Programas Militares de
Información Pública en la
Era de la Informática*

SEÑOR DANIEL W. JACOBOWITZ

*Todo el material de este artículo tiene derecho de autor de 1994 y 1998. Se le concede permiso al Airpower Journal, Edición Hispanoamericana, para publicar este artículo en las versiones de español y portugués solamente.

Introducción

EL MEDIO AMBIENTE complicado del nuevo mundo afectará radicalmente los programas militares de información pública, incluso las relaciones públicas, la diplomacia pública y las operaciones psicológicas. A medida que más países se convierten de estados autoritarios a gobiernos democráticos, las fuerzas castrenses deben actuar dentro de un medio ambiente cada vez más variable que brinda mayores potenciales y presenta serios riesgos. Las fuerzas armadas titulares, constituidas legalmente, emplean el elemento de información del poder nacional para preservar el gobierno que las apoyan, ya éste sea un gobierno democrático o autoritario. En este artículo se manifiesta que los programas de información pública auspiciados por las fuerzas armadas sólo tienen éxito cuando están apoyados por democracias. Sólo los regímenes democráticos pueden emplear eficazmente las nuevas herramientas y métodos de la Revolución de la Informática. A fin de sustentar dicha tesis, en este artículo se relata el medio ambiente mundial de la actualidad para los programas militares de información, y trata las diferencias y similitudes de los programas militares de información de las fuerzas armadas democráticas, las fuerzas armadas autoritarias y las fuerzas castrenses supeditadas a gobiernos totalitarios.1 El artículo finaliza sugiriendo un posible apoyo hacia la preservación y realce de la democracia a través de los programas militares de información.

A pesar de que en este artículo sólo se tratan los programas militares de información, los tres tipos de fuerzas militares básicas, por lo regular, adoptan estrategias de combate, enfoques operacionales hacia la doctrina, tácticas y comportamientos bajo estrés que reflejan sus culturas internas y los sistemas de apoyo gubernamentales.

El medio ambiente internacional

El sistema internacional en sí está pasando a través de un período de cambio de época. Tanto el desplome soviético como la casi simultánea revolución de la informática, dieron lugar al cambio más importante en las relaciones mundiales desde el Congreso de Viena en 1815. Dicho acuerdo europeo estableció un patrón para las relaciones internacionales que dominó el conflicto internacional hasta hace 5 años atrás. Bajo la recopilación de leyes y etiqueta internacional generalmente aceptadas, que se formalizaron durante dicho Congreso, solamente los estados soberanos emplearon la violencia internacional, y aún así, bajo reglas estrictas. Los estados eran definidos por su capacidad de mantener un verdadero mono-polio de poder dentro de sus fronteras. Pero el reinado de casi doscientos años de dichas reglas aceptadas (y sus beneficios en términos de estabilidad) se está desvaneciendo bajo la presión de la nueva tecnología de la informática, las fuerzas sociales emergentes y el nacionalismo rebelde.

En la actualidad, el nacionalismo rebelde, el fervor religioso, los movimientos revolucionarios y la tecnología disminuyen la antigua autoridad absoluta y el poder de los gobiernos centrales. Mediante el Congreso de Viena se plasmó por escrito el fin militar y político de la era de la piratería. Hasta el momento en que Estados Unidos derrotó a los Piratas de Berbería (pocos años antes del Congreso de Viena), los participantes ajenos al estado, conocidos como piratas, empleaban una tecnología militar igual a la que podían usar los estados soberanos. Lamentablemente, el ataque asimétrico,2 las tácticas de terror y el armamento de destrucción masiva (WMD) en la forma de armamento químico, biológico y nuclear (CBN), le han otorgado el poder a estos “piratas” para que una vez más amenacen seriamente a los estados soberanos. El culto terrorista que lanzó el veneno químico Sarin en el sistema de trenes subterráneos en Tokio, Timothy McVeigh y Osama Bin Laden representa la nueva amenaza a los estados soberanos, pero especialmente a las democracias abiertas. En momentos de su preferencia, y empleando el ataque asimétrico, los grupos terroristas pueden alcanzar la superioridad local suficiente como para lograr sus fines políticos. Incluso, los ataques fracasados logran publicidad para la causa. En la actualidad, las fuerzas armadas auténticas tienen que estar preparadas para colaborar con la policía y otras agencias civiles gubernamentales para impedir y reaccionar ante los ataques con armamento de destrucción masiva fuera del marco legal de la guerra, según la hemos interpretado durante los últimos 200 años. Además de la fuerza que los grupos terroristas con base ideológica o étnica emplean en la actualidad, el poder económico, social, político y militar se ha fugado a un grupo emergente netamente proscrito: los traficantes de drogas sin ideología. En algunas naciones menos afortunadas, los traficantes de drogas se aproximan, o incluso sobrepasan, la riqueza y el poder del gobierno constituido legalmente. En zonas limitadas, pueden reunir más poder económico, social, político y militar que el gobierno central y constituyen una mayor amenaza a la soberanía nacional que los estados rivales de la región. Para las fuerzas armadas dedicadas y patrióticas que confrontan dicha amenaza insidiosa, la supervivencia y la victoria dependerán de su capacidad de poder comprender nuestro medio ambiente actual, la era de la informática y de emplear sus nuevas herramientas y tecnologías de la manera más eficaz. Las fuerzas castrenses que se encuentran en estos tipos de situaciones enfrentan un reto de supervivencia nacional igual al que Gran Bretaña enfrentó durante la Segunda Guerra Mundial, y su lucha es igual de importante para la supervivencia de la democracia a nivel mundial. Y para aquellas naciones en el frente de batalla en esta guerra moderna, las listas de bajas aumentan a diario.

El surgimiento del nuevo caos internacional coincide con el fin de la era industrial, la cual comenzó casi simultáneamente con el Congreso de Viena. La era industrial surgió del dominio de la producción en masa para dominar la economía mundial. Al igual que su antecesor industrial, la era de la informática también está floreciendo y esparciéndose rápidamente desde Estados Unidos hacia el resto del mundo.3 En comparación con la era industrial, la era de la informática está autodesarrollándose, requiere menos capital y está estrechamente relacionada con la propagación de la democracia. Por lo tanto, está madurando y propagándose más rápidamente que la era industrial, y sus resultados serán igualmente profundos, perturbadores y enriquecedores. No es una coincidencia que la Unión Soviética se desplomó a raíz de la era de informática. El flujo libre de información es la ruina de los gobiernos totalitarios y constituye el elemento vital de la democracia y del crecimiento económico. Las fuerzas armadas modernas, indistintamente de dónde proviene su apoyo, tienen que estar conscientes de los estrechos lazos que existen entre la era de la informática y la democracia.

Fuerzas castrenses

Las fuerzas castrenses de los estados soberanos establecidos están disponibles en tres combinaciones: militar/gobierno/cultura. El primer caso, y el más seguro, es una fuerza militar encaminada hacia la democracia y supeditada a un gobierno elegido legalmente y apoyado por una cultura democrática estable pero dinámica. El segundo caso es una fuerza castrense autoritaria, apoyada simbióticamente por y apoyando a un gobierno autoritario con una cultura en transición, caótica, amenazada o estática. El tercer caso, limitado a unos cuantos ejemplos notorios, consta de una fuerza militar totalitaria apoyada por un estado totalitario dentro de una cultura oprimida y económicamente deprimida. Corea del Norte y Cuba constituyen los ejemplos más notorios de esta infeliz situación, mientras que la Unión Soviética y la Alemania Nazi sirven de ejemplos históricos paradigmáticos.4 Las fuerzas armadas de cada tipo, enfocan el empleo de las relaciones públicas, la diplomacia pública y las operaciones psicológicas en pos de sus misiones definidas de distintas maneras. Dentro del medio ambiente complejo que se definió anteriormente, en este artículo se analizará cómo cada tipo de fuerza castrense puede emplear las herramientas de información en la era de la informática y las posibilidades de éxito para cada una.

En otras palabras, la eficacia de los programas militares de información pública varía directamente según el grado de orientación democrática de las fuerzas armadas que promulgan la información. Quizás las relaciones son más obvias en las contingencias en tiempo de paz, las contrainsurrecciones, el contraterrorismo y los programas contra el uso ilegal de drogas, pero las mismas causas de la eficacia de los programas de información en las contingencias durante tiempos de paz tiene relevancia en las situaciones de guerra convencional.

George Orwell escribió que en tiempos de crisis, todo lo que se necesita es que los hombres buenos repitan lo obvio. El punto más obvio e importante con respecto a los programas de información de todo tipo, es que el éxito es en proporción a la credibilidad. La credibilidad, por lo regular, descansa en la verdad, con una salvedad especial: la credulidad del público. La mayoría del público que permanece crédulo lo hace a causa de necesidades psicológicas internas o por una falta total de información adecuada. A lo largo de la historia, los ejemplos de los programas de información pública que descansan en la credulidad y en el monopolio de la información son, por lo regular, raros. Sin embargo, lamentablemente desde la II Guerra Mundial el enfoque público de la propaganda se ha basado en dichos casos excepcionales, los cuales trataremos más adelante.

En vista de que el nuevo orden mundial ha generado en su mayoría nuevas variedades de desorden, vale la pena repetir lo obvio con respecto a los programas militares de información, tanto nacional como internacional. Las contingencias en tiempos de paz, tales como los problemas en la antigua Yugoslavia, Rwanda, Somalia, etc., evidentemente han aumentado en número. Hace tan sólo 5 años, las insurrecciones en contra de los estados autoritarios que experimentaban transiciones políticas y económicas eran el enfoque principal del pensamiento y la teoría militar occidental. Muchas, sino la mayoría, de las insurrecciones durante el período soviético estaban apoyadas por los soviéticos. El desplome de la Unión Soviética no ha disminuido la posibilidad de que ocurran contingencias militares, conflictos militares internos y la guerra en general en regiones de importancia estratégica para Estados Unidos. En realidad, el desplome de la Unión Soviética ha dado lugar a más violencia tanto interna como internacional. El hecho de que la Unión Soviética controlaba sus satrapías, detenía el conflicto. Entre 1990 y 1998, múltiples conflictos esporádicos cambiaron los gobiernos y las relaciones entre los poderes dentro de la antigua Unión Soviética, con su estado sucesor, cediendo el poder con el que esperaba contar en varias zonas. La situación actual en la antigua Yugoslavia constituye un ejemplo paradigmático, en vista de que a menudo reconocía que uno de los pocos logros positivos del régimen soviético fue la supresión del conflicto armado en la región de los Balcanes.

Jacob.jpg (6843 bytes)

El Coronel Daniel W. (Jake) Jacobowitz, USAF, (Ret.) ha servido en posiciones de operaciones especiales, operaciones psicologicas, y asignaciones diplomaticas. Sus destinos en formulación de política incluyen posiciones en el Departamento de Estado, La Agencia de Información de los Estados Unidos y en la Oficina del Secretario de Defensa donde fue responsable de dar guía a las operaciones psicologicas. Sirvió como instructor en la Universidad del Aire en dos ocasiones. Sus destinos en el extranjero incluyen Tailandia, Korea, República de Panamá. Al presente sirve de asesor por contrato a la oficina del Presidente de los Jefes de Estado Mayor Conjunto en la iniciativa “Visión Conjunta 2010”. Ha publicado muchos artículos en periodicos, revistas y su colaboración es muy solicitada en simposios y semianrios.

La desaparición de la Unión Soviética ha afectado la naturaleza del conflicto civil a nivel mundial. Durante el período soviético, la mayoría de la violencia ajena al estado consistía en rebeliones que seguían un patrón político y estratégico predecible. Con la caída del comunismo en calidad de ideología, la teoría democrática de la contrainsurrección tuvo que adaptarse a una mayor complejidad. Las insurrecciones se convirtieron más diversas en ideología, metodología y metas. La experiencia occidental para contrarrestar las rebeliones inspiradas por los comunistas puede que no sea pertinente para futuras insurrecciones, en particular aquellas que provienen del fundamentalismo religioso y los nacionalismos siempre fraccionarios. Más importante aún, la insurrección clásica no constituye la amenaza más importante para los estados soberanos formados legalmente.

Mientras que existió el bloque soviético, la oposición exitosa de la insurrección ideológica apoyada por el comunismo dependía de responder correctamente a un patrón reconocible y uniforme. Dicho patrón era tan similar a nivel mundial, que el personal estadounidense experto en operaciones de contrainsurrección podía cambiar de una nación-estado bajo una rebelión a otra fácilmente. Luego de una corta pausa para aprender algunos detalles específicos de la cultura, el estratega en contrainsurrección estaba listo para comenzar en un nuevo país.5 Si bien el terreno y el gobierno serían diferentes, las tácticas y las estrategias de la insurrección, por lo regular, serían las mismas. Ahora que el apoyo soviético ha desaparecido, se desarrollará un patrón de insurrección más variado. Para aquellos países en los cuales el gobierno actual es, de hecho, opresivo y antidemocrático, y en el que Estados Unidos tiene un interés estratégico, se tendrán que elaborar nuevas tácticas de contrainsurrección. Por otra parte, puede que necesitemos comprender mejor la insurrección para apoyarla adecuadamente. Indistintamente de qué lado esté uno, los programas militares de información son esenciales para el éxito o fracaso de una insurrección. Muchas de las observaciones acerca de los programas militares de información que son útiles durante las insurrecciones, también pueden aplicarse alas contingencias de corta duración y a la guerra en general.

Los programas militares de información pueden compararse con los programas civiles gubernamentales de información, y se dan en las tres mismas maneras fundamentales, v.g., relaciones públicas, diplomacia pública y operaciones psicológicas. Las características más destacadas de estos tres elementos de información radican en la intención de los difusores, la naturaleza de la audiencia prevista y los medios de comunicación que se emplean para llegar a dichas audiencias.

Los programas de relaciones públicas existen para cumplir con las obligaciones de los gobiernos democráticos de informar al público acerca de las políticas del estado.6 Por lo tanto, los programas de relaciones públicas están concebidos básicamente para informar, con la opinión pública respondiendo a la naturaleza intrínseca de la información, en lugar de la intención del difusor. Los programas de relaciones públicas y las organizaciones básicamente reaccionan ante un público que se ha autoescogido. Este público autoescogido actúa voluntariamente en busca de la información que difunden las organizaciones de relaciones públicas. Por lo regular, los oficiales de relaciones públicas tienen que ver con un grupo limitado de periodistas profesionales quienes representan dicha audiencia autoescogida. Además, los oficiales de relaciones públicas, si bien no tienen una relación personal con los periodistas, al menos están razonablemente seguros que el público inmediato se comportará de una manera profesional y predecible. Por lo tanto, el brifin de prensa clásico consiste en emitir un enunciado seguido por preguntas predecibles hechas por profesionales moderadamente adversarios y que se rigen por un código establecido bien conocido tanto por el presentador como por el público. La audiencia directa autoescogida luego difunde la información a través de los medios de comunicación privados y reconocidos. Los programas de relaciones públicas, con pocas salvedades, emplean los medios de comunicación controlados por otros para hacer llegar su mensaje al público nacional y al extranjero.7 Al igual que sus representantes, los periodistas, el público es autoelegido, un proceso que se lleva a cabo a través de preferencias individuales que resultan en ventas y subscripciones a revistas y periódicos, y en la selección de estaciones de radio y televisión. La diplomacia pública difiere de las relaciones públicas tanto en metas como en metodología.

La finalidad de la diplomacia pública es la de fomentar el apoyo del público influenciando la opinión del mismo.8 La metodología depende de educar a los ciudadanos y extranjeros sobre la razón de ser básica de la política pública. Si las razones del gobierno tienen sentido, entonces el apoyo del pueblo ocurrirá de manera natural.9 La diplomacia pública se encuentra entre los programas de relaciones públicas y las operaciones psicológicas tanto en intención y audiencia como en operación. La audiencia es más generalizada, pero básicamente es autoelegida. Ésta puede ser amistosa, neutral u hostil, pero ha demostrado interés apareciendo voluntariamente en el lugar donde un representante gubernamental va a pronunciar un discurso, sintonizando la radio o la televisión, o buscando publicaciones gubernamentales. Ambas, tanto las relaciones públicas como la diplomacia pública, escogen información que apoya su causa, y la adaptan a la audiencia. Pero el diplomático público desempeña un papel más activo, llegando directamente a las audiencias a través de los medios de comunicación que él controla, además de depender de los medios de comunicación privados. Los programas de diplomacia pública se diferencian de los programas de relaciones públicas10 por la creación de sus propios medios de comunicación, tales como los libros, revistas, folletos y los programas de radio y televisión.11 El diplomático público también prevé temas en los cuales el público estará interesado y prepara materiales para capacitar a dicha audiencia para cambiar o afianzar sus opiniones. Si bien los programas de relaciones públicas dependen casi exclusivamente de intermediarios tales como los periodistas profesionales, los programas de diplomacia pública difunden un mayor porcentaje de material encaminado directamente al público que lo ha solicitado.

A diferencia de las dos formas anteriores de programas gubernamentales de información, los cuales sólo tienen que ver con las actitudes entre las audiencias autoelegidas, los programas de operaciones psicológicas (PSYOP) están concebidos para cambiar el comportamiento entre las audiencias amistosas, las neutrales y las hostiles indistintamente de su interés en la información. Según la opinión de los operadores de PSYOP, el cambio en la disposición no es un fin, sino el camino hacia un cambio en el comportamiento que se puede medir. A diferencia de los programas de relaciones públicas y de diplomacia pública, las operaciones psicológicas12 dependen casi exclusivamente de los medios de comunicación establecidos y controlados por los que lo crearon. La repetición de materiales PSYOP por parte de otros medios de comunicación es provechosa pero incidental para el logro de la misión. Al igual que en la diplomacia pública, en las operaciones psicológicas se escoge cuidadosamente el material que se va a difundir.13 No obstante, el personal PSYOP crea sus propios mensajes con base a los cálculos de las vulnerabilidades, deseos y orientación cultural del público, con la intención de lograr una meta estratégica o táctica definida. Si bien los programas eficaces de diplomacia pública se organizaron en torno a una meta estratégica, la diplomacia pública, como máximo, se enfoca en el cambio de disposición. El cambio en el comportamiento provocado por las PSYOP oscila desde el rendimiento en combate hasta el cese del apoyo pasivo, entre otras posibilidades.

Cualquiera de estos tres programas de información militar pueden emplearse para defender o atacar gobiernos establecidos en una situación de contingencia, insurrección o guerra convencional. En las fases iniciales de una contingencia, los programas de relaciones públicas y de diplomacia pública proba-blemente serán los únicos programas militares de información pública en progreso. Durante todas las fases de una contingencia, las operaciones contra el uso ilegal de drogas, insurrección, contrainsurrección y de guerra convencional, los programas militares de información pública constituyen un arma esencial para ambas partes.

Programas militares de información
y la cultura militar

Los programas militares de información se diferencian intrínsecamente de los programas civiles de información. El personal de información, tanto militar como civil, basa sus acciones en diferentes enfoques a la realidad. Si bien todas las fuerzas castrenses surgen de las culturas que las apoyan, las fuerzas castrenses verdaderamente profesionales a menudo comparten igual cantidad de suposiciones con las fuerzas enemigas que con su cultura origen. Los líderes militares, al menos los más considerados, comprenden bastante bien las suposiciones, valores y metas de su cultura origen. Lamentablemente, lo opuesto no siempre es verdad, y se convierte menos verdadero a medida que los líderes civiles comprenden cada vez menos el profesionalis-mo militar americano.14

Las suposiciones, virtudes y percepción de los militares de la realidad, difieren de sus homólogos civiles. El entendimiento mutuo de la división cultural entre las fuerzas militares y los civiles es importante para el funcionamiento seguro, eficaz y eficiente de una democracia moderna y exitosa. Los líderes democráticos tienen que comprender las suposiciones, creencias y actitudes de las fuerzas castrenses si desean emplearlas eficazmente. La falta de experiencia militar a nivel personal constituye una desventaja en la comprensión de las actitudes y cultura militar, pero no es necesariamente imposible. Por otra parte, las cifras de líderes civiles sin experiencia militar son cada vez mayores. Dichos políticos tienen que esforzarse por aumentar su entendimiento. Si bien tienen que comprender la naturaleza de sus propias fuerzas, los líderes democráticos también tienen que comprender las suposiciones, creencias y actitudes de sus enemigos y sus fuerzas, los estados invariablemente autoritarios o totalitarios en un conflicto convencional, y los participantes ajenos al estado en las variedades de conflictos cada vez mayores que surgen a medida que el poder se esparce a los grupos armados subnacionales.15

Las suposiciones y actitudes militares son importantes en la formación de los programas militares de información, incluso los de relaciones públicas, diplomacia pública y operaciones psicológicas. Las tecnologías de las comunicaciones de hoy en día, le permiten a ambas llegar a las poblaciones opuestas con todo tipo de información. Dicha capacidad de influenciar la opinión pública del adversario fue mostrada extensamente durante la guerra de Vietnam. Recientemente, los programas militares de información han adquirido auge a medida que la opinión popular se ha convertido más importante para el resultado de un conflicto armado. Al mismo tiempo, organizaciones supranacionales, tales como CNN, han cambiado completamente el contexto de la guerra, la insurrección, el terrorismo y en particular del elemento de información de la guerra convencional.16

Dos observaciones generales con respecto a las fuerzas armadas democráticas y los sistemas militares autoritarios prevalecen en este análisis. A pesar de que existen otras posibilidades entre los militares además de la democrática y la autoritaria,17 éstos dos paradigmas son suficientes para establecer la tendencia general de las diferencias.

Las fuerzas militares democráticas están organizadas para servir a una nación-estado que funciona bajo una constitución o su equivalente, con base en las leyes de guerra, un gobierno representativo elegido y donde la soberanía descansa en el pueblo. Las fuerzas castrenses que se adhieren a dicha definición, consideran a sus instituciones como completamente supeditadas, por hábitos y costumbres establecidas, a un gobierno civil. Las fuerzas castrenses de este tipo dependen principalmente de los soldados (incluso los soldados profesionales) que en primera instancia se consideran ciudadanos de la nación-estado y en segunda instancia se consideran soldados.

Las fuerzas armadas autoritarias sirven a gobiernos que pudiesen haber adoptado algunas de las formas de un gobierno democrático, y que incluso pueden abrigar aspiraciones nacionales para el desarrollo hacia una verdadera democracia. No obstante, una de las características principales de las fuerzas armadas autoritarias es el no poder asimilar la suposición principal de los militares verdaderamente democráticos. Los soldados democráticos incorporan la creencia de que ellos sirven la ley de la guerra según se expresa en un proceso constitucional o su equivalente cultural. En contraste, las organizaciones castrenses autoritarias consideran que la protección de sus instituciones y costumbres, tradiciones, privilegios y gratificaciones son la razón de ser de su existencia. Muchos individuos dentro de dichas fuerzas armadas centralizan el propósito de su gobierno al punto que el pueblo existe solamente para apoyar las fuerzas armadas y no viceversa. Si el pueblo es legalmente soberano, no tienen un modo eficaz de expresar su autoridad y sus derechos, y los militares autoritarios pueden mantener un monopolio de fuerza para sus propios fines. (En la actualidad, muchos militares autoritarios son lo suficientemente listos como para encubrir la naturaleza de la relación, pero los civiles siempre saben quién está a cargo.) Los soldados, particularmente los oficiales, de las fuerzas armadas autoritarias (especialmente en ciertas culturas) se ven a sí mismos fuera de su sociedad origen. A pesar de que muchos en la tropa huyeron de la pobreza al alistarse, dichas fuerzas autoritarias se han distanciado en lo posible de los niveles socioeconómicos más bajos de sus naciones estados que las apoyan. (Esto está especialmente relacionado con las antiguas fuerzas armadas de Haití)18 Indistintamente de este intento de divorciarse de la sociedad principal, dichos militares se establecen a sí mismos como los únicos verdaderos patriotas y los únicos jueces legítimos del patriotismo de otros ciudadanos. En calidad de únicos patriotas, se atribuyen el derecho de establecer cuándo el sistema político se ha salido de las fronteras aceptadas. En algunos países, dicha autoridad final de los militares está incluida en la constitución.

Dichas diferencias de actitud tienen grandes consecuencias en la concepción, preparación y ejecución de los programas de información. La base de mis observaciones estriba en las presunciones universales compartidas de las fuerzas castrenses eficaces.19

Suposiciones militares

Según sociólogos como Samuel Huntington, Charles Moskos. Sam Sarkesian y otros, las organizaciones militares eficaces, tanto democráticas como autoritarias, comparten un conjunto de suposiciones comunes las cuales son consistentes con otras culturas. Muchas de estas suposiciones militares compartidas son positivas, no solo para la supervivencia, eficacia y eficiencia de las fuerzas armadas, sino también para la sociedad origen. Podría ser posible diferenciar entre una organización militar y una muchedumbre armada y uniformada solamente con base en las suposiciones compartidas entre el personal militar y cómo llegaron a compartirlas.

Las organizaciones militares se mantienen a sí mismas al inculcarle a los nuevos reclutas20 ciertas virtudes positivas personales y cívicas. Entre estos ideales militares universales se encuentran la lealtad, honestidad, valentía, abnegación, respeto a la tradición, iniciativa, obediencia, aptitud, conservatismo, respeto a la autoridad, disciplina, instrumentalismo, patriotismo y profesionalismo.21 Naturalmente, la relación de dichos ideales y virtudes a un grupo social que arriesga su vida para lograr sus metas es obvia.

Aparte de dichas virtudes, ¿cuáles características deben tener los soldados de fuerzas armadas democráticas? Todas las virtudes “liberales”, en el sentido clásico de la palabra,22 tienen que añadirse a la lista anterior de virtudes positivas. Las virtudes adicionales necesarias surgen de las opiniones, actitudes y creencias arraigadas de los ciudadanos comunes en las verdaderas democracias. Por lo tanto, las virtudes “liberales” de la tolerancia, el diálogo, el compromiso, la indulgencia, la caridad y la aceptación de las decisiones logradas de una manera democrática son virtudes de soldados democráticos, y rara vez se encuentran en las fuerzas armadas autoritarias. Los soldados de ejércitos democráticos deben considerarse a sí mismos principalmente ciudadanos de los países a los cuales sirven, incluso si son soldados de carrera. Estados Unidos, a diferencia de algunos gobiernos, fomenta y ayuda a que sus soldados voten. Dicho proceso ayuda a mantener las actitudes de los soldados en calidad de miembros de una sociedad en general.

Cabe destacar que las virtudes positivas militares están encaminadas hacia el principio general de autosacrificio para un beneficio mayor, mientras que los principios de una democracia están encaminados hacia el “vivir y dejar vivir”. Por lo tanto el resumen de las virtudes de los ciudadanos democráticos es el de no interferir con las libertades, derechos o goce personal de otros ciudadanos. Después de todo, la razón de ser de la democracia es la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Éstas tres, específicamente, se ponen en riesgo al formar parte de las fuerzas armadas.

El juramento de alistamiento constituye un indicador fiable de la orientación de una fuerza militar. Los soldados estadounidenses juran lealtad a un pedazo de papel, v.gr., la Constitución de los Estados Unidos, y solamente obedecen a aquellos que dicha Constitución les ha otorgado el poder de impartir órdenes legítimas.23 En vista de que se les enseña que la Constitución establece la soberanía en sus tres primeras palabras: “Nosotros el pueblo…”, los soldados estadounidenses saben que ellos no sirven a una institución, organización militar u oficial en particular. Ellos también saben que la voluntad del pueblo se expresa legalmente sólo mediante el proceso constitucional. Algunas fuerzas armadas exigen que sus soldados juren lealtad a un individuo, partido político o una institución militar en particular. La orientación de dichos militares rara vez es democrática. La naturaleza del juramento es fundamental en la orientación de la fuerza armada en particular. Los valores y virtudes militares se enseñarán y respetarán con base en la lealtad que el juramento de alistamiento simboliza.24

El concepto de servir a una autoridad constitucional controla todas las virtudes en las fuerzas armadas de una sociedad democrática. Es tan básico para la naturaleza de unas fuerzas armadas democráticas como lo es el uso de la fuerza para resolver disputas internacionales. Ninguna orden puede impartirse u obedecerse, ningún acto de sacrificio se puede llevar a cabo, ninguna acción militar heroica se puede lograr ni se puede demostrar una virtud salvo a través de una directriz para actuar constitucionalmente establecida.

Virtud militar democrática

El concepto del control de la violencia apoyada por el gobierno mediante las leyes de guerra, controla todas las virtudes en una fuerza castrense democrática. Es tan básico para unas fuerzas armadas democráticas como lo es la amenaza que justifica su existencia.25 Ninguna orden puede impartirse u obedecerse y ningún acto militar puede ocurrir, ni siquiera algo tan simple como levantar una colilla de cigarrillo del suelo, sin contar con la autorización legal adecuada. En vista de que todos los soldados derivan su existencia, sus antecedentes, su idioma, suposiciones, subsistencia, apoyo logístico y moral de la sociedad que los apoya, toda fuerza castrense tiene que reflejar su sociedad origen. Los soldados de una democracia tienen que comprender su relación con la sociedad origen. No pueden apartarse de su sociedad porque desde su nacimiento y crianza son tan sólo un reflejo de sus metas, virtudes, defectos, esperanzas, debilidades, resistencias, actitudes, creencias y acciones. Pero, un conflicto intrínseco surge de las metas de una democracia y de las demandas de una disciplina militar.

La tolerancia es la virtud cívica principal de los ciudadanos de una democracia. La diversidad constituye la esencia de la libertad política y, la diversidad de pensamiento, de acción, de apariencia y de creencia es imposible sin la tolerancia. La uniformidad, un anatema de la democracia, es indispensable para la organización, disciplina y eficacia de las fuerzas armadas. Casi por definición, el sistema de disciplina existe para limitar el campo del comportamiento tolerable a un mínimo irreducible. Por lo tanto, un conflicto interno entre los valores institucionales imprescindibles para las fuerzas armadas y los valores democráticos generalizados, está casi garantizado.26 Sin embargo, los soldados democráticos tienen que aprender, y por lo regular lo hacen, que ellos no pueden dar por sentado, ni tampoco imponer, uniformidades de ningún tipo a la sociedad que los creó, ni a su institución ni al sistema que los apoya. Ellos tienen que aprender a tolerar una diversidad fuera de las fuerzas armadas que nunca hubiesen tolerado dentro de la organización.

Incluso los soldados mejores adiestrados y capacitados de las democracias pueden desesperarse por los desafueros de la sociedad que los apoya. A causa de que las tradiciones cívicas que permanecieron inmemorables por mucho tiempo se desembrollaron en un abrir y cerrar de ojos, la década de los sesenta fue muy severa para las fuerzas castrenses de las sociedades occidentales. Pero el respeto profundo por las tradiciones constitucionales y el entendimiento de la democracia y la sociedad americana, le permitió a las fuerzas armadas estadounidenses el poder continuar luchando eficientemente a nivel táctico. Los soldados americanos accedieron luchar para defender los derechos de ciudadanos estadounidenses que quemaban las banderas por las cuales los soldados estaban dando sus vidas. Nadie puede confirmar o creer que esto fue algo fácil de hacer.27 Si bien el antagonismo mutuo era obvio, en ningún momento se consideró ningún tipo de acción militar organizada para restaurar la virtud a la sociedad desde el punto de vista militar. Dicha tradición de respeto por la autoridad legalmente constituida, fue establecida por George Washington, el primer soldado de América.

Luego de que Estados Unidos obtuviese su independencia de Gran Bretaña, el país era gobernado por los Artículos de la Confederación. Dicho documento le otorgó al gobierno central casi el mismo nivel de autoridad sobre las antiguas colonias que la Organización de Estados Americanos tiene sobre los gobiernos del hemisferio occidental. Washington escogió una oportunidad específica para demostrar qué exigen las democracias de sus soldados y héroes. Un grupo de ex oficiales estaba sumamente descontento acerca de los acuerdos políticos después de la guerra de la revolución. Estaban preocupados específicamente porque no recibirían un salario por los servicios prestados durante la insurrección. Al reunirse para planificar un golpe de estado, invitaron a George Washington a sabiendas que, sin él, ningún ataque al gobierno tendría éxito. Si bien con sólo ausentarse hubiese sido suficiente para dejarlo libre de culpa, Washington decidió responder personalmente la oferta de los conspiradores de un posible alto cargo en el gobierno después del golpe de estado. Firmemente, y sin titubeos, le dijo a los antiguos oficiales que nunca participaría en una maniobra en contra del gobierno por el que había luchado para establecer. Exigió que regresaran a sus hogares pacíficamente y esperaran una decisión legal en cuanto a su salario. Por lo tanto, convirtió a Estados Unidos en la primera nación-estado con una institución castrense controlada por la constitución. George Washington comprendió, tal como deben comprender todos los soldados, las diferencias claves entre los sistemas castrenses autoritarios y democráticos.

Virtudes y valores en los sistemas
militares autoritarios

Los sistemas militares autoritarios, en vista de que reaccionan a las mismas presiones de combate, tienen que venerar los mismos atributos positivos que apoyan los sistemas democráticos. Las mismas virtudes de autosacrificio que impulsaron el avance de los Aliados en las playas de Normandía, le permitió a las fuerzas armadas de Hitler invadir la mayor parte de Europa. Dichas virtudes se han elaborado en respuesta a las demandas inflexi-bles de la batalla y no como resultado de sistemas o teorías políticas.

Casi por definición, las fuerzas militares autoritarias no pueden ser leales a los principios democráticos. Por lo regular, los sistemas militares autoritarios exigen en su juramento al asumir un cargo, lealtad a una institución, un partido político o un individuo. El verdadero objetivo del Wehrmacht, en calidad de ejército profesional, ocurrió cuando Hitler exigió, y los oficiales del Wehrmacht juraron, lealtad en un plano personal. El Wehrmacht ya no era un siervo del estado o las leyes alemanas, sino de Hitler como una obligación personal, la cual, a diferencia de la obligación constitucional, no conoce barreras. Otras fuerzas armadas autoritarias y totalitarias obligan a sus soldados a jurar su lealtad a un segmento limitado de la sociedad origen. Por lo tanto, después de la caída de Somoza, el ejército en Nicaragua juró lealtad no al país, sino al Partido Sandinista. Bajo dichas circunstancias, el profesionalismo de la institución castrense debe sufrir. Dichos juramentos a la lealtad solemnizan un divorcio de la sociedad en general y un afianzamiento hacia un segmento autoelegido de la élite de la sociedad desde el momento del alistamiento. Estos juramentos son contradictorios a la virtud militar de autosacrificio, ya que el objetivo de la lealtad no es ni universal ni eterno, como se supone que sea una nación-estado. En la vida real tal juramento provee una protección para convertir a un ejército profesional en gángsters vestidos de caqui. De hecho, esto fue lo que sucedió en Nicaragua, y la lista de incidentes internacionales es más larga que este artículo. Las entidades internacionales cometen el error de lidiar con este tipo de muchedumbres militares como sin en realidad fuesen organizaciones castrenses, ya que mantienen las maneras, aura, armamento, uniformes, organización, apariencia y reputación de una fuerza profesional, sin las virtudes acompañantes.

Al igual que la verdad constituye la primera baja de la guerra, en una fuerza armada la virtud militar es la primera baja de una lealtad falsa. Un militar al servicio de un solo segmento de la sociedad origen es un militar de palabra solamente. El único propósito legítimo de una fuerza militar es el de servir a la nación-estado original como una entidad.28 Este principio por sí solo legaliza el ungimiento de un segmento de la sociedad que posee un monopolio sobre el uso de la fuerza. Una fuerza militar al servicio de una entidad que es menos que el pueblo en general no puede ser una fuerza verdaderamente militar. En repetidos ejemplos históricos, tales militares han optado por emplear su monopolio sobre el uso de la fuerza para engrandecer a sus líderes, sus patrocinadores y, peor aún, a las potencias extranjeras. Pero dicha reacción es intrínseca en la situación. Todo grupo que cuente con un monopolio de fuerza y no tenga límites en cuanto a temor, las leyes, costumbres o la virtud personal pronto empleará su monopolio de la fuerza para lograr metas internas. Más de un militar se ha convertido en el vendedor principal de una nación en busca de armamento, adiestramiento e ideologías extranjeras. Lo más trágico de todo es que, muy pocos de los integrantes de dichas fuerzas armadas se dan cuenta de que han perdido la única justificación de su monopolio de la fuerza. Ninguna institución castrense dedicada a lograr sus metas mediante la fuerza puede justificarse a sí misma (aunque muchas lo intentan). El uso de la fuerza es legítimo sólo en la persecución de las metas nacionales, después de que éstas se han decidido en un debate nacional.29 Y lo más trágico de todo, es que las fuerzas autoritarias tienden a conducirse bajo el error de que ellos son los defensores de la nación, los depósitos nacionales de virtudes cívicas y los servidores del pueblo que provee los recursos necesarios para hacer un ejército viable. Incluso, a medida que degradan el verdadero papel que desempeñan, dichos militares muestran su naturaleza intrínseca a través de sus programas de información pública. Con el advenimiento de las fuerzas militares ajenas al estado, las características más sobresalientes que marcan la diferencia entre las fuerzas armadas soberanas legalmente constituidas y aquellas autoelegidas se confunde a tal punto que pierden el significado.

Valores militares y los programas
militares de información

Todos los grupos elaboran los mensajes (y los meta-mensajes) que difunden con base en suposiciones internas, actitudes, creencias y orientación. A menudo las suposiciones internas son confusas para aquellos que las tienen. Todos los mensajes reflejan la verdadera naturaleza del que los envía, indistintamente de cuán hábil es el intento de disimularlos o de cuán poco percatado está el remitente de sus propias suposiciones básicas. Los militares democráticos que envían mensajes a su población y al extranjero, muestran su compromiso con la democracia a través del contenido del mensaje. En la preparación y coordinación completa del mensaje, la primacía de la autoridad civil, los principios de la tolerancia de diferentes creencias y comportamientos en la sociedad original y la soberanía del pueblo dominan la elaboración y el contenido del mensaje. Y, para las fuerzas armadas autoritarias, todo lo contrario es verdad. Su compromiso con el sistema autoritario, el autoengrandecimiento y el desprecio hacia el receptor del mensaje será revelado hasta al receptor más observador. Esta regla es válida indistintamente de la astucia de los emisores para elaborar mensajes. La técnica nunca puede dejar a un lado las fallas fundamentales. Los voceros sumamente hábiles, los comentaristas de radio y televisión, los reporteros de periódicos, los escritores de revistas, los polemistas de folletos y los dibujantes de propagandas no pueden escapar de la escasez de sus principios básicos. Los escritores y dibujantes de propaganda soviética, dentro de las limitaciones de su estilo, eran sumamente hábiles, sin embargo su propaganda no pudo redimir las fallas de su sistema. Los propagandistas san-dinistas eran aún más astutos, sin embargo fracasaron más rápidamente, quizás porque no pudieron limitar la información al pueblo nicaragüense.

Los regímenes autoritarios comprenden que tienen una necesidad mayor de granjearse la confianza del pueblo porque están fundamentalmente conscientes de que su relación es explotadora y en contra de los mejores intereses de la población. Además de brindar información ventajosa para ellos, por lo regular intentan limitar el acceso a posibles hechos contradictorios. Sin embargo, aparentemente no están de acuerdo en que es imposible engañar a todo el pueblo en todo momento. La orientación básica de unas fuerzas armadas que se sirve a sí misma, una élite o una ideología extranjera evitará el éxito a largo plazo de los programas de información pública.30 Sólo aquellos programas de información que emanan de la creencia y del deseo de apoyar las soluciones democráticas a los problemas internos pueden tener éxito. Un ejemplo militar específico demostró a casi el mundo entero las contradicciones intrínsecas que existen en los programas de información autoritarios.

Luego de la invasión de Kuwait, el Comandante Supremo de las fuerzas iraquíes, Saddam Hussein, se dio cuenta de que tenía que justificar su flagrante invasión a una hermana y soberana nación árabe. Su problema táctico inmediato fue que la invasión había dejado en sus manos un gran número de civiles occidentales que vivían en Kuwait. Un gran porcentaje de estos rehenes eran mujeres y niños. Hussein quería las ventajas militares que conlleva una situación de rehenes sin tener que experimentar la repulsión inevitable a nivel mundial. Utilizando sistemas tales como CNN en calidad de multiplicador de su iniciativa diplomática para convencer al mundo que era una figura paterna y benévola, Hussein decidió comparecer ante las cámaras de televisión. Quería aparentar que los rehenes estaban seguros y felices en el seno de su hospitalidad y dar a entender que su toma de rehenes y su invasión fueron eventos benévolos y legítimos. Su plan duró solo hasta el momento que se le aproximó a un valiente joven británico que se encontraba entre los rehenes seleccionados. El instinto del niño de apartarse de la aproximación del monstruo le abrió los ojos al mundo instantáneamente. La reacción natural del niño mostró la naturaleza básica de Hussein tal y como es — el mundo se dio cuenta que si un niño podía reconocer el mal, él también.31

Si bien rara vez el proceso es tan obvio o instantáneo, los programas de información autoritarios, a la larga, siempre tienen que ser contraproducentes. Las actitudes y la orientación de los difusores tienen que, a la larga, revelarse. A menudo, tales programas de información, cuando se emplean en respuesta a insurrecciones internas, exacerban el problema. Los programas de información interna cuyo meta-mensaje es la arrogancia y la desolidarización de las fuerzas armadas de la sociedad, agilizará la alienación interna de la población. De hecho, tales programas apresuran el entendimiento de los civiles de las motivaciones, metas y orientaciones fundamentales de los difusores. En lugar de fomentar el respeto hacia el gobierno, apoyar la estabilidad y crear un ambiente sólido para el crecimiento económico, tales programas por lo regular fracasan.

Al llegar a este punto, el lector astuto se preguntará acerca de la eficacia del máximo régimen totalitario y el supuesto dueño de la propaganda, el Tercer Reich. Este régimen basó toda su propaganda en una repetición, a sabiendas, de mentiras. Yo opino que, en calidad de propagandista, Hitler fue asombrosamente ineficaz en los mensajes dirigidos a los países extranjeros. Un minucioso análisis de los eventos reveló que su éxito fue, por lo general, limitado a las poblaciones de habla alemana con necesidades psicológicas internas de creer las tonterías que se les decían. En otras palabras, Hitler dependía de la credulidad de sus oyentes, no de su credibilidad. En contraste a la respuesta de los pueblos germánicos, aquellos que escuchaban a Lord Haw-Haw y otros que difundían su propaganda a audiencias externas, lograron un mínimo de credibilidad y de apoyo. El coste de dichos fracasos fue alto, ya que casi ninguno de los residentes de Briton proporcionó información militar con carácter de inteligencia útil. Aquellos que, como resultado de la propaganda, adoptaron la ideología de Hitler fueron muy pocos. Los pueblos cautivos en muchas de las naciones de Europa apoyaban las iniciativas de la resistencia interna. La propaganda alemana y japonesa no provocaba una resistencia nativa en las democracias,32 mientras que los movimientos de la resistencia en las democracias capturadas por Hitler a menudo eran de importancia militar.33 Por otra parte, la propaganda de los Aliados combinó magistralmente su consistencia interna y la concentración en la credibilidad a fin de crear la propaganda eficaz de las Voz de las Américas y la BBC. Ambas radiodifusoras eran importantes para fomentar los movimientos de la resistencia, mientras que la guerra psicológica de los Aliados disminuyó la eficacia del Eje. Hasta la fecha, tanto la BBC como la Voz de las Américas continúan sus misiones con éxito.

Si bien la opinión popular es que la propaganda Nazi fue eficaz, su éxito entre los pueblos intrínsecamente resistentes a sus mensajes, aparentemente fue mínimo. Los pueblos alemanes que poseían necesidades psicológicas internas de creer en el mensaje Nazi habían fortalecido sus sistemas de creencias, pero muy pocos se convirtieron. En vista de que dicha propaganda se llevó a cabo tan bien dentro de su contexto y sus metas, se ha elaborado una opinión popular de que dicha iniciativa tuvo éxito. Dicha opinión popular afecta las leyes democráticas para los programas de información pública civiles y militares. Por ejemplo, la ley que otorgó el permiso para establecer la Agencia de Información de EE.UU., aprobada poco después de la segunda guerra mundial, fue concebida clara y conscientemente para limitar las operaciones de dicha agencia a un campo que se encuentra entre las relaciones públicas y la diplomacia pública. Dicha orientación, combinada con el entendimiento de la Agencia de que la credibilidad estadounidense depende de la veracidad de su vocero principal en el extranjero, ha mantenido la eficacia de dicha organización por mucho tiempo.

En contraste, un análisis superficial de los programas de información autoritarios y totalitarios, tanto militares como civiles, da a entender que dichos programas son ineficaces, especialmente a largo plazo. Asimismo, los programas militares de información emprendidos por fuerzas armadas democráticas (incluso si el gobierno anfitrión no es una “perfecta democracia”, sea lo que sea) a menudo son eficaces.34

¿Cómo deben reaccionar las fuerzas armadas autoritarias al enfrentar insurrecciones? ¿Cómo pueden los instrumentos militares autoritarios emplear el multiplicador de combate esencial de los programas militares de información cuando aparentemente dicha arma militar solo es útil en contra de las fuerzas autoritarias?

Cueste lo que cueste repetir lo obvio, puedo concluir de mi experiencia con los militares estadounidenses y extranjeros, las insurrecciones y las situaciones estables de desacuerdo, que para los militares autoritarios hay sólo una solución. Los militares autoritarios deben autoreformarse a fin de contribuir a la conservación de su nación-estado. El aparentar que existe una democracia no va a funcionar. Si un segmento serio e importante de la población hace un llamado a una revolución a causa de quejas fundamentales legítimas, entonces las fuerzas armadas del país tienen que encabezar dicha revolución, no oponerse a ella.

¿Cómo se convierte a una fuerza militar autoritaria en un ejército democrático mientras se encuentra bajo una presión militar? Conforme a la cultura de la nación. Las autoreformas militares han sido importantes para las iniciativas de contrainsurrección exitosas.35 A menudo, la autoreforma surge de un choque repentino e identificable, por ejemplo un golpe de estado frustrado. Por lo regular, el choque sirve para reconocer que se ha llegado a un punto del cual no se puede retroceder. Estados Unidos, a pesar de que Washington corto de raíz el autoritarismo, la tenía fácil en este aspecto. El intento más reciente de golpe de estado en Tailandia es un ejemplo más moderno. A causa de la influencia occidental positiva que comenzó en el siglo XIX, y la cual se aceleró durante la guerra de Vietnam y sus repercusiones, los militares tailandeses habían estado elaborando por mucho tiempo, un cuadro de oficiales y suboficiales con tendencias democráticas. Muchos habían llegado al rango de generales, pero aún no estaban a cargo. Al mismo tiempo, el progreso económico había comenzado a esparcirse más allá de la clase alta tradicional. La clase media en vías de desarrollo se percató de que la “vieja guardia” de oficiales estaba socavando un progreso económico más rápido y compartido ampliamente. El fracasado golpe de estado reveló la transformación social que se estaba llevando a cabo, tanto dentro de las fuerzas armadas como del reino en general. La intervención del rey, como monarca constitucional, logró conseguir que el pueblo aprobara una nueva relación entre los militares y la población. Como cuestión técnica, después del golpe de estado se le dio de baja a gran parte de la vieja guardia, la cual fue reemplazada con oficiales más jóvenes con tendencias democráticas. El contacto con las fuerzas militares occidentales le había enseñado a los militares tailandeses toda información de destreza, la metodología y los medios. La información que ellos difundieron a su favor cristalizó la resistencia en lugar de fomentar el apoyo. En un final, armados en su mayoría de una credibilidad elaborada durante el tiempo de servicio a su nación, un monarca que no contaba con batallones a su mando era capaz de abortar un golpe de estado antidemocrático. Además de su ineficacia acostumbrada, la información autoritaria no se podía emplear eficazmente en contra de un movimiento democrático porque información contrarrestante estaba disponible en una sociedad tailandesa relativamente abierta.

El ejemplo de El Salvador es aún más ilustrativo. La insurrección comunista fracasó en parte porque el apoyo externo se agotó por razones externas. Por otra parte, bajo la presión continua de los Estados Unidos a través de su pequeño grupo de asesoría militar, las fuerzas militares de El Salvador gradualmente se convirtieron más democráticas en su orientación. El final político de la insurrección coincidió con la democratización paulatina de las fuerzas armadas.

Salvo unas cuantas situaciones especiales, tales como Corea del Norte, ahora más que nunca, los pueblos tienen acceso a información.36 Incluso los gobiernos totalitarios se están dando cuenta de que no pueden apartar eficazmente la población de la información mundial. En comparación con China, la cual ha luchado lo más eficazmente posible en contra de la información internacional que necesita para que el desarrollo económico apoye al régimen, el ejemplo soviético es mucho más claro. La antigua Unión Soviética se gastó una fortuna tratando de limitar la información a la que su población podía tener acceso, pero fue derrotada por la propagación generalizada de la tecnología moderna. La suerte inevitable de la Unión Soviética fue demostrada ampliamente por la incidencia que la información tuvo en los gobiernos comunistas que había instalado en sus fronteras. El difunto John Hasek, un veterano de la Velvet Revolution (revolución que empleó el armamento de información en lugar del armamento clásico) en Checoslovaquia, me informó que el arma más eficaz durante la guerra de la información en contra del régimen comunista fue la máquina de fax. Este caballo de Troya, traído a causa de su utilidad económica, incrementó la importancia de la BBC y la Voz de las Américas. En calidad de medio de comunicación específico para difundir información creíble entre los disidentes en el país, nada es mejor que el fax. Incluso las circunstancias más aisladas puede que no sean suficientes para proteger los regímenes autoritarios de las consecuencias naturales de la información. Claramente, Fidel Castro está cerca del derrumbe económico a medida que niega el acceso a la información para evitar el día de su juicio final.

La tecnología moderna ha logrado que a un gobierno le resulte muy difícil mantener su pueblo alejado de la información del exterior y compararlo con alegaciones del mismo gobierno de tomar sus propias decisiones, desarrollar sus deseos y tomar las acciones necesarias para apoyar sus decisiones. Al igual que el mundo, después de haber presenciado los trucos de Saddam Hussein, que era malo y había que detenerlo, los pueblos podrán comparar las acciones y actitudes militares y los mensajes de sus programas internos de información. Tan pronto vea una separación entre las observaciones y las palabras, el régimen autoritario tendrá un problema de información el cual empeorará a causa de las iniciativas de información adicionales del gobierno.

Hay una solución. Aquellos militares que planifican emplear la información en los programas internos de información sólo tendrán éxito hasta tanto sus programas reflejen una incorporación de los valores democráticos.

¿Cómo resuelve sus problemas una institución castrense autoritaria? Ninguna institución desea convertirse en inútil y desintegrarse. Para algunos militares autoritarios, tales como en Haití, el problema radica literalmente en la supervivencia después de la revolución. En vista de que la tendencia del mundo de hoy en día es incrementar la democracia, los militares tienen ahora más opciones que las que tenían disponibles anteriormente. El éxito económico de cada nueva democracia se convierte en ejemplo para el siguiente poder autoritario vulnerable. Muchos gobiernos, en respuesta a la tendencia mundial y a la presión del occidente, han comenzado reformas legítimas. Si los líderes militares apoyan de una manera legítima los principios democráticos, no tendrán problemas. Todo lo que necesitan hacer es aprender las técnicas para difundir la información. Los militares autoritarios que enfoquen sus problemas desde ese punto de vista no tendrán dificultad en contar con el apoyo de las democracias occidentales. Pero la mejor y más legítima conversión a una democracia surge de los principios básicos de la sociedad. Casi todas las naciones estados en la actualidad fueron creadas por el deseo de independencia y de soberanía. Con el transcurso de los años, los sueños y metas de muchos países han sido desviadas y retorcidas, pero una base histórica fundamental de algún tipo de democracia existe en casi cada país. Dichas tradiciones deben perseguirse y reforzarse. La institución castrense es un medio ambiente ideal para inculcar los valores porque la capacitación después del alistamiento da lugar a un control total de los nuevos reclutas. Dicha capacitación después del alistamiento, acompañada del estrés y la alteración de la personalidad del individuo, permite inspirar cambios de actitud fundamentales y permanentes. Por algo el lema del Cuerpo de Infantería de Marina de los EE.UU. reza: “Una vez Infante de Marina, siempre un Infante de Marina”.

Resumen

Hemos analizado la esencia de las fuerzas armadas y cómo éstas pueden elaborar e imponer actitudes desde el momento que un individuo entra a formar parte del servicio militar. El problema radica en la naturaleza de las actitudes que se deben fomentar. A través de los tres tipos de programas militares de información, relaciones públicas, diplomacia pública y operaciones psicológicas, se puede difundir información de carácter gubernamental. La naturaleza de las fuerzas armadas que proveen la información, establecerá el éxito del programa a largo plazo.

Los programas militares de información interna sólo son eficaces hasta donde comprendan los principios de credibilidad y los empleen. Los programas militares democráticos de información pueden contribuir al éxito militar durante contingencias, contrainsurrecciones y la guerra en general. Los programas militares de información pública que emanan de fuerzas autoritarias que se sirven a sí mismas, no pueden tener éxito porque no pueden basarse en verdades fundamentales e inalienables. A las fuerzas militares democráticas les resulta más fácil decir la verdad porque sus programas reflejan la política que nace de los procesos constitucionales. Los programas de información veraces son fáciles de mantener cuando todas las verdades que deben decirse son positivas, o la razón de ser de los sistemas constitucionales es para corregir el mal. Mientras más se acerque una fuerza armada a dicha Utopía, se encontrará en mejor posición para dar respuesta a los intereses verdaderos del pueblo que apoya dicha fuerza.

NOTAS:

1. Los militares totalitarios que reflejan con exactitud las culturas totalitarias son asombrosamente felices, siendo las fuerzas armadas de Corea del Norte el ejemplo más destacado.

2. El ataque asimétrico constituye el empleo de formas de fuerza completamente diferentes a fin de derrocar las fuerzas militares convencionales. Los terroristas evitan la potencia de fuego superior gubernamental deshaciéndose de todo posible centro de gravedad vulnerable, atacando en situaciones en las cuales la potencia de fuego convencional empeoraría la situación y empleando la clandestinidad tal como lo hizo McVeigh. Libres de inhibiciones morales o de conciencia, dichos agresores conservan la iniciativa y pueden atacar en cualquier punto vulnerable empleando cualquier medio. Los ataques oscilan desde carros bombas y piratería de informática hasta la manipulación de la economía. A menudo el defensor no tiene ni idea que se está llevando a cabo un ataque de gran envergadura.

3. El hardware, software y los protocolos de la Internet surgieron de DARPANet, un proyecto auspiciado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Una vez se les enseñó en qué consistía, los empresarios convirtieron el sistema en lo que es en la actualidad.

4. Existen, de hecho, una gran cantidad de organizaciones políticas y culturales que van desde la democracia pura hasta el totalitarismo puro. En este artículo se da por sentado que los gobiernos y culturas más actuales encajan en algún lugar entre los extremos del espectro puro. En cualquiera de los casos, en vista de que se marcan con un lápiz y se cortan con un hacha, las medidas de micrómetro no son adecuadas.

5. Un aspecto importante de la propaganda de insurrección comunista fue su similitud en lenguaje y cultura. Dicha propaganda, traducida independientemente al inglés por los nativos, siempre utilizaba las mismas frases capciosas indistintamente del lenguaje original, el país donde ocurriese la rebelión y la capacitación del traductor. En vista de que los propagandistas habían sido capacitados y adiestrados por los mismos instructores marxistas, inevitablemente duplicaron el estilo de sus maestros. La relación estilística y lingüística era tan estrecha que un observador podía concluir razonablemente que la propaganda era producida en un mismo lugar. Yo opino que los propagandistas locales estaban tan bien adoctrinados que no necesitaban una dirección central, salvo en puntos de vistas específicos y las pautas a seguir. Los artículos específicos, los rumores y las transmisiones de la “radio liberación” saldrían todos iguales sin ningún esfuerzo adicional por parte de Moscú.

6. En vista de que los gobiernos totalitarios no aceptan la obligación de informarle a la población acerca de sus acciones, no pueden tener programas de relaciones públicas. Lo que sí tienen son programas que se hacen pasar por programas de relaciones públicas para robar la credibilidad asociada con los programas de relaciones públicas democráticos. Las poblaciones internas de estas naciones estados desafortunados rara vez se dejan engañar, a pesar de que los reporteros occidentales a menudo se dejan engañar.

7. Por ende, los programas de información pública de los gobiernos totalitarios fracasan otra prueba de definición. En los estados totalitarios, el gobierno controla los medios de comunicación.

8. Los programas militares de diplomacia pública casi no existen en Estados Unidos. Bajo la administración de Reagan, los programas civiles de diplomacia pública lograron un nivel de integración y eficacia que no se ha vuelto a lograr. Varios gobiernos extranjeros, adoptando las sugerencias del Gran Comunicador, adaptaron las técnicas de diplomacia pública a los requisitos militares con un grado razonable de éxito. Los programas militares de diplomacia pública no son en sí incompatibles con las fuerzas militares y los valores democráticos. Sin embargo, está de más decir, que dichos programas tendrían que ser controlados por las autoridades civiles.

9. Un programa ideal de diplomacia pública garantizaría que los diplomáticos públicos participarían en la elaboración de la política. Sus conocimientos garantizarían que sólo se adoptarían aquellas directrices las cuales el público apoye con sensatez. La fe en la democracia significa que las directrices que reciben poco apoyo popular, a pesar de que el público conoce su razón de ser, quizás son directrices ineficaces.

10. De hecho, las oficinas de relaciones públicas, elaboran sus propios medios de comunicación, tales como folletos, periódicos, etc., pero el volumen de producción para la diplomacia pública, el énfasis y la importancia es de más magnitud.

11. Por ejemplo, la Voz de las Américas transmite diplomacia pública mientras que la Agencia de Información de Estados Unidos transmite una serie de programas para educar a las poblaciones y fomentar el apoyo a la política estadounidense.

12. Las operaciones psicológicas, consideradas anteriormente un sustantivo plural, quizás a causa de la supremacía británica en el campo, es ahora considerada un sustantivo singular, en gran parte para reconciliar el uso del término completo con la sigla PSYOP, que siempre ha sido considerada, para fines gramaticales, un sustantivo singular.

13. PSYOP obedece la primera regla de información pública, v.gr., que la verdad es la base de la credibilidad. Sin embargo, PSYOP, según los británicos, a menudo debe ser económica en la distribución de la verdad. El ejemplo que por lo regular uso es una historia del progreso de la democracia en Estados Unidos, que no necesariamente profundiza en el destino y en el papel que desempeñan los americanos nativos durante la mayor parte de dicho progreso, pero que tampoco niega que han ocurrido problemas.

14. Y quizás otros. A medida que los países europeos eliminan los programas de conscripción, es probable que experimenten la misma disparidad cultural entre los civiles y militares que ya existe en Gran Bretaña, Canadá y Estados Unidos.

15. Aunque parezca extraño, el Presidente Reagan estaba correcto cuando destacó que las democracias nunca se atacan entre sí. Los comentaristas, quienes usaron de ejemplo la Guerra de 1812 para contradecir a Reagan, debieron haberse percatado que la Gran Bretaña de 1812 estaba lejos de ser la democracia en la que se convirtió bajo la Reina Victoria.

16. El autor participó personalmente en conferencias de política iniciadas a fin de responder a informes de CNN durante la invasión de Panamá y la operación Escudo en el Desierto (Desert Shield).

17. Por ejemplo, los ejemplos del concepto oximoronico de “fuerzas militares anárquicas” se están difundiendo a nivel mundial. Los lugares habitados por dichas fuerzas pronto se convierten en focos de disturbios a los cuales se envían fuerzas militares estadounidenses y otras fuerzas militares democráticas. La experiencia desastrosa de EE.UU. en Somalia fue el advenimiento de este fenómeno. Existen escalonamientos entre las fuerzas totalmente democráticas y las autoritarias, que oscilan desde fuerzas benignamente ineficaces de países democráticos que no enfrentan una amenaza hasta fuerzas peligrosamente agresivas de los estados militares totalitarios, tales como Corea del Norte.

18. Esto es sólo especulación. Yo sospecho que los suboficiales en particular, después de haber escapado del extremo más bajo en la escala socioeconómica, no quieren saber nada de su vida anterior. He notado esto en las culturas fijas en las cuales las clases socioeconómicas temen y detestan a todos los grupos que estén una milésima por debajo de la escala económica o social.

19. Este análisis se refiere implícitamente a las fuerzas castrenses relativamente eficaces. Las fuerzas armadas ineficaces pueden surgir de números insuficientes, adiestramiento inadecuado, falta de armamento, malas políticas, malas estrategias y tácticas ineficaces. Sin embargo, ninguna fuerza militar puede ser eficaz aún contando con numerosos efectivos, buen adiestramiento, armamento moderno, metas nacionales racionales, estrategia coherente y tácticas útiles si sus soldados no incorpora un conjunto estándar de valores, virtudes y actitudes. Para aquellos que no tienen el tiempo para estudiar todos los sociólogos militares clásicos, tales como Sarkesian, Huntington, Moskos o a los grandes historiadores militares, tales como Keegan, O’Neill y Guilmarting, una de las discusiones más sucintas de las virtudes clásicas militares se puede encontrar en la película Starship Trooper de Robert Heinlein. Sin embargo, ¡no intente aprender las virtudes militares de una película! La tesis de Heinlein en este clásico de ciencia-ficción es que la virtud militar humana se ha desarrollado a lo largo de miles de años de experimentos (los experimentos exitosos se conocen como victorias, los fallidos, derrotas), y que la guerra intergaláctica y los conceptos tecnológicos de Star Wars (Lucas no Reagan) no eliminarán la necesidad de estos valores, virtudes y actitudes clásicas. Starship Tropper se ha imprimido repetidamente en rústico desde su publicación original hace más de 40 años, una insinuación de que Estados Unidos no se irá por la deriva, como fue escrito para los jóvenes. El autor lamenta que la versión de la película no captó la esencia del libro.

20. La diferencia principal de las actitudes inculcadas en los oficiales y los suboficiales radica en la intensidad con que se elaboran las nuevas actitudes. Si bien los soldados rasos solamente reciben cuatro semanas de indoctrinación, los egresados de academias militares pasan años en el mismo proceso, imitando de una manera más o menos cómoda, un plan de estudio académico. Los oficiales candidatos a otros programas de nombramiento son seleccionados, al menos en parte, por tener una ventaja hacia dichas virtudes. En vista de que el poseer una licenciatura indica que la persona posee un cierto nivel de valores internos, otros tipos de programas para oficiales están sólo disponibles a personas egresadas de la universidad. La naturaleza del grado académico no es importante.

21. Estas fueron delineadas en The Soldier and the State (El soldado y el estado) de Samuel Huntington.

22. El término exige una clarificación, en vista de que el significado de “liberal” se ha distorsionado demasiado en el lenguaje americano. Las virtudes liberales que se tratan en este ensayo son las que poseían los fundadores de Estados Unidos, pero en particular de Washington, Jefferson y el casi olvidado fundador de la Declaración de los Derechos, George Mason.

23. Otras democracias logran el equivalente. El soldado británico que le jura lealtad a la Corona sabe muy bien que el objetivo de la lealtad no es una persona, sino a la constitución británica no escrita. Una prueba rápida del nivel de compromiso democrático de un gobierno constituye el examinar el juramento de un soldado.

24. Las monarquías constitucionales por lo regular exigen un juramento al soberano vivo. Dichos juramentos son una versión de dos etapas del juramento estadounidense, ya que el poder del soberano legal casi ha sido transferido en su totalidad al gobierno electo. Hay un cierto lazo emocional que es el resultado de jurar fidelidad a un ser humano que puede que sea uno de los secretos del éxito de las fuerzas armadas británicas. Lamentablemente, los Nazi también obtuvieron del mismo tipo de juramento, poderío militar y lealtad considerables. Por lo tanto, el autor evita llegar a conclusiones generalizadas en este aspecto.

25. Hay democracias que no cuentan con fuerzas armadas, y hay otras que resuelven el problema del control de los civiles alistando a casi todos. Costa Rica le debe su constitución democrática a la ausencia total de las fuerzas armadas totalitarias. Este país puede existir sin una fuerza armada porque en la actualidad no existen verdaderas amenazas a la soberanía costarricense. No obstante, se debe reconocer que no existen verdaderas amenazas siempre y cuando Estados Unidos observe la Doctrina Monroe y mantenga su política de apoyar a las demás democracias. Suiza, un país que se puede comparar con Costa Rica, escogió la solución opuesta, ya que casi todo los hombres del país pertenecen al servicio militar. Ambas democracias obtienen igual seguridad de sistemas de defensa opuestos. Significativamente, Suiza se está moviendo lentamente hacia una relación militar más amplia con las democracias vecinas.

26. Este conflicto intrínseco provee una explicación de cómo reaccionan los militares ante los cambios a la política estadounidense con respecto a los homosexuales en el servicio militar, particularmente en virtud de la falta de experiencia militar entre la mayoría de los defensores del comportamiento homosexual en las fuerzas armadas.

27. En algunas democracias, como en Francia, les resulta más difícil mantener el proceso constitucional bajo amenazas similares. Por lo tanto, Charles de Gaulle, el máximo soldado francés, demostró cómo había incorporado las virtudes cívicas y militares para salvar la democracia francesa durante la crisis de Algeria.

28. Al igual que el Ejército Continental Americano, un militar cumple con la condición si ésta representa la voluntad arrolladora del pueblo, incluso si aún no se considera legítimo por el control de un territorio soberano. Lamentablemente, la lista de insurrecciones en el paradigma americano es, desgraciadamente, muy pequeña.

29. Un sistema prudente hace posible que los militares reaccionen rápidamente ante emergencias dentro de parámetros que garanticen que sólo las verdaderas emergencias provocarán una reacción sin un debate político. Además, la respuesta a la emergencia tiene que limitarse según su preparación, dejando la autorización para emplear una fuerza letal a los funcionarios elegidos constitucionalmente.

30. Más adelante, se hablará del tema de la propaganda totalitaria la cual tuvo éxito en sus inicios.

31. La revelación de que una propaganda por sorpresa equivalente llevada a cabo por los pilotos aliados capturados, fue realzada por heridas voluntarias, fortalece este punto en lugar de debilitarlo. Los soldados democráticos dieron muestras de su compromiso y sacrificio al autodestruirse antes de comparecer en público a fin de hacer fracasar la propaganda del enemigo. Cuando el mundo se dio cuenta cómo ellos pudieron rechazar el papel estelar de usar prisioneros de guerra ilegalmente, los autores fueron admirados por su valentía, imaginación y eficiencia en lugar de ser castigados por doblez. El mundo en general está de acuerdo con el propósito del sentido común de que uno no le debe la verdad al diablo.

32. No obstante, la población estadounidense-japonesa detenida, con sus quejas justificadas, permaneció leal a su país de adopción. La evidencia de la propaganda japonesa eficaz entre este grupo teóricamente vulnerable casi no existe.

33. La destrucción de las instalaciones de producción por parte de los miembros de la resistencia noruega garantizó que los descubrimientos científicos alemanes no recibirían apoyo operacional. Estos combatientes subsistieron por meses dentro de sus países sin ser traicionados por los colaboradores que estaban expuestos a la influencia de la propaganda. Las iniciativas de la resistencia en otros países paralizaron a las tropas Nazi que se necesitaban en los frentes de batalla y distrajeron a los comandantes de los objetivos principales.

34. Los expertos que colaboraron en los programas de contrainsurrección estadounidenses han informado que los requisitos para los programas de información creíbles a menudo resultaban en pequeñas reformas entre los gobiernos autoritarios que ponían resistencia a las insurrecciones inspiradas por los comunistas.

35. La contrainsurrección colonial, como la de Malaya, fue llevada a cabo por las fuerzas militares de una democracia, a pesar que la entidad política local era una colonia. Los gobiernos autoritarios pueden reprimir las rebeliones empleando sólo la fuerza, a menudo bastante brutal. Las insurrecciones y las rebeliones no son sinónimas.

36. Una censura total de la información puede ser un prerequisito para la propaganda con base en la credulidad, en vez de la credibilidad. Desgraciadamente para los totalitarios, la tecnología cada vez dificulta más el aislamiento de los pueblos. La información económica y la tecnología de la democracia occidental tienen que estar disponibles para aquellos que toman decisiones con respecto a la economía, para los gerentes e incluso para los trabajadores que compiten por las ventas. China es un buen ejemplo.


No debe entenderse que nuestra revista representa la política de la Secretaría de Defensa, la Fuerza Aérea de los EE.U.U. o la Universidad del Aire. Más bien su contenido refleja la opionión de los autores sin tener carácter oficial. Está autorizado a reproducir los artículos en esta edición sin permiso. Por favor, si los reproduce, mencione la fuente, Airpower Journal, y el nombre de los autores.


[ Home Page de Air & Space Power Journal International Español  
| Email su Opinión a:mailto:aspjspanish@maxwell.af.mil]