleto AF 3-20, Operaciones Militares en Conflictos de Baja intensidad (Manual de Campo del Ejército 100-20). Allí se define la insurgencia como “una lucha política armada y organizada cuya meta podría ser la toma del poder mediante un golpe militar revolucionario y el consiguiente reemplazo del gobierno existente. Sin embargo, en algún caso las metas de la insurgencia pueden ser más limitadas. Por ejemplo, la insurgencia puede intentar separarse del control del gobierno y establecer un estado autónomo dentro de límites territoriales étnicos o religiosos. La insurgencia podría también intentar obtener concesiones políticas limitadas, que serían imposibles mediante medios menos violentos”. Por lo tanto, los insurgentes intentan cambiar la estructura de poder actual. Las insurgencias conocidas incluyen el movimiento Vietcong para derrocar el gobierno de Vietnam del Sur, la lucha para expulsar a los soviéticos de Afganistán, y los muchos movimientos marxistas para tomar el poder en América Central y América del Sur. Todos estos conflictos implicaban una cruzada para alterar el panorama político mediante el uso de la violencia contra el partido en el poder.

Las insurgencias brotan como resultado de intenso descontento y disatisfacción con la realidad política y social actual. A menudo, esto ocurre en oposición al partido gobernante, la ocupación colonial, el orden social, la mayoría religiosa o la totalidad del sistema de gobierno. Cuando la gente cree que sus problemas no pueden ser resueltos dentro de la estructura actual, tal descontento popular proporciona la justificación para que los líderes movilicen a sus partidarios. La movilización incluye la recaudación de fondos, el entrenamiento de combatientes, la organización, la adquisición de provisiones y armamentos, y el planeamiento.2

El cómo

Las estrategias globales de la insurgencia pueden asumir varias formas. Sin embargo, el modelo general es comenzar movilizando recursos de la forma descrita anteriormente. Una vez que los líderes determinan que se ha movilizado una suficiente cantidad de recursos, empiezan a ejecutar acciones. “Suficiente” no significa “grande”. Normalmente las insurgencias comienzan siendo pequeñas. Al evitar la confrontación directa con las fuerzas del gobierno, reducen su riesgo. Tal acción “ha sido constantemente la opción del débil contra el fuerte, ya que permite evitar las confrontaciones directas y decisivas, y se apoyan en el hostigamiento y la sorpresa”.3 Los insurgentes tratan de debilitar la legitimidad del poder gobernante creando su propio gobierno ante los ojos de la población. A menudo, esto se manifiesta como ataques esporádicos contra objetivos del gobierno, en un esfuerzo para demostrar la impotencia de los que ocupan el poder. Los ataques simbólicos pequeños dirigidos a demostrar la incompetencia del gobierno aumentan el apoyo al movimiento, atraen nuevos miembros y permiten el crecimiento de la organización. Así la organización y las operaciones se vuelven más sofisticadas. A medida que el gobierno parece más débil, los insurgentes parecen más fuertes. Eventualmente la situación llega a una fase crítica y los insurgentes se sienten capaces de enfrentar directamente al gobierno en una batalla más convencional, y de tomar el control.

A veces se describe el proceso de cambio desde grupos no convencionales o subversivos pequeños hasta unidades militares convencionales grandes, como fases distintivas de la guerra insurgente o revolucionaria. Lo que se debe recordar es que la rapidez del cambio puede variar durante el curso de la lucha, un movimiento puede estar en varias etapas en diferentes regiones, y puede incluso volver a fases previas si las condiciones lo ameritan. A menudo las insurgencias son luchas prolongadas, y en general, el tiempo es su aliado. La investigación demuestra que el soldado Vietcong luchó un promedio de un día por cada treinta.4 A veces, la mera supervivencia es una victoria legítima para el insurgente.

Aunque no es esencial para la victoria de la insurgencia, el apoyo externo puede acelerar el proceso. AFP3-20 describe cuatro tipos de apoyo: Moral, que ayuda a enmarcar las acciones de los insurgentes como justificadas y justas; Político, que fomenta la causa de los insurgentes en los foros internacionales; Recursos, que incluye dinero, armas, alimentos, asesores y entrenamiento; y, Refugio, que proporciona bases de operación y entrenamiento seguros.

A menudo se describen las insurgencias en el contexto del entorno. Esto incluye los medios cultural, demográfico, climático y del terreno en que se lucha la guerra. Los insurgentes tratan de usar tales características en su provecho, ocultándose en terrenos difíciles, confundiéndose con la población y explotando las características culturales circundantes.

El por qué

Los insurgentes deben tener un plan para corregir las maldades de los que están en el poder. El plan debe prometer una gran mejora después de reemplazar al gobierno. La ideología proporciona la motivación para la acción. Es la ideología la que justifica el uso de la violencia e inspira a los insurgentes a enfrentar el peligro. Tal ideología puede ser política (como los muchos revolucionarios marxistas de fines del Siglo Veinte), religiosa, social o cualquier combinación de ellas. Los líderes insurgentes dependen de la comunicación efectiva de su ideología para atraer a otros a su causa. Mientras más claro y convincente sea su visión, más dedicado será el movimiento.

Al-Qaeda: Insurgencia Global 

Tradicionalmente, las insurgencias son conflictos internos. Es decir, están dirigidas a efectuar cambios dentro de las fronteras de una nación. Las operaciones pueden ocurrir a través de las fronteras de los estados vecinos, y como el término implica, el apoyo externo puede fluir desde otras naciones. Pero la insurgencia se define en términos de la lucha contra un gobierno nacional. Aplicar del concepto de insurgencia a un contexto global puede ser algo nuevo, pero no es difícil. Se aplican los mismos principios.

Comencemos con la meta. Las insurgencias tratan de alterar las estructuras de poder—derrocar gobiernos, modificar el orden social, remediar las injusticias percibidas. ¿Qué está tratando de lograr Al-Qaeda? El Dr. Stephen Biddle, profesor del Army War College describe sabiamente la meta del grupo de la siguiente manera:

En primer lugar, el grupo es radicalmente separatista. Al-Qaeda busca preservar un Islamismo puritano, estrictamente fundamentalista, aislándolo de las influencias destructoras de la cultura moderna, y especialmente la Occidental . . . Sólo eliminando la tentación de las ideas occidentales puede la comunidad de fieles servir bien a Alá. En el mediano plazo, esto exige la expulsión de toda presencia occidental en Arabia; eventualmente, implica la necesidad de eliminar toda influencia occidental del Islamismo . . . Un mundo islámico que obedezca estrictamente el diseño de Al-Qaeda se encontrará inevitablemente en conflicto con ideas occidentales que no podría impedir que traspasen sus costas . . . Por lo tanto, la teología separatista de Al-Qaeda la pone en un curso de colisión inevitable con nuestra forma básica de vida.5

Aunque Al-Qaeda no está tratando de separarse de un gobierno en sí, está tratando de apartar Islam de la influencia occidental: política, religiosa y cultural. Ciertamente esto representa un cambio en la estructura de poder a escala global.

¿Cuál es el motivo? La ideología es de vital importancia para una insurgencia. Azuza el fuego e inspira la acción. Al-Qaeda sólo tiene ideología. Durante los últimos años Osama bin Laden ha explicado claramente el motivo del grupo en muchas declaraciones. Según el Departamento de Estado de Estados Unidos, en agosto de 1996, Osama bin Laden firmó y emitió una declaración de guerra santa (o jihad) desde Afganistán titulada, “Mensaje de Osama bin Laden a sus Hermanos Musulmanes en todo el Mundo y especialmente en la Península Arábiga: Declaración de Guerra Santa contra los estadounidenses que ocupan el territorio de las dos Mezquitas Sagradas; Expulsión de los herejes de la Península Arábiga”.6 En diciembre de 1998, emitió una declaración que decía en parte, “La hostilidad hacia Estados Unidos es una obligación religiosa, y esperamos ser recompensados por Dios”.7 Hay muchas declaraciones que revelan la ideología del grupo. He aquí algunas de ellas:

“Después de tres meses desde los ataques benditos contra la infidelidad global, contra Estados Unidos, el dirigente máximo de la infidelidad, y después de casi dos meses desde el comienzo de la viciosa cruzada contra Islam, quisiéramos hablar sobre algunos de los significados de estos eventos. Estos eventos revelaron muchos temas importantes para los musulmanes.

Nuestro terrorismo es un terrorismo aceptado como bueno porque es contra Estados Unidos, tiene el fin de derrotar la opresión a fin de que Estados Unidos deje de apoyar a Israel, quién está diezmando a nuestros hijos.

Se hizo muy evidente que Occidente en general y Estados Unidos, el dirigente máximo de los infieles, en particular, sienten odio y rencor indescriptible contra Islam y los musulmanes”.8

La decisión de matar a los estadounidenses y sus aliados, civiles y militares, es una obligación individual para cada musulmán que pueda hacerlo en cualquier país en que sea posible hacerlo, a fin de liberar la Mezquita al-Aqsa y la Mezquita Sagrada de su dominio y para que sus ejércitos salgan de las tierras de Islam, vencidos e incapaces de amenazar a ningún musulmán. Esto es conforme con las palabras de Dios Todopoderoso, y los lemas de ‘combate a todos los paganos ya que ellos también los combaten a todos ustedes’, y ‘combátelos hasta que no haya tumulto ni opresión, y prevalezca la justicia y la fe en Dios’.9

¿Qué ha hecho Al-Qaeda para conseguir estas metas? Los insurgentes movilizan recursos, organizan ataques de hostigamiento indirecto y no convencional dirigidos a destruir la legitimidad y apoyo del enemigo mientras que lo ponen a la defensiva. Los insurgentes se mezclan con la población circundante y la campiña, y a menudo operan desde áreas de refugio, en campañas progresivas y prolongadas, programadas con el tiempo a su favor.

Nuevamente, Al-Qaeda guarda en este respecto una estrecha semejanza con la insurgencia. Osama bin Laden y otros líderes han conseguido movilizar a quienes están indignados por la influencia, y en efecto la presencia, de los occidentales en el mundo islámico. La propia migración de Bin Laden a la violencia fue estimulada por el estacionamiento de tropas de Estados Unidos en Arabia Saudita, cuna de las dos ciudades más sagradas de Islam, Meca y Medina, durante la Guerra del Golfo. Muchos jóvenes radicales islámicos han encontrado esto lo suficientemente indignante como para abandonar a sus familias—y a menudo vidas prósperas—para ir a los campos de entrenamiento de Al-Qaeda, y después dar uso a ese entrenamiento en forma mortal. Aunque sus ataque tal vez no intenten mostrar la incompetencia del gobierno en sí, están orientados a remecer la voluntad del pueblo estadounidense de mantener una presencia en la región. Tales ataques también pueden servir para envalentonar a los que simpatizan con la causa de Al-Qaeda.10

En realidad las operaciones de Al-Qaeda han sido no convencionales en el sentido militar. De los quince ataques atribuidos al grupo desde 1998, dos fueron bombas en aviones, tres fueron autos o camiones bomba y cuatro fueron ataques suicidas (incluyendo uno en el que los agentes de Al-Qaeda fingieron ser periodistas para asesinar al líder de la Alianza Norteña de Afganistán). Dos asaltos fueron a una escuela o iglesia, y los dos restantes fueron el ataque con bote bomba al USS Cole y los ataques del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York. Con la excepción del ataque al USS Cole, todos los demás fueron ataques contra objetivos civiles “suaves”. El incidente del Cole fue un ataque suicida por sorpresa contra un barco en un puerto.11

Cuando no están ejecutando ataques, los operativos de Al-Qaeda se entrenan y organizan en regiones remotas alrededor del mundo. Hasta hace muy poco, Afganistán sirvió como el refugio preferido. Si no pueden aprovechar las características de protección que ofrece el terreno difícil, se mezclan con la población en general, desde departamentos en ciudades europeas hasta escuelas de vuelo en la costa de Florida. Otras formas de apoyo externo—financiamiento, inteligencia, acceso, armamentos y similares—fluyen al grupo desde actores estatales y no estatales.

La naturaleza insurgente del grupo les permite la flexibilidad de elegir el tiempo y el lugar de sus ataques. Pueden atacar en sucesión rápida, o permanecer inactivos—sin las restricciones de un cronograma externo. Recordemos que pasaron casi dos años entre los ataques del World Trade Center. Como cualquier insurgencia, el grupo puede estar en diferentes “fases” entre una región a otra. Si las cosas van bien en un rincón del planeta, pueden ampliar las operaciones, incluso si se están replegando en otra región.

Mientras que la Guerra contra el Terrorismo es en un sentido “una guerra que no se parece a ninguna otra que haya enfrentado nuestra nación”,12 su naturaleza no es completamente extraña para nosotros. Los principios de poder de la contrainsurgencia se describen bien en la Doctrina de la Fuerza Aérea. La tarea consiste simplemente en aplicar aquellos principios contra el esfuerzo global de Al-Qaeda para afectar la estructura actual. Antes de poder hacerlo, primero debemos entender la doctrina aplicable.

Referencias en los Libros:
¿Qué dice la Doctrina de la 
Fuerza Aérea?

Se puede encontrar la Doctrina aplicable de la Fuerza Aérea en dos publicaciones. El documento 2-3 de Doctrina de la Fuerza Aérea, “Operaciones Militares Distintas de la Guerra (MOOTW)”, presenta una imagen descriptiva amplia de las operaciones militares “no asociadas con operaciones de combate sostenidas, en gran escala”.13 AFDD 2-3.1, “Defensa Interna Extranjera (FID)”, proporciona más detalles relativos a ciertos tipos de MOOTW, incluyendo la insurgencia y la contrainsurgencia. Cada una contiene información importante que merece revisarse en esta discusión.

Según AFDD 2-3, varios aspectos de MOOTW la diferencian de las operaciones de combate en gran escala. Además de los nueve principios de guerra listados en la Doctrina Básica de la Fuerza Aérea (AFDD 1) que memorizan los estudiantes de PME, AFDD 2-3 lista seis principios MOOTW, tres de los cuales difieren de la lista AFDD 1. Los tres nuevos miembros, limitación, perseverancia y legitimidad, se analizan aquí.14 La supremacía de las consideraciones políticas en MOOTW es un tema central de todos estos principios.

La Limitación se refiere al uso de la mínima cantidad de fuerza necesaria para lograr la tarea encargada. “La determinación del nivel apropiado de fuerza requiere comprender . . . las metas políticas amplias”.15 Aunque se pueden obtener resultados tácticos aplicando una cantidad dada de fuerza, en algunas situaciones el uso de tal fuerza puede ser contraproductivo para lograr la meta estratégica. AFDD 2-3 advierte a los comandantes que deben desarrollar un entendimiento de la cultura local, la naturaleza del conflicto, y la respuesta probable de la población. Otro aspecto de la limitación es la “adaptación” de la fuerza, o la identificación y el despliegue de sólo lo necesario para la misión. La tendencia natural de los militares estadounidenses de desplegar más de lo necesario, y/o amasar reservas, puede levantar dudas sobre sus intenciones y aumentar la tensión política, afectando la probabilidad de éxito.16

La Perseverancia se refiere a la necesidad de ser paciente y resuelto en MOOTW porque a menudo tales operaciones son prolongadas y frustrantes. No obstante, el logro de objetivos estratégicos puede requerir un compromiso de largo plazo. Nuevamente, esto es principalmente un concepto político. Incluye el compromiso de la población estadounidense (y por lo tanto de los oficiales elegidos), y del pueblo y gobierno de la nación anfitriona (en términos globales, esto también se aplica a la comunidad internacional).

Los legisladores estadounidenses deberían identificar con precisión los objetivos estratégicos y las condiciones para finalizar la participación militar, antes de comprometer fuerzas militares.17

La Legitimidad es, tal vez, el más importante entre los principios de MOOTW. Cuando se interviene militarmente en los asuntos internos de otras naciones, Estados Unidos debe ser “visto como un actor legítimo en la misión, que trabaja por intereses internacionales y no sólo por sus propios intereses”.18 Al establecer y mantener la legitimidad, Estados Unidos aumenta la probabilidad de apoyo de la población de la nación anfitriona y de la población estadounidense. Algo muy importante, es menos probable que otras naciones interfieran y más probable que presten asistencia si hay consenso internacional en que Estados Unidos está actuando legítimamente. De igual manera, si los insurgentes pueden establecer la legitimidad, si pueden ser vistos como el lado que actúa moralmente y por el bien de la gente, serán ellos quienes cosechen esos beneficios.

La legitimidad es, en un sentido, puramente política. El cómo ven los demás las acciones de Estados Unidos no es una preocupación militar clásica. El punto clave que se debe entender es que aunque el establecimiento de la legitimidad es básicamente una función de los líderes políticos de la nación, las operaciones militares pueden impactar significativamente la opinión de todas las partes sobre Estados Unidos.19 AFDD 2-3 considera que la legitimidad es “críticamente importante” en MOOTW, pero advierte que puede ser difícil establecerla a la luz de las complejas relaciones internacionales. Esta dificultad aumenta cuando los insurgentes reclaman el planeta como su campo de batalla.

La segunda publicación, AFDD 2-3.1, “Defensa Interna Extranjera”, contiene un apéndice que trata específicamente de la insurgencia y contrainsurgencia. Gran parte del contenido descriptivo encontrado en AFP 3-20 se encuentra ahora en AFDD 2-3.1. Además de tratar sobre la motivación ideológica de la insurgencia, su liderazgo y organización, las metas y objetivos, las fases de desarrollo y otros temas, AFDD 2-3.1 resalta la importancia crítica de la legitimidad en tales conflictos.

El documento declara escuetamente que “la contienda es por la legitimidad”.20 El insurgente emplea tácticas de guerrilla para interrumpir las operaciones del gobierno. Esos ataques ponen en duda la capacidad de la nación anfitriona para mantener el orden. Agotan los recursos financieros y materiales del gobierno, socavando más su legitimidad y, lo que es más importante, su determinación. Eventualmente, las fuerzas del gobierno podrían retroceder a posiciones más defensivas. Esto permite que los insurgentes establezcan control sobre ciertas áreas, reforzando su legitimidad entre la población local.21 

Tanto AFDD 2-3 y AFDD 2-3.1 como AFD 3-20, proponen un enfoque multifacético a la contrainsurgencia. Todas las iniciativas políticas, financieras, sociales, legales, sicológicas y militares deben conducirse y organizarse cuidadosamente con la meta de eliminar la insurgencia. El gobierno debe asegurar la seguridad de la población, atender las quejas sociales y económicas legítimas, perseguir la actividad ilegal y destruir la infraestructura de la insurgencia. Todo esto se debe llevar a cabo teniendo conciencia de la batalla global por la legitimidad entre los insurgentes y el gobierno.22

Sin lugar a dudas, Estados Unidos está utilizando un enfoque multifacético en la Guerra contra el Terrorismo. Ha congelado los activos financieros de todas las organizaciones o individuos conectados con Al-Qaeda. Las agencias de inteligencia y de cumplimiento de la ley han formado asociaciones históricas para identificar y capturar agentes en el país y en el extranjero. El Departamento de Seguridad de la Nación ha coordinado esfuerzos para proteger a los ciudadanos estadounidenses contra los ataques. La administración Bush ha impuesto gran presión política para que las naciones se unan a la lucha contra el terrorismo. Pero es el esfuerzo militar lo que más nos concierne. Específicamente, si Al-Qaeda está íntimamente ligado a la insurgencia global, y si la doctrina de la Fuerza Aérea sobre insurgencia enfatiza la política y la legitimidad, entonces ¿cuáles son las implicaciones del despliegue del poderío aéreo estadounidense en la Guerra contra el Terrorismo?

¿Entonces qué? Implicaciones
para el Poderío Aéreo

Tal vez el modelo más famoso de una campaña aérea diurna moderna pertenezca al coronel John Warden. Su concepto de “anillos estratégicos” fue la base de la campaña aérea Tormenta del Desierto y es probablemente algo bien conocido para la mayoría de lectores de ASPJ. La idea de Warden es que las naciones estado tienen cinco centros de gravedad clave. Estos son, en orden de importancia decreciente, liderazgo, instalaciones clave de producción, infraestructura, población civil y fuerzas militares desplegadas.23 Según el modelo, el adversario es considerado un sistema integrado, y siempre que sea posible se deben atacar estos centros de gravedad casi simultáneamente (o “en paralelo”), dando énfasis al orden de importancia. Tal campaña está dirigida a crear parálisis sistémica—es decir, en combinación, tales ataques actuarán de forma sinérgica para causar efectos en todo el sistema. La totalidad del sistema del enemigo quedará paralizado, espantado y virtualmente incapaz de responder. El mismo Warden aplicó este concepto a la lucha contra los Talibán en Afganistán.

El concepto de guerra de sistemas, aunque nuevo, no es difícil de entender. Todas las organizaciones, incluyendo Al-Qaeda y el gobierno Talibán, son sistemas con distintos elementos interconectados. Piense en cinco círculos concéntricos: El círculo más interno contiene los elementos de liderazgo (bin Laden, líderes talibanes); el segundo círculo desde el centro contiene elementos de proceso (tales como comunicaciones y financiamiento); el tercer círculo contiene elementos de infraestructura (aeródromos, campos de entrenamiento); el cuarto contiene elementos demográficos (civiles afganos); y el quinto contiene a los combatientes (aviones talibanes, guerreros de bin Laden).24

Aunque intuitivo, la descripción es incompleta. Si consideramos la operación en Afganistán como un caso aislado, entonces tal análisis podría ser suficiente. Los talibanes en realidad constituían una nación-estado, con anillos específicos adecuados que eran propensos a la clase de ataque que Warden propone. Sin embargo, el estratega debe tener en cuenta que Afganistán es sólo una operación en la contrainsurgencia global contra Al-Qaeda.25

En un artículo de APJ en 1997, el entonces mayor Scott Walker proponía un “enfoque unificado” para aplicar el poderío aéreo que “no exige que señalemos nuestro grupo de objetivos favoritos de forma inamovible” y reconoce que la “capacidad para identificar correctamente el centro de gravedad del enemigo de ninguna manera implica que todos los enemigos, en todas las guerras, deben tener el mismo centro de gravedad”.26 Más bien, proclama que para identificar correctamente sus centros de gravedad deberíamos tener en cuenta el enemigo del momento, sus valores, las restricciones e implicaciones políticas, la retroalimentación y el tiempo disponibles y otros factores.

Este enfoque se aplica correctamente a la Guerra contra el Terrorismo. El conflicto global contra Al-Qaeda es una contrainsurgencia global, que abarca muchos conflictos regionales con varios niveles de intensidad y convencionalidad alrededor del mundo. Debemos, por consiguiente, ver cada conflicto parcial en dos niveles—el del conflicto local actual y la insurgencia de la que forma parte. Por consiguiente, la constante de todas las batallas en la Guerra contra el Terrorismo que es el centro de gravedad de una insurgencia es la legitimidad. Según AFP 3-20, “la legitimidad es el centro de gravedad de la insurgencia y de la contrainsurgencia”.27 

Si la legitimidad es en realidad el centro de gravedad más importante, ¿cómo se puede usar el poderío aéreo para impactarla? De hecho, el poderío aéreo es ideal para la tarea de destruir la legitimidad del enemigo y mejorar la nuestra. Los cuatro ejemplos que se describen a continuación de ninguna manera cubren todo, aunque espero que sirvan para despertar el pensamiento del lector en aspectos similares.

1. Inteligencia. La inteligencia adecuada es de importancia principal para la contrainsurgencia.28 Las plataformas de la Fuerza Aérea han demostrado ser considerablemente útiles en este respecto. Téngase en cuenta que la percepción de los demás es el factor crucial en la batalla por la legitimidad. Consideremos la presentación del Secretario de Estado Colin Powell ante las Naciones Unidas, poniendo al descubierto el incumplimiento iraquí con las resoluciones sobre desarme. Las fotos satelitales de la Fuerza Aérea y las intercepciones telefónicas de los RC-135 detallaron la ofuscación de esa nación con el proceso de inspección. Esta información fue explotada después en el teatro mundial, desacreditando a Irak y reforzando la posición estadounidense sobre el asunto.

2. Precisión. Otra capacidad del poderío aéreo que apoya la legitimidad de Estados Unidos es la letalidad de precisión, la capacidad para destruir objetivos clave con el mínimo de daño colateral. El daño colateral puede anular la legitimidad estadounidense; alentando a nuestros enemigos a comprometerse aún más con su causa, socavando el apoyo entre nuestra población nacional, alentando nuevos reclutas a apoyar la causa terrorista, e influenciando a los neutrales al conflicto a que simpaticen con el enemigo. En efecto, una táctica común de los insurgentes es provocar a los gobiernos para que se sobrepasen con respuestas excesivamente violentas, destruyendo así su legitimidad.29

3. Concentración. El alcance global y la capacidad del poderío aéreo para concentrar potencia de fuego masivo aumenta la legitimidad permitiendo que fuerzas más pequeñas logren enormes resultados. Si no se dispusiera de esta capacidad, sería necesario movilizar con más frecuencia enormes fuerzas terrestres. En este caso, se podría acusar más fácilmente a Estados Unidos como ejército de ocupación o potencia colonial, causando mayor resentimiento en la región. El efecto multiplicador de fuerzas del poderío aéreo del número relativamente pequeño de fuerzas especiales de operación estadounidenses en Afganistán es un buen ejemplo de este concepto.

4. Movilidad. Es más difícil considerar de ominosas las intenciones estadounidenses cuando las fuerzas móviles se utilizan para llevar alimentos, ropas y provisiones médicas a las poblaciones locales. Los esfuerzos humanitarios en este sentido son un golpe mortal contra el centro de gravedad del enemigo. Tales operaciones aumentan la legitimidad en la batalla por “los corazones y las mentes”.

Dificultades: ¿El tren
correcto, la vía equivocada?

La trampa principal que se debe evitar en el uso de la legitimidad en relación con el poderío aéreo es un error en el nivel de análisis aplicado al diseño de la campaña aérea; en otras palabras, apuntar al efecto estratégico equivocado. Si el conflicto global en el que Estados Unidos está involucrado actualmente es en realidad una insurgencia global, los planificadores deben tener esto en cuenta al seleccionar los métodos a usar para realizar subcampañas en la guerra contra el terrorismo. Por ejemplo, al diseñar una campaña aérea dirigida contra los centros de gravedad de una nación-estado, deben considerar también la batalla por la legitimidad del conflicto principal. Una lista inicial de objetivos puede incluir una central eléctrica que es vital para el funcionamiento de la ciudad—ciertamente una buena elección en un nivel de análisis. Sin embargo, un examen posterior puede considerar que la destrucción de tal objetivo socava la legitimidad de las intenciones estadounidenses al crear sufrimiento humano desmesurado (o, igualmente importante, la percepción de tal sufrimiento). Aunque útil en la campaña inmediata, el objetivo podría ser contraproducente para las metas estratégicas de la Guerra contra el Terrorismo.

Es verdadero efecto estratégico deseado es aumentar la legitimidad estadounidense y a la vez destruir la de nuestro enemigo, Al-Qaeda y sus partidarios. Durante la Guerra de Vietnam, una entrevista con un soldado de infantería después que su unidad había incendiado un grupo de chozas registró esta infame frase, “Tuvimos que destruir la villa para poder salvarla”. En el mundo complejo y políticamente cargado de la contrainsurgencia (especialmente en una escala global), tal pensamiento confuso puede desarrollarse con más facilidad de lo que uno quisiera reconocer. Los planificadores estadounidenses deben ser capaces de cierto “pensamiento de doble nivel”—el objetivo X puede ser táctica u operativamente acertado, pero ¿cuál será el verdadero efecto estratégico (político) de su destrucción? Esto es aún la guerra de sistemas de Warden, pero el sistema debe ser identificado y analizado correctamente en términos de la insurgencia global que Estados Unidos está combatiendo.

Nada de esto implica que los militares estadounidenses deben proceder como si estuvieran caminando sobre cáscaras de huevo, inquietándose a cada instante por lo que pensará o dirá el resto del mundo. Ésa es una estrategia para el fracaso. Pero en ningún caso debe Estados Unidos ignorar el efecto de sus operaciones en la opinión mundial. Más bien, debería prestar debida consideración a cómo ellas afectan la legitimidad, en el sentido correcto. No debe renunciar a la operación militar cuando la considere necesaria, sino que más bien debe adaptarla para asegurar que concuerda con los objetivos estratégicos globales en la Guerra contra el Terrorismo.

Irak: Observaciones iniciales

Durante las etapas iniciales de la Operación IRAQI FREEDOM (Liberación de Irak) abundaron los negativistas. Asumiendo que “conmoción y pavor” significaba “tal como en 1991, sólo que mejor”, estos escépticos se frustraron rápidamente con lo que parecía ser un arranque lento de la campaña aérea. Faltaban muchos de los tipos de ataques vistos en TORMENTA DEL DESIERTO. No se habían atacado las centrales eléctricas, las comunicaciones, la infraestructura ni las fuerzas de campo, como anteriormente. A medida que las fuerzas estadounidenses de tierra se aproximaban a Bagdad y aumentaba la resistencia, muchos se frustraban porque aún no se utilizaba en pleno el poderío aéreo. El poderío aéreo, decían ellos, podría salvar vidas estadounidenses, si se le permitía. Concluyeron que se estaba entrometiendo la política.30

Pero estos negativistas entendieron equivocadamente la naturaleza de la campaña como parte de la Guerra contra el Terrorismo. Si, en efecto, las tropas estadounidenses estaban asumiendo riesgos adicionales como resultado de atacar sólo al régimen de Saddam mientras que dejaban intactas la población y la infraestructura, tal riesgo no era resultado de simple política pusilánime o un deseo de ser políticamente correcto. Por el contrario, parece que el diseño de esta campaña se había integrado completamente con los objetivos estratégicos de Estados Unidos. Las fuerzas de la coalición perseguían simultáneamente dos metas: la derrota y el desarme del régimen de Saddam Hussein y la legitimidad global de la política y las acciones estadounidenses en la Guerra contra el Terrorismo.

El poderío aéreo era sólo la herramienta para lograrlo. Desde la increíble flexibilidad del ataque aéreo inicial contra el mismo Hussein, el poderío aéreo estadounidense diezmó con virtual impunidad la infraestructura, el liderazgo, las comunicaciones, las tropas y la voluntad de lucha del partido Batista. A pesar del esfuerzo de dispersar estos objetivos entre los centros de población, el daño colateral fue increíblemente bajo. El poderío aéreo llevó no sólo poder destructivo al régimen, también llevó ayuda humanitaria e información real al pueblo iraquí. Las pérdidas estadounidenses y civiles fueron mucho más bajas de lo que cualquiera hubiera proyectado.

¿Qué había logrado el poderío aéreo inteligente? Es demasiado prematuro para decirlo con certeza, pero la información inicial es positiva. El mundo fue conmocionado por los horrores de la vida dentro del régimen. Los vecinos árabes sabían muy poco de lo que estaba sucediendo muy cerca de sus puertas. El respeto por la dedicación de Estados Unidos a la región está alentando habladurías más optimistas por el progreso en la situación entre israelíes y palestinos. Francia, Rusia y Alemania están buscando la oportunidad de trabajar con los socios de la coalición en Irak. El pueblo iraquí no sólo es libre, también entiende que no eran el objetivo de las acciones militares estadounidenses. Y lo que es más importante, Al-Qaeda ha perdido un régimen simpatizante del cual extraer apoyo.

Conclusión

La red de Al-Qaeda, el centro de la Guerra contra el Terrorismo, es un movimiento mundial dedicado a la visión de un grupo pan-nacional, islámico puro de estados, que estén libres de la influencia occidental en la región del Oriente Medio. Su organización, el uso no convencional de la violencia, los motivos ideológicos y las metas políticas se asemejan notablemente con una insurgencia, pero en escala global. Los militares estadounidenses disponen de una doctrina bien desarrollada para ayudar al estratega en la comprensión de la insurgencia y cómo contrarrestarla.

El folleto 3-20 de la Fuerza Aérea. “Operaciones Militares en Conflictos de Baja Intensidad”, el documento de doctrina 2-3 de la Fuerza Aérea, “Operaciones Militares Distintas de la Guerra”, y el documento de doctrina 2-3.1, “Defensa Interna Extranjera”, recuerdan al lector los temas centrales en la lucha contra una insurgencia. Primero, tales operaciones son por naturaleza altamente políticas, y el contexto político de la lucha se impregnará desde la estrategia hasta la táctica. Segundo, el objetivo principal de cada lado es desarrollar su propia legitimidad ante los ojos de la población y de los observadores neutrales, mientras que destruyen la del enemigo.

Tal como se evidencia en las operaciones en Afganistán e Irak, los estrategas del poderío aeroespacial deben considerar las operaciones de la Guerra contra el Terrorismo no como campañas militares aisladas, sino en dos niveles. El primero es el objetivo local inmediato (por ejemplo, desarmar a Irak). El segundo es la batalla global por la legitimidad en la contrainsurgencia contra Al-Qaeda. Este objetivo global deberá alterar la forma en que se persiguen los objetivos parciales.

Colaboradores del Aeroespacio a la Legitimidad

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Legitimidad: Centro de gravedad de la insurgencia

Legitimidad: Centro de gravedad de la insurgencia

 El contexto altamente político de una guerra de insurgencia es difícil cuando está confinado a la lucha interna de una nación. Cuando se aplica en una escala global, los problemas se multiplican. No obstante el poderío aeroespacial de Estados Unidos, aplicado correctamente, tiene un enorme potencial para ayudar a la aniquilación efectiva de Al-Qaeda. Lo que se requiere de los hombres del aire no es un deseo de aislarse del contexto político, sino un entendimiento y aceptación del rol integral que deben tener las consideraciones políticas.

Notas

1. Garamone, Jim, “Combat Operation Near Spin Boldak Continues (Continúan las operaciones bélicas cerca de Spin Boldak)”, Servicio de Prensa de las Fuerzas Estadounidenses, 29 de enero del 2003.

2. Chaliand, Guerilla Strategies: An Historical Anthology, from the Lon March to Afghanistan (Estrategias de guerrilla: Una antología histórica, de la marcha de Lon a Afganistán), Berkley: University of California Press, 1982, pág.12-13.

3. Ibíd, p. 1.

4. Mayor Mark Clodfelter, “Of Demons, Storms, and Thunder: A Preliminary Look at Vietnam’s Impact on the Persian Gulf Air Campaign (De demonios, tormentas y truenos: Una perspectiva preliminar del impacto de Vietnam en la Campaña Aérea del Golfo Pérsico)”, ASPJ, Vol. V, No. 4, (Invierno de 1991): 17-32.

5. Biddle, Stephen, “War Aims and War Termination (Objetivos de la guerra y terminación de la guerra)”, en “Defeating Terrorism: Strategic Issues and Analysis (Derrotando al terrorismo: Asuntos estratégicos y análisis)”, coronel John R. Martin, Ed., Strategic Studies Institute, US Army War College, enero del 2002, pág. 8.

6. Véase www.state.gov.

7. Véase www.adl.org/terrorism.

8. Emisión de Al-Jazeera, 26 de diciembre del 2001, citado en www.adl.org/terrorism.

9. En 1998 bin Laden anunció la creación del “Frente Islámico Internacional para la Guerra Santa Contra los Judíos y los Cruzados”, una organización multigrupo que vincula extremistas islámicos en muchos países, incluyendo Egipto, Bangladesh y Pakistán. El grupo emitió un edicto religioso después de su establecimiento. www. adl.org/terrorism.

10. Bin Laden ha citado el retiro de Estados Unidos de Mogadiscio después de la muerte de varios soldados estadounidenses allí como prueba de su débil voluntad. Véase Bergen, Holy War, Inc. New York: Free Press, 2001.

11. Instituto de Política Internacional para el Contraterrorismo, véase www.ict.org.

12. Rumsfeld, Donald H., “A New Kind of War (Una nueva clase de guerra)”, New York Times, 27 de septiembre del 2001.

13. Documento de Doctrina 2-3 de la Fuerza Aérea: Operaciones Militares Distintas de la Guerra, Ministerio de la Fuerza Aérea, 3 de julio del 2000, pág. 1.

14. Ibíd, pág. 3.

15. Ibíd, pág. 7.

16. Ibíd, pág. 8.

17. Ibíd, pág. 9.

18. Ibíd.

19. Ibíd, pág. 10.

20. Documento de Doctrina 2-3.1 de la Fuera Aérea: Defensa Interna Extranjera, Ministerio de la Fuerza Aérea, 28 de febrero de 1998, pág. 65.

21. Ibíd, pág. 65-68.

22. AFDD 2-3, pág. 4-10, AFDD 2-3.1, pág. 68-70, AFP 3-20, capítulo 2.

23. Coronel John A. Warden, III. “The Enemy as a System (El enemigo como un sistema)”, ASPJ, No. 1 (Primavera de 1995): 40-55.

24. Warden, “Terrorists Are More Vulnerable Than Most Realize (Los terroristas son más vulnerables de lo que la piensa la mayoría)”, USA Today, 9 de octubre del 2001.

25. Para ser justos, el coronel Warden escribió este breve artículo para USA Today apenas unos días después del inicio de las acciones ofensivas en Afganistán. 

26. Mayor Scott Walker, “A Unified Field Theory of Coercive Airpower (Una teoría unificada de campo del poderío aéreo coactivo)” ASPJ, Vol XI, No. 2 (Verano de 1997): 70-79.

27. Folleto 3-20 de la Fuerza Aérea : Operaciones Militares en Conflictos de Baja Intensidad, HQ, Ministerios del Ejército y la Fuerza Aérea, Washington, D. C., 5 de diciembre de 1990, pág. 30.

28. Ibíd, p. 36.

29. Chaliand, pág.16.

30. Conversación con la tripulación en servicio activo en la Base de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, CONUS, Operaciones de Base, 28 de marzo del 2003.


Colaborador

El Mayor Matthew W. Lacy

El Mayor Matthew W. Lacy, USAF (BS, Historia, Academia de la Fuerza Aérea, 1993; MPA University of West Florida) es piloto de los aviones KC-10 y Jefe de Seguridad de Vuelo, 305ava Ala de Reaprovisionamiento en Vuelo, Base Aérea McGuire, New Jersey. Anteriormente se desempeñó en calidad de Comandante de Escuadrilla y piloto instructor en el programa de Entrenamiento Conjunto en el avión T-34C en el Escuadrón de Entrenamiento 3, Estación Aérea Naval Whiting Field, Florida; y comandante de los aviones KC-135R, 384avo Escuadrón de Reaprovisionamiento en Vuelo, Base Aérea McConnell, Kansas. El Mayor Lacy es egresado de la Escuela de Oficiales de Escuadrón y de la Escuela Superior de Comando y Estado Mayor, Base Aérea Maxwell, Alabama.

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